JORGE SCHMIDKE LÓPEZ El último parnasiano.

JORGE SCHMIDKE LÓPEZ El último parnasiano.

María Cristina Solaeche Galera.

 

¿Es que acaso no os gusta mecer vuestras veladas
con relatos de aquellas maravillas de antaño?
Théophile Gautier.

¿Ver, entender, oler?  Viento, humo y polvo.
¿Gustar? La copa de oro contiene solo la hiel.
Leconte de Lisle.

Jorge Schmidke. Nace el 2 de marzo de 1890, en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. Muere el 3 de julio de 1981 en Caracas, Venezuela.

Ensayista, poeta, periodista y orador.

-1906. Con apenas dieciséis años, funda, al lado de Ismael Urdaneta, Pedro Barrios Bosch, Eliseo López y otros jóvenes que conforman la segunda generación modernista en el Zulia, la revista publicación literaria Nuevos Ideales, que desaparece con la dictadura de Juan Vicente Gómez.

-1908-1909. Schmidke escribe en la revista de arte Proshelios, dirigida por J.A.Butrón Olivares; en ella, el poeta pertenece a la Junta Redactora.

Utiliza los seudónimos Tito Alba, Regino Dux y Delfín Cortés en algunos de sus escritos.

-1909. Oros del Alma. Poemario. Imprenta Americana. Maracaibo.

-1910. Primer premio en el certamen poético del Concejo Municipal de Maracaibo, con motivo del natalicio de Rafael María Baralt.

-1910. Realiza colaboraciones en El Cojo Ilustrado.

-1911. Funda y dirige la revista de artes, letras y política hispanoamericana Relieves.

-1911. Director del periódico El Comercio.

-1917. Musa Heráldica. Poemario. Tip. Panorama. Maracaibo.

-1918. Tisú. Poemario. Empresa Panorama. Maracaibo.

-1920. Se residencia definitivamente en Caracas.

-1920. Viaja a La Habana como representante de la prensa zuliana. En la capital cubana escribe en El Fígaro.

-1920. Por tierras de Bolívar. Dos poemas que dedica al poeta mexicano José Juan Tablada.

-1921. Patria. Poemario. Empresa Panorama Villasmil & Co. Maracaibo.

-1924. Alma Antigua. Poemario. Tip. El Sol. Maracaibo.

Los cuatro primeros poemarios escritos entre 1910 y 1921, corresponden a la primera etapa de la creación poética de Schmidke. Ninguno de ellos al parnasianismo.

-1949. A partir de este año, el poeta da un giro radical hacia su segunda etapa, la del parnasianismo, con su sobriedad, contención y elegancia.

-1949. Urna votiva.  Caracas.

Este poemario, es un tributo a la memoria del ilustre polígrafo hispano-americano Don Rufino Blanco Fombona, en el V aniversario de su fallecimiento.

-1949. Castalia criolla (motivos zulianos). Poemario. Ávila Gráfica. Caracas.

En este poemario, Schmidke recrea los paisajes del estado Zulia.

Con prólogo de Jesús Semprún, donde se subraya por vez primera, la afiliación de la poesía de Jorge Schmidke con el Parnasianismo.

Si fuéramos a buscarle sus raíces, las encontraríamos acaso entre los parnasianos. Los ideales de los parnasianos son los de Schmidke, aunque los parnasianos nos aparezcan hoy en día remotísimos retóricos y que nunca realizaron del todo sus propias pragmáticas poéticas.

Jesús Semprún.

 Este poemario apunta al nativismo parnasiano de Gonzalo Picón Febres.

 -1952. Es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, con el sillón S. En su discurso de incorporación titulado El parnasianismo como ideal helénico. Su influencia en la poesía venezolana.

Afirma:

La nueva generación poética, convencida de que el devaneo, y de que la negligencia de las formas son síntomas característicos de la infancia del arte, la nueva generación poética se distingue mayormente por el cultivo severo de esta desdeñada forma y por la precisión matemática de las ideas.

Os traigo como alforja de peregrino, o como báculo de caminante, o simplemente como un espejismo de soñador iluso, el legado de una Escuela Poética que precisamente apoyó sus principios y cánones en el triunfo del arte por medio de la castidad del lenguaje, de la línea impecable, de la serenidad automática, de la forma imperecedera (…) Las coordenadas que trazó en el tiempo serán por muchos siglos consideradas como puntos de vista ‘claves’ para la contemplación de la Belleza.

El parnasianismo El Arte por el Arte. (del griego parnaso: cima del monte Parnaso donde moraban las musas inspiradoras de las artes). Es un movimiento, literario que surge en Francia alrededor de 1850 con sus fundadores Théophile Gautier y Leconte de Lis, y se constituye entre 1866 y 1876. Nace como una reacción opuesta al romanticismo de Víctor Hugo, al subjetivismo y al realismo. Influirá posteriormente en los movimientos del Simbolismo y del Modernismo.

Con una poesía impersonal, objetiva, imparcial, desprecio por el lirismo, alejada del sentimentalismo, descriptiva uniendo continente y contenido, con una métrica rigurosa, preocupación intensa por la belleza estética del poema, anticlerical de profundo rechazo a toda idea cristiana, sin compromisos sociales, políticos, educativos o de utilidad; con un fuerte rechazo a la realidad contemporánea del momento, con una filosofía que refleja la caída de viejos ideales y culturas, y una llamada a la muerte liberadora, y con temas exóticos, mitos, tramas históricas y ambientes refinados. La palabra en el poema, es pomposa, el lector se aleja del contenido y se embriaga en la musicalidad de la forma.  Su ascendencia nórdica se nota en Schmidke, cincelador de esmerados sonetos.

Su instrumento es el soneto: composición poética de 14 versos en arte mayor, endecasílabos en su forma clásica, de rima consonante, y agrupados en 4 estrofas de dos cuartetos y dos tercetos. Posee una introducción, el primer cuarteto en el que se presenta el tema; un segundo cuarteto, donde se amplia el argumento del tema; el tercero, es un terceto en el que se reflexiona sobre el tema, y por último, otro terceto que concluye con una reflexión o un sentimiento profundo.

El arte de versificar con propiedad, delicadeza y corrección (…) su ahínco lo pone en deslumbrar, en causar admiración con la belleza del verso y de la rima, la armonía del ritmo, viveza de la imagen y el brillo del colorido. 

Julio Calcaño.

En Venezuela, el Parnasianismo surge entre el Romanticismo en decadencia y el adelanto del Modernismo; en una apuesta al orden, la convicción y la excelencia en la obra poética. Una época, en que Venezuela recorría una etapa de apetencias burguesas y confrontaciones políticas, los parnasianos asumieron con firmeza un modelo de voz de un tiempo y un espacio completamente ajenos a la realidad circundante.

Jacinto Gutiérrez Coll, es el primero en difundir el parnasianismo a través de los parnasianistas franceses, a pesar, de que su poesía está enmarcada dentro de los márgenes del romanticismo y del realismo, influenciada por Víctor Hugo, Lamartine y Campoamor. Un esbozo del parnasianismo de Coll, apenas lo encontramos en un soneto laudatorio de Jorge Schmidke, dedicado al parnasiano José María de Heredia.

Los parnasianos se entusiasmaron y ávidamente leyeron las obras del parnasianismo francés a través de las de sus fundadores Gautier y Leconte, las de Théodore de Banville, Francis Copée, Silly Prudhomme y de José María de Heredia.

Se destacan entre los parnasianos venezolanos: Jacinto Gutiérrez Coll, Miguel Sánchez Pesquera, Juan Manuel Fombona Palacio, Manuel Pimentel Coronel, Gabriel Muñoz y los llamados parnasianos tardíos Andrés Mata y Jorge Schmidke López, conocido como el último parnasiano.

La crítica autorizada me denominó “El último parnasiano”, clasificación que considero de atinada justicia porque, en primer término, parece no quedar ya ningún otro vástago de esta escuela poética en Venezuela, tal vez debido a las férreas disciplinas que ella impone. 

Jorge Schmidke.

 Si hay un  poeta que merece un puesto destacado en un trabajo sobre la poesía parnasiana escrita en el mundo hispánico, ese responde sin duda al nombre de Jorge Schmidke (1890-1985), quizás el único autor en lengua española que adoptó para sí, con orgullo, el calificativo de “parnasiano”.

Miguel Ángel Feria Vásquez.

-1955. Breve antología del árbol. Poemario comp. Ministerio de Agricultura y Cría. Caracas.

-1957. Las flechas de oro. Poemario. Imp. Del Ministerio de Educación. Caracas.

Este poemario en particular es el que nos ocupa parte de este ensayo. Es una obra, considerada por el propio poeta Schmidke como su libro capital.

Su título nos remite a Les Flèches d’Or (1864) de Albert Glatigny, más, guardando mayor similitud con la obra Les Trophées, de José María de Heredia dedicado a Leconte de Lisle; en una recopilación que hace Heredia en 1893, de todos sus sonetos.

Con prólogo de Ramón Hurtado, quien ensalza al poeta y lo celebra por su ideal parnasiano:

De la vieja escuela de los Gutiérrez Coll y los Gabriel Muñoz. Su verso es claro, terso, prodigiosamente musical. Artificios de la forma, porque S. lleva en el hombre la mancha de marfil como Agamenón.

Enfermo de fiebre sagrada de la Forma, como un pájaro extranjero nostálgico de mármoles lejanos.

Ramón Hurtado.

Inserta en su primera parte, tres sonetos de los poetas Santos Chocano, Leopoldo Díaz y Udón Pérez.

El soneto, es el poema que inicia el conjunto. Es toda una teoría poetizada sobre la forma fija del parnasianismo.

Otra es labrada torre de diminuta esfera
Donde catorce esquilas dan su trinar sonoro;
Ya es barca azul que empuja catorce remos de oro
A cuyo bordo cruza Cleopatra la Hechicera.

Catorce paladines de heráldica cimera
Custodian la belleza con inédito decoro.
A veces encabrita bajo el celeste coro
Catorce alados potros que aguija la Quimera.

Es la capilla gótica do el férvido Petrarca
Muestra a los siglos como tras el cristal de un arca
De la inefable Laura la gracia peregrina.

En Lope es flor de gloria del huerto castellano;
Y de sus cuatro estrofas, cual justador romano,
Triunfante rige Heredia la cuádriga latina.

La segunda sección, titulada Bajo relieves, inicia con un díptico de sonetos: Urna griega, dedicada a la memoria de José María de Heredia en el centenario de su nacimiento. Los restantes bajo relieves, son sonetos que trazan el perfil de algunos representantes del parnasianismo venezolano: Jacinto Gutiérrez Coll, Gabriel Muñoz, Andrés Mata y Rufino Blanco Fombona.

La tercera parte del libro es Alma Antigua. Son sonetos que desarrollan poéticamente personajes históricos: Evocación de Horacio, Safo, Cleopatra, Salomé y Salomón.

En la cuarta parte, Pancarpia, el poeta comienza con el soneto El orgullo impasible, donde Schmidke pondera la purísima impasibilidad del parnasianismo. Contiene esta parte, una gran mayoría de poemas simbolistas en los que el yo lírico exterioriza las quimeras y desalientos, a través de sonetos dedicados a Paúl Verlaine y José Asunción Silva.

La últimas cuatro secciones finales: Tisú, Pórticos, Ónices y Flechas Dispersas, agrupan una variedad de temas, motivos y tonos; sin embargo, las imitaciones y paráfrasis parnasianas despuntan del conjunto en sonetos como: Orfebre, Juan de Segovia…

En medio de la noche confidente
Tu  sugestiva sombra me visita
Y con un gesto fraternal me invita
A cruzar del misterio la corriente

A la alta sombra de Eduardo Carreño

 Tu musa – casi niña – me dio su florilegio
De orquídeas, floripondios y cálices del mar;

Después, “al sol y bajo la luna” blanca y fina
La vi danzar al eco de flébil ocarina,
Sutil, y complicada como una evocación
(…)

                                                A Juan José Tablada

Del Taumaturgo Pan – el dios cabrero-
Dijiste el himno milagroso y vano.

A Gabriel Muñoz.

 

Diminuto Don Juan de los jardines
que en tus inquietas jiras amorosas,
luces jubón de gemas caprichosas
y mientes un joyel de serafines.

                                                           El Colibrí.

 Pájaro de abenuz, de plata y oro;
poeta errante del silvestre coro;
flauta con plumas, bandolín con alas.

El Turpial.

 Viejo dragón: es rara tu belleza
si el prisma de la luz te tornasola.
en Catia de la Mar hundes la cola
y en Naiguatá levantas la cabeza.

Eres altar: en ti la tarde reza
de roja veste y encarnada estola;
el albo plenilunio te aureola;
arden céreos de agrave en tu maleza.

Filósofo y cordial, la vas y curas
de la rozas las negras quemaduras
con el blanco algodón de las neblinas.

Y cuando el gris Invierno da la espalda,
tus cumbres se abroquelan de esmeraldas
y en granates revientan tus colinas.

Al Ávila

 

Sobre este poema Al Ávila, el mismo Schmidke aclara en sus notas.

Primer cuarteto: Imagen zoológica a fuerza de luz.
Segundo cuarteto: Símbolo religioso: el altar, y quien reza en las tardes y los cirios son agraves.
Tercer terceto: Tiene Filosofía, limpia con la neblina: el blancor.
Cuarto terceto: Al dar la espalda el Invierno, esmeralda y granate ¿Qué dice Luz Machado?

-1957. Prisma. Poemario. Ariel. Barcelona. España.

Este poemario es una antología de poetas griegos, latinos, franceses e ingleses traducidos por el poeta Schmidke,  desde Himno védico hasta Anacreonte y Safo, pasando por los grandes líricos franceses del siglo XIX tanto románticos, como simbolistas y los mismos parnasianos.

-1972. Micropoemas nativos. Naturaleza zuliana. Ministerio de Agricultura y Cría. Caracas.

En esta obra, Jorge Schmidke, recoge los mismos motivos de su obra anterior Castalia Criolla (motivos zulianos). (1949). Sin embargo, ahora, lo hace desde una experiencia literaria totalmente diferente, en forma de poemas de breve extensión, muy similares al haiku japonés.

El mismo autor nos dice:

Este pequeño libro, Micropoemas nativos, que no está formado por sonetos parnasianos como mis anteriores, no significa una deserción de la Escuela Poética creada en Francia por Leconte de Lis, José María de Heredia y otros insignes sacerdotes de la Belleza Escrita, Escuela en cuyas filas seguiré militando hasta el fin de mis días. El propósito perseguido en esta obrita es el de exaltar en poemas brevísimos y sencillos (…) los múltiples aspectos de la naturaleza zuliana (…) y colaborar con fervor en la defensa y conservación de nuestra Madre Naturaleza (…) Ruego, pues, a mis lectores, no ver en esta obrita ningún propósito de superación estética.

-1873. Acantos trujillanos. Poemario. Ediciones del Ejecutivo del Estado Trujillo.

-1980. Ánforas de mármol. Antología de sonetos parnasianos. Fundación Zuliana para la Cultura. Caracas.

Es una compilación intitulada por el mismo poeta Schmidke; en la que recoge lo que él considera lo más característico de su obra poética parnasiana.

-1981. Patria. Poemario. Arte. Caracas.

 El último poemario que escribe poco antes de su fallecimiento.

-1981. 31 de julio. Fallece el último parnasiano Jorge Schmidke.

      Suspiro en el otoño de mis días
Por mis rosas de ayer, cuya fragancia
Embalsa la risueña infancia
Con perfume de sanas alegrías.

      Ya me atedia el placer de las orgías;
Acre está el vino que mi labio escancia;
Y ha perdido su fina resonancia
La lira de las áureas harmonías.

      Sin fé, sin ideal, sin trayectoria,
Yá no alientan en mis sueños de gloria:
Y en esta laxitud adolorida.

      Mi corazón, marchito por las penas,
Ve regando de mustias azucenas
Los senderos del arte y de la vida…

Laxitud.

 Lago de amores, Lago de ensueño,
azul Castalia de mis cantares;
dormir quisiera mi último sueño
bajo el arrullo de tus palmares.

 Al Lago Coquivacoa.

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EL BALIDO DE UNA OVEJA. Por María Cristina Solaeche Galera

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.
Mario Benedetti.

Sabemos lo que somos, pero no en lo que podemos convertirnos.
William Shakespeare.

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho,
los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Alejandro Dumas.

 

 A partir del día de mañana, así lo decidió la junta médica, volvería a oír.

Le operaron la lesión de los nervios de la asociación auditiva en el lóbulo temporal del cerebro, en el Área de Wernicke, que se había lesionado con el fuerte traumatismo sufrido en el accidente que la dejó sin poder oír absolutamente nada.

Tendida en la cama en la clínica, después de haber vivido durante cincuenta y tres años oyendo las maravillas del sonido; llevaba casi cuatro años en el anonimato de la total sordera, con esa sensación tan desconcertante que le producía un mundo silencioso. Sería como renacer de nuevo en una tierra tan extraordinaria en sonidos. Ya llevaba demasiado tiempo con una sensación de pérdida, de soledad, donde todas las imágenes desaparecían parcialmente en el mundo del silencio.

Al día siguiente, pasado completamente el efecto de las drogas y mitigados los dolores, la notable zoóloga especialista en comportamiento animal Celine Valderme, esperaba anhelante la visita del médico que le retiraría los vendajes y le explicaría su nueva situación. Los médicos del equipo que la operó, auguraron que había sido un total éxito la intervención.

Entró el médico a la habitación acompañado de una enfermera. Con hábiles manos levantó despacio los vendajes.

Lo primero que oyó Celine fue el rumor de la lluvia de un día proceloso, también, el ligero crujir del uniforme de un blanco reluciente de la enfermera. Después los rumores de la calle y el ruido del tráfico.

Lágrimas de entusiasmo y regocijo salían de su ansiosa mirada. Se rompía el agobiante silencio. El sonar aumentaba el encanto de cuanto la rodeaba. No había prisa, saboreaba cada ruido de la habitación.

-¿Está oyendo Celine?- le preguntó el doctor. –Tómelo con tranquilidad, al principio quizás sean solo susurros, luego, gradualmente oirá perfecto- le aseveró.

Celine vio como la boca del médico se movía hablándole, pero lo que oyó fueron los bramidos de un toro.

-¿Qué tal, cómo oye?- le repitió el doctor, mientras le revisaba minuciosamente los oídos; otro bramido escuchó Celine.

La enfermera se acercó con una alegre sonrisa, le arregló las sábanas y le dijo: -¿Se encuentra feliz verdad señora?-

Todo era incongruente, absurdo, la voz de la enfermera no era como recordaba ella la voz de una mujer, era el melifluo maullido de una gata. No respondió, desesperada se tapó ambas orejas y después de un momento, las destapó de nuevo. La enfermera estaba cruzada de brazos diciéndole –No parece entusiasmada- Celine oyó un bufido felino.

En voz baja, el médico le estaba dando instrucciones a la enfermera. Ella oía bisbiseos de bramidos entremezclados con maullidos. Ambos se retiraron de la habitación y quedó sola.

Celine, esperó un pequeño rato y se asomó discretamente al pasillo contiguo a su habitación. En un extremo se acercaba un carrito de limpieza, hasta el pequeñísimo  ruido triquitrante de las ruedas oyó; la empleada que lo conducía la saludó con unos –Buenos días señora-  sin embargo, ella escuchó un zumbido de abeja. Del otro extremo avanzaba dos médicos que conversaban entre ellos, el más alto y robusto rugía como un león y él otro bajito, le contestaba con ladridos estridentes de chihuahua. Incluso, a un mensajero que llegó por el ascensor saludando a los que iba encontrando en el trayecto le oyó los ululares de un búho.

Empezó a experimentar una sensación terrorífica, el pánico se estaba apostando en todo su cuerpo, ya se reflejaba en su expresión y le temblaban las manos. Regresó a la habitación, al cerrar la puerta escuchó el ruidillo de las bisagras, se recostó agobiada en su cama. Todo los sonidos del derredor eran normales, todos, excepto  los que salían de las bocas de las personas.

La enfermera maulladora entró de nuevo en la habitación, le trajo un sedante y bajó las persianas; Celine sin replicar se lo tomó inmediatamente. Quería dormir a ver si al despertar de nuevo todo volvía a ser normal. La pastilla le hizo efecto rápidamente y una sensación agradable de abandono se apoderó de su cuerpo.

Celine despertó al día siguiente, para encontrarse con la mirada castaña y una melosa sonrisa de la enfermera que le traía el desayuno, y con maullidos le notificaba,  que después llegarían para darle el alta.

En ese mismo instante, Celine se dio cuenta de que ella no se había oído su propia voz; hasta ahora había gesticulado, fruncido el entrecejo y sonreído escasamente. No se había atrevido a responder nada a ninguna pregunta.

Llegó el médico acompañado del doctor jefe de cirujanos, para orgullosos del resultado, darle el alta a su hospitalización.

-Con un destemplado relincho, el jefe de cirujanos le dijo: -Hoy mismo se va usted Sra. Valderme. Se podrá integrar totalmente de nuevo a todas sus actividades e investigaciones sobre la conducta del reino animal-

Celine con el corazón desbocado en el pecho respondió – Muchas gracias-

Sin embargo, ella misma se oyó con pánico como el balido de una oveja salía de su boca.

Autor: Susana Lischinsky. Título: Oveja E. Técnica: Óleo / Collage. Dimensiones: 70x80cm. País: Uruguay.

ASÍ LLEGA

Así
esperada o no
llega la muerte

se esparce como vaga niebla
cargada de regalos
una mueca sepulcral
un alma silenciada
una mortaja de noches y barro
un ramillete de miedos y congojas

incrusta gredas en las pupilas
aísla con sutileza
certeza
morir se muere solo

después
cuando se aleja
deja enganchado en el cuerpo
un recuerdo agrio
después
cuando se pierde en la despedida
deja enganchado en el cuerpo
un recuerdo nauseabundo

después
la muerte retuerce sus pasos.

María Cristina Solaeche Galera.

Autor: Gustav Klimt
Título: Muerte y vida
Técnica: Óleo sobre tela.
País: Austria
Año: 1910
Dimensiones: 175cm x 198cm

LUIS BARRIOS CRUZ. Amo la tierra y un pedazo suyo esplende al que le llamo tierra mía.

Amo la tierra y un pedazo suyo esplende al que le llamo tierra mía.

 María Cristina Solaeche Galera

¡Hasta las sombras, campo, no dan nunca
ni el más leve traspiés en tu llanura!
Oliverio Girondo.

No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies.
Robert L. Stevenson.

Donde me halle, soy un pedazo del paisaje de mi patria.
Fatos Arapi.

Luis Barrios Cruz: nace el 6 de febrero de 1898, en el poblado ribereño de San Jerónimo del Guayabal (Camoruco Españolero), estado Guárico, Venezuela. Muere el 1 de febrero de 1968 en Caracas, Venezuela.

Su padre Luis Barrios Parra, su madre Josefa Cruz Sanojo.

Conforma su propia familia con Trina Díaz Martínez, con la que tiene ocho hijos.

 Poeta, periodista y político.

 -1909. Con apenas once años, la familia se traslada a Calabozo, en el mismo estado Guárico. Allí cursará los estudios primarios y llegará hasta el tercer año de la secundaria, pues tiene que dejar los estudios para trabajar, apremiado de necesidades económicas el grupo familiar; primero en una distribuidora de productos agrícolas, después dependiente en un comercio de textiles.

Algunos autores lo han situado en la Generación del 18, pero, para esa fecha, el poeta apenas contaba 20 años y no había estado nunca en Caracas, mucho menos pudo participar en las apariciones públicas de esta agrupación literaria, ni de sus discusiones poéticas. Claro, que hay que tener en cuenta que Luis Barrios Cruz para el momento en que se consolidaba la Generación del 18, ya estaba escribiendo y publicando en su estado natal Guárico, razón quizás para que aparezca a veces vinculado a esta generación.

Luis Beltrán Figueroa ubica a Luis Barrios Cruz en la Generación del 28. Sin embargo, esta generación se circunscribió al hecho político de la ciudad de Caracas, en tiempos en que irrumpía la vanguardia.

Encontramos su obra en diálogo más fraterno con los del 18 que con los del 28.
Rafael Arraíz Lucca.

La crítica literaria encontró en su obra poética la continuación criollista y la expresión nativista de Francisco Lazo Martí, siempre salvando el criollismo retórico. Es un poeta llanero;  es el llano el escenario más frecuente en su obra. Alejado de lo pesadillesco, Barrios Cruz se inmersa en la luminosidad de la llanura venezolana. La sequía, el arreo, el ordeño, los jamelgos, la explanada, las estaciones del estío y el lluvioso invierno… son escenas poéticas tradicionales en Barrios Cruz. De depurada hondura lírica, de verbalizad abierta y de una poesía henchida de saberes de la tierra llanera tan esparcida de cuentos, fábulas y evocaciones.

Después de Lazo Martí, las voces de Arvelo Torrealba y Luis Barrios Cruz, fueron las que con mayor certeza y altura líricas, llevaron nuestro nativismo poético al lugar que le corresponde en las corrientes de la poesía moderna venezolana.

Domingo Miliani.

Los temas de la historia son también fuente inspiracional del poeta, incluyéndolos en su poesía.

También, el poema breve en la mejor tradición del haiku japonés, que surge en el poeta, en sus lúcidos y sutiles epigramas como el tan conocido:

La chicharra,
es una hoja seca
que canta.
                                        Definición.

Su obra poética pertenece más al final del modernismo, aunque escriba versos vanguardistas en sus poemas de vez en vez.

Secretario del Jefe Civil.
Oficial de la Secretaría de Gobierno de Guárico.

-1920. Diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Guárico.

-1921. Funda el diario Ecos de la Pampa.

-1923. Funda el diario Clavileño.

-1925. Funda el diario Rojo y Negro.

-1926. Funda el periódico El Diario.

-1926. Es apresado en la dictadura de Juan Vicente Gómez, por sus escritos en El Diario.

-1927. Galardón en los Juegos Florales de Ciudad Bolívar para conmemorar el centenario de Juan Bautista Della Costa.

-1928. Cuando cuenta con 30 años se traslada a Caracas, donde se queda definitivamente. Ya para ese entonces era reconocido como poeta en los círculos literarios por sus versos publicados.

-1928. Trabaja como corrector de pruebas y redactor del rotativo El Universal.

-1931. Respuesta a las piedras. Edit. Elite. Caracas.

Quizás es este poemario, uno de los principales ejemplos del aporte te la Generación del 18, al nacionalizar el paisaje; sin embargo, convive la metaforización de la vanguardia, las osadías sobre el espacio y el terreno, y el subjetivismo de la experiencia llanera al lado del tradicional corrido y la coplilla del llano. Hizo de la llanura el corazón de sus aconteceres.

Un llano sin paisajes sordos, trae Barrios Cruz en sus poemas destilados, briosos. Llano deportista – dentro de su deportismo salvaje- y que sonríe anchamente como las mozas zafadas.

Luis Castro.

¡Campo venezolano
creo en ti!
¡Campo venezolano
voy hacia ti!
¡Campo venezolano
estoy en ti!
                                         Epígrafe.

-1932. Suite para canto y piano. Del maestro Juan Bautista Plaza (1898-1965). Inspiración en los poemas de Luis Barrios Cruz: La noche del llano bajo, Por estos cuatro caminos; La sombra salió del monte, Yo quedé triste y mudo, Hilando el copo del viento, Palma verde, garza blanca y Cuando el caballo se para.

Por la tostada llanuraes el camino el que viaja
mira como sigue solo
cuando el caballo se para.

Caminito, caminito,
¿quién te dio tanta sabana
y quién te dio tanta pierna
camino que no te cansas?

Me voy a morir de anhelo
si me niegas tus audacias
camino que sigues solo
cuando el caballo se para.
                                                        Cuando el caballo se para.

 -1934. Un caso rural. (Cuento) Ed. Elite. Caracas.

 -1934. Director del diario Ahora.

Durante su cargo en este diario, Luis Barrios Cruz se convierte en uno de los intelectuales más comprometidos e influyentes en la política del país. En sus páginas, cede espacio a todos los partidos y movimientos políticos contrarios al régimen gomecista, dando cabida a los pensamientos marxistas, al sindicalismo y a las relaciones internacionales. El mismo escribe en él diario sin reserva, razón por la que es llevado preso. La mayoría de los participantes se amparan en seudónimos. Tuvo especial deferencia con los miembros del Partido Demócrata Nacional, que también colaboró en el diario bajo nombres falsos.

 -1936. Daniel. Obra de teatro. (Comedia) Caracas.

 -1937. El muerto. Obra teatral. (Comedia) Caracas.

 -1938. Senador del Estado Guárico.

-1941. Representa a la revista Ahora en la Asociación Venezolana de Periodistas, de la que es presidente Arturo Uslar Pietri.

-1941. Plenitud. Edit. Elite. Caracas.

-1942. De nuevo Senador del Estado Guárico.

-1944. Está al frente de la revista Elite.

-1944. Cuadrante. (Poemario) Edit. Elite. Caracas.

-1946-1948. Jefe del Gabinete y Director de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores.

-1952. Romancero de la Coromoto. Tip. Vargas. Caracas.  En colaboración con Julio Ramos.

-1954. La sombra del avión.  (Poemario) Tip. Garrido. Caracas.

Prólogo La voz del collado de Pedro Sotillo.

Escribe este poemario durante su permanencia como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En La sombra del avión, el poeta logra cantar a su tierra plana por oposición: al ver la sombra de los aviones pasar sobre los campos, comprende que lo suyo es la tierra, los árboles, la querencia.

Rafael Arraíz Lucca.

Somos ansia insaciable de secretos,
y mientras por urgidas, inusitadas rutas,
ufano vas en tu sidérea barca
en pos de nueva luz para la vida
o de algún nuevo azar para la muerte,
yo, árbol o llama, hijo de la tierra,
de la tierra incesante y generosa,
viajo en la sombra del avión volando.
                                                                             La sombra del avión

A solas con su llano, Luis Barrios Cruz entabla el monólogo eterno. Evoca, ama, sueña, cuenta, pasa bajo el sol, se pierde en la noche y nos deja el eco de su íntima voz.   

Juan Liscano.

-1955. Miembro de número de la Academia Venezolana de la Lengua.

-1963. Director de la Biblioteca Pública, hasta su fallecimiento.

-1967. Decoraciones. Edit. Arte. Caracas.

Me ve de extraño modo
esta morada de luz crepuscular.

Lo que causa miedo es que se va.

Lo que me causa miedo
es que el reloj marcha atrás.

Lo que me causa miedo es que la sombra
se pone a gritar.

Lo que me causa miedo
es esta mustia flor fatal.

Lo que me causa miedo es el perfume que debe quedar.

Lo que me causa miedo
es que soy un pedazo de eternidad.
                                                                                            Delirio.

Se hace pleno el compromiso íntimo del poeta con el paisaje

-1968. Seis Poemas. Poesía de Venezuela. Caracas. 

-1968. Muere con 69 años, en un accidente automovilístico el 1 de febrero de 1968, en la ciudad de Caracas.

Si me muero en este medio
que me entierren aquí mismo
al pie de una verde palma
con su lucero y su nido.

Si me muero en este medio
que lo digan al camino
para que le lleve el parte
al horizonte infinito.

Si me muero en este medio
que recoja mis suspiros
el viento ladrón de lunas
en los caudales del río.
                                                    Si me muero en este medio.

 

Yo vengo de muy lejos:
de un recuerdo.
Al mirarme desde el fondo de mí mismo,
mi alma es el lucero náufrago en el pozo,
indagando las huellas del espacio perdido,
al través del cristal mareado por el viento.
                                                                                      Color de lejos.

LA SILLA DE RUEDAS DE BERNARDO

Autor: David HersKovit
Título: Anciano en silla de ruedas
Técnica: Óleo sobre tela.
Dimensiones: 151x140cm
Pais. EEUU
Año: 1978.

LA SILLA DE RUEDAS DE BERNARDO

María Cristina Solaeche Galera

Pies, ¿para que los quiero, si tengo alas para volar?
Frida Khalo.

No pueden poner nuestras mentes en silla de ruedas.
La silla de ruedas es solo para el cuerpo.
Gaby Brimmer.

Pon tu cara hacia el sol y no verás las sombras.
Helen Keller

Nos quedamos solos, él y yo, solos los dos en la penumbrosa luz del día muriente, allí, en el balcón. Como todos los anocheceres, esperamos el momento en que nos lleven a su habitación para que intente dormir, y yo, quede plegada en un rincón del dormitorio haciéndole silenciosa compañía hasta el día siguiente. Su nombre es Bernardo Guersile.

Bernardo era un hombre alto, de espaldas anchas, amplio el tórax y complexión fuerte. Ha envejecido mucho, ahora es un anciano de ochenta y siete  años, está débil y paralítico a partir de la cintura. Hace más de cinco años no se levanta de mi asiento, a menos que su hijo lo alce para llevarlo a la cama. Soy dedicada y callada, lo acompaño fielmente a donde quiera que él se dirija. Soy su inseparable compañera en el balcón, cuando lo asoman a ver el barrio, la calle y los transeúntes, también me asomo con él.

Los sentidos de Bernardo agudizaron de manera extrema, quizás para compensar su incapacidad. Asimismo, mis sentidos. Ambos percibimos el zumbar de los insectos, el cri-cri del grillo, los cantos lejanos de los gallos de la barriada, el ladrido de los perros centinelas, la gritería alegre de los niños que asisten o regresan de los colegios. Vemos a las mujeres afanadas en barrer los portales, limpiar los empedrados, regar los jardines, y olemos como todo adquiere una aroma fresca y fragante a tierra mojada. El cafecero siempre con andar nervioso, vocea desde temprano de extremo a extremo de nuestra calle, el café reciente y aromoso. El vendedor de lotería grita los números ganadores con profética anterioridad y, algunos hombres se mueven afanosos en sus variados ajetreos de negocios y trabajos.

Los días festivos, desde el balcón, oímos el barullo chispeante del barrio, el corear de la alegría de las vecinas, y la música de la taguara de la esquina donde los hombres con estrépito y bebida alegran sus cuerpos cansados del ajetreo de los días de la semana; y yo en mis fantasías,  imagino que soy una silla de metal dorado, decorada, muy vistosa que hace las veces de un trono.

Durante casi siete años, él había soportado estoicamente sin chistar, el intenso dolor del problema degenerativo de su columna vertebral. Hasta que se hizo insoportable, invalidante, y cuando acudió a los médicos ya era muy tarde, el mal había evolucionado demasiado, los cartílagos y los discos estaban terriblemente desgastados, se había sumido en una paraplejía. Era irremediable, el resto de su vida estaría confinado a una silla de ruedas.

Sin embargo, al principio del tratamiento meramente paliativo, durante casi año y medio siguió rigurosamente las prescripciones de los médicos, las terapias de ejercitación, las dosis exactas de los medicamentos para el dolor, la rigidez y la parálisis, la dieta balanceada en la alimentación y, los primeros, inciertos y penosos, paseos por la cuadra que dimos juntos. Nada resultó, se hartó de esa disciplina que le restaba tanto a la poquísima libertad que le quedaba y aún así, seguía exactamente igual. Cierto día, decidió acogerse definitivamente a mí, no volver al terapista, tomar solamente las medicinas para las otras dolencias que lo aquejaban, y comer sin restricción alguna el alimento que podía y deseaba. Sólo se quedó con el paseo semanal por el barrio, en el que nos conduce su hijo durante una hora.

Recuerdo vivamente, cuando por vez primera, Bernardo levantó los ojos y se vio en el espejo de cuerpo entero, sentado sobre mí, encima del asiento y con mis cuatro ruedas; se sintió muy confuso, experimentó una sensación violentísima, casi de vergüenza. De repente, allí se vio, en el espejo, como si fuera otro.

—¡Pero qué es esto! ¡Qué es esto! ¡Imposible!— Gritó ese día volviendo la cabeza hacia un lado, y levantando ambas manos para taparse los ojos y evitar ver aquella visión. No había alternativa, yo sería de ahora en adelante parte de su cuerpo, sería sus piernas. A cada giro de mis ruedas, él tiene la sensación de avanzar en un mundo desconocido que le produce una angustia indefinible, la zozobra de un hombre inválido atado a una silla de ruedas, donde él es un extraño pasajero.

El hijo no puede ocultar su abatimiento por el estado del padre, lo irritante que se ha vuelto su condición. La mayoría de las veces ya no acierta como comportarse; Bernardo experimenta una turbación extraña al observar como, su hijo y su nuera, se imponen conductas correctas pero forzadas, que solo traen el cansancio de una rutina; al ver como el tiempo ha ido adormeciendo los sentires pacientes y enternecidos para con él.

Todas las noches, oigo sistemáticamente a su nuera que le ofrece encender la luz del balcón, es en vano.
—No; estoy bien así— responde Bernardo.

Gestos espontáneos, menguas del rostro, parpadeos, temblor de los labios, todo el cuerpo se agita, pero las piernas están estáticas, petrificadas, totalmente sumidas en mis soportes. La tristeza secreta, los sombríos pensamientos anidan en su frente, y se marcan en la fijeza congojosa de sus claros ojos y en la palidez de su rostro.
Un tumulto interno de sensaciones amargas, le produce emociones oscuras y violentas que lo llenan de estremecimientos punzantes; es un sentimiento de pena que se le torna más agudo cada instante, es la imagen inválida de si mismo que le llena los ojos y se le adentra espinosamente en el alma.

— Me parece que estoy… no sé, vamos, llévame al balcón hijo— suele decirle todos los días al amanecer y cuando cae la tarde.

Allí, en el balcón, el único sitio donde ambos concebimos la vida engrandecida y conmovida por los sentidos que emocionan el espíritu.

Es el atardecer, aún llovizna, miramos nuestra calle desde la atalaya del tercer piso donde vivimos; mirar es un embeleso, pero cierta angustia nos impide alegrarnos por completo. Es que Bernardo, siente su indefensión. Sus piernas son recuerdos remotos de sí mismo, ya no tienen memoria, ni conciencia; yo me esfuerzo tenazmente en tenerlas por ellas.

Son las seis de la tarde, estamos oyendo un trío de piano de Schubert y la fresca brisa de esa hora está soplando. Él suspira frecuentemente, y siente que cada suspiro lo ahoga, es como si se fuera con ellos hacia algún sitio lejano. A veces, sacude la cabeza con un sollozo, más bien una congoja, es su taciturnidad que tiene origen en ese medio cuerpo. Está seguro que los demás no comprenden su situación. Quiere que los hechos hablen por él, y yo, fiel testigo, permanezco muda, servicial y silenciosa.

— ¿Estás bien ahí?
— Bien, mejor que dentro del apartamento— responde.
— ¿Quieres acostarte ya? Va siendo hora
— Cuando tú lo desees, hijo.

Los rayos de la luna empiezan a avanzar como fantasmas atravesando el balcón. Desearía Bernardo caminar fervientemente por todos los lugares a donde vuelan sus ojos, a donde sus oídos perciben los sonidos.

Cuando estamos solos, suele bajar la vista y sonreír ocasionalmente; levanta una mano y se acaricia varias veces el pecho en el lado del corazón, como queriendo decir que aún allí está su vida; otras, se revuelve encima mío y oprime los puños hasta hincarse las uñas en las palmas de las manos, como cautivo de un ímpetu de lamentos que quisiera contener, y en ocasiones, lo veo apretar los labios, restregarse los ojos, agitar la cabeza y llorar descorazonadamente.

Suele Bernardo, espiarse secretamente las piernas, con el ánimo alerta y siempre vigilante de ver si ellas en algún momento, responden con un movimiento por imperceptible que fuera, mas yo que las sostengo, sé que no hay la mínima vibración siquiera; sólo siento la rugosidad de la suela de sus zapatos negros con el cuero ligeramente desgastado.

Una vez, hace más de cuatro años, solía varias veces decirse Bernardo, que él sabría bastarse solo, se lo oía decir en voz muy baja, en susurros repetidos. La realidad de su padecimiento le demostró que eso era un imposible. Está destruido, como si la frenética racha de una tormenta lo arrasaría perennemente. Intentó convencerse de que esto que le había ocurrido pasaría con el tiempo, mas ya sabe que no es así.

—¡No, no! ¡Nunca más, nunca más caminaré! ¡Imposible! Siempre es peor un día que el anterior, el cuerpo envejece y no ayuda, al contrario se vuelve otro estorbo— se grita para si desesperado al quedar solo conmigo.

Siempre después de comer, permanecemos un rato en la mesa, él se recrea con el ajetreo y el sonar de los platos, los vasos y los cubiertos, mientras la nuera los recoge aleteando como una mariposa en derredor, y yo permanezco en mi mutis mecánico ayudándolo a sostenerse.

De vez en vez, Bernardo repasa los álbumes de fotografías, y en voz baja que solamente yo oigo, va describiendo cada una de las fotos de aquellos gozosos días en que era un andariego; se le humedecen los ojos y el rostro se le transforma, y yo me siento un armatoste, no aparezco en ninguna de las fotografías. Cada vez se le recrudece más la tristeza; cree que aún le queda algo por hacer, aunque no sabe qué.

Le oigo rezongar:

— Esto soy ahora, un viejo carcamal sobre dos patas rígidas de pájaro disecado—. Ese pensamiento no se los puede decir a su hijo ni a su nuera, ni a nadie, ni siquiera insinuarlo, solo yo lo comparto. Ante ellos, ni una queja, ni un ademán de hastío.

En medio de la noche, advierte sus propios huesos, los huesos largos y fuertes de sus piernas, no le duelen, no se estiran, ni se encogen, al contrario, permanecen rígidos, vacíos del más insignificante movimiento; sus piernas son dos fardos sobre la sábana, mientras yo permanezco fruncida, cercana a su cama.

Un anochecer, mientras ambos estábamos en el balcón, le oigo preguntarse en voz alta:

— ¿Dónde me encontraré en el momento de mi vida a la hora de morir? Ojalá muera al anochecer, en este balcón, aquí, sentado en mi silla de ruedas.

Al oírlo, todo mi engranaje se estremeció de congoja, de agradecimiento y de miedo a quedarme sola.

Pronuncié una respuesta, le estaba diciendo:
— Cuando llegue ese momento, yo quiero morir también.

Hablaba suavemente Bernardo, pude oírle claramente que me respondía:
— De acuerdo, aquí estaremos, en este balcón haciéndonos sombra los dos.

EN MEDIO DE NADA

No tengo tu voz
solo murmullos en la espalda
son lunas en menguante
danzando en un rosa sombrío

no tengo tu besar
rozó la piel hambrienta
se deslizó anhelante
entre pensamientos hechiceros

no tengo tu palpar
no quedaron huellas en el pecho
lo besé con hambre antigua
lo adoré con fe terca

nada quedó
solo sombras de siluetas
recorren mi vida buscando tu paisaje

me extravié

en medio de ti

te extraviaste

en medio de mi.

María Cristina Solaeche Galera.

Autora: Soledad Fernández.
Título: Dama con abanico V
País: España
Categoría: Pintura
Técnica: Óleo
Soporte: Lienzo

PÁLMENES YARZA TORTOLERO: “A cada paso mío voy perdiendo la voz de ayer y el cuerpo del instante”

PÁLMENES YARZA TORTOLERO
“A cada paso mío voy perdiendo la voz de ayer el cuerpo del instante”

María Cristina Solaeche Galera

Hay cosas encerradas dentro de los muros que,
si salieran pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo.
Federico García Lorca.

Cuando las voces suaves mueren
Su música vuelve aún en la memoria.
Percy Bysche Shelley

Somos nuestra memoria, somos es quimérico museo de formas inconstantes,
ese montón de espejos rotos.
Jorge Luis Borges.

Pálmenes Yarza, nace en Nirgua, ciudad ubicada en la cordillera del interior del estado Yaracuy; fundada en 1624, con el nombre Nuestra Señora del Prado de Talavera,  Venezuela, el 1 de enero de 1916.
Su padre Manuel Yarza, su madre Berta Tortolero; su esposo Gilberto Antolínez.

Poeta, cronista, crítica literaria, ensayista, autora de libros infantiles, profesora y diplomática.

Se la considera parte de la Generación de 1935.

 -1930. Obtiene el título de Maestra Normalista con apenas dieciséis años, en Caracas.
Agregada cultural en la Embajada de Venezuela en Cuba.
Miembro de la Asociación Venezolana de Escritores, de la Asociación Venezolana de Periodistas y de la Asociación Cultural de las mujeres de la Habana.
Colabora para los principales diarios y revistas literarias de Venezuela. 

-1936. Pálmenes Yarza. Cooperativa de Artes Gráficas. Caracas.
Su primer poemario, denota en el título mismo su carácter autobiográfico. 

Que yo recuerde el único poemario publicado en Venezuela que lleva por título el nombre de la autora: valiente asunción de la autoría desde una perspectiva protagónica.
Rafael Arraíz Lucca

No tiene amigos esta calle
que sirve en mis pupilas con la tarde
su narcótico extraño.
Y marcha a la distancia
necesaria egoísta
comprimiendo su tiente de nostalgia.

Van con ella
tan sólo un perro flaco
y un hombre solitario.
Nadie sabe de aquél
su gran venero
de adhesión y lealtad.
(…)
Calle sola,
hombre solo,
perro solo,
tres islas que utilizan esta tarde
mi corazón sin playa.

Calle humilde.

Obra recibida con alborozo por el poeta Andrés Eloy Blanco.

Poeta hondo, de absurda claridad sin transparencia; alma lírica en limbo…se nos expresa en una lucha con la inexpresión que deja por residuo ese poema entrecortado, que dice algo y deja sospechar más y angustia por lo que se le queda a ella en hervor, que es su forma de fervor.
Andrés Eloy Blanco.

Dotada de una limpia unidad temática, en la que se desenvuelve el tono meditativo e ideológico, sin perder por eso la viva cercanía y amistad del sentimiento y la emoción humana.
José Ramón Medina.

A partir de ese año, Pálmenes aparece en el ambiente literario, y comparte con poetas del grupo Viernes como Vicente Gerbasi y Pablo Rojas Guardia.
Su obra poética es de gran densidad ontológica y clara influencia clásica en la forma y el contenido de los poemas, siempre dentro de los fuegos del lirismo mas ajustado a los cánones de belleza. Se sumerge en los estratos del tiempo, asordinada se hace presente en espacios deshabitados, con los fantasmas de seres queridos, en un mundo deshabitado que deambula extraviado, las ruinas, la soledad y la casa de la infancia asediada por la evocación poética.

-1942. Espirales. Poemario. Impresos Unidos. Caracas.

Parece que estos cactos se estrenaran
pensativos y sobrios,
y que los chaguaramos elevaran sus lumbres,
como rectos velones, en sus cenizos troncos.

Entre las hojas ya se pierde el rastro
de la luz en camino.
Pero, antes de marcharse, al jazminero blanco
Va a dejarlo encendido.

Ángelus.

 

-1946. Se gradúa de Profesora de Lengua y Literatura en el Instituto Pedagógico Nacional de Caracas, con la tesis Una ojeada al modernismo de la lírica contemporánea. Se desempeña como profesora en secundaria en las asignaturas de Español, Literatura y Latín, en los liceos Fermín Toro, Rafael Urdaneta y el Colegio Católico Venezolano.

 -1947. Instancias. Poemario Artes Gráficas. Caracas.

Padre:
Sola estoy como señera roca
del confín más distante.
(…)
Sola, sí,
como esos desgarrones de los mundos.
Como tu cabellera que negó la borrasca,
la sombra la miró trama de luces,
y a un tiempo la encontraron los soles y las aguas.

Recado e intimidad.

No era azul tu mentón, grave tu voz,
ni alargado tu talle:
un tirso apenas de apuntados pomos
sin huellas en el aire.

Elegía III

Dedica un poema a la ausencia de la poeta Soledad Carrillo, fallecida en la tragedia aérea del cerro Las Pavas, en Yaracuy, el 8 de abril de 1947.

Y esta cerrazón de alas sombrías azotando con sus grises los carmines y los oros.
Este aflorar de llamas desde la entraña del recuerdo.
Este sentirnos perseguidos por ramajes ardientes; por pájaros que caen abatidos sobre su mismo arpegio, tornado en flecha transparente.
(…)
Qué cargamento de sollozos y de sueños atasajados, alzó un arcángel tétrico para derribarlo interrogante sobre el rostro de los hombres!

-1950. Arar. Poemario. Tip. Garrido. Caracas.

-1950. Canciones. Poemario. Caracas. S/e.

-1955. Al paso del tiempo. Ensayo.

-1959. Esquema Poético. Lírica Hispana. Caracas.

-1961. Elegías del segundo. Poemario. Edit. Agora. Madrid.

-1974. Fábula de la Condena. Revista Árbol del Fuego. Caracas.

-1974. Contraseñas del tiempo1962-1968. Poemario. Edit. Sucre. Caracas.

Voy por la calle de los encuentros. Llueve.
La sed puede arrancarme un grito de metal,
pero he desterrado el vaso en que bebía.
Mi hora viene ahíta de cales.
Un sauce asoma en mis espejos íngrimos.

Relato de la nostalgia.

La rosa lejana cierra sus luces en seca espiral,
la que fuera un camino en la tarde.
El brazo del adiós es un mástil
que el rosal levantó hacia sus dones.

No nos oiga el rosal.

Alguien hila mohosos algodones
en un telar de oro.
Alguien la sombra ruega a alguna rama
cuando los pies se ausentan por la llama.
Alguien cuece su pan entre los fuegos
fatuos de cementerios.
Alguien clausura con tambor de piedra
el hueco donde yace su voz.

Fábula de la condena 6.

-1974. Le es otorgado el Premio Municipal de Literatura del Distrito   Federal, con el poemario Contraseñas del tiempo.

-1976. Recuento de un árbol y otros poemas. Poemario. Edit. Sucre. Caracas.

El samán me conduce a la pradera de adentro
con sus invertidos espejos
vadeando remolinos de vértices.
(…)
El samán está lisiado de ocultos paralelos
el momento en que miran y apuntan con su sed
unos ojos de ausencia.

Elegías 24.

-1976. Incorporación de la isla. Poemario. Edit. Sucre. Caracas.

Cuando me acerco a tu tierra donde los recuerdos
van con paso secreto
(yo que suelo librarme a un valle sin memoria),
me pregunta un escarabajo solo si alguien ha llorado alguna vez.

Tu casa II.

-1978. Le escribe al poeta Pascual Vanegas Filardo:

Creo poseer un carácter conceptual paradigmático, trascendental.

-1984. A los setenta y ocho años, obtiene el título de Licenciada en Letras, en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

-1988. Borradores del viento. Poemario. Ediciones Catalá. Caracas.

Era
un pájaro perdido en un amanecer
mientras crecía la luz a la orilla del tiempo.

Elegías 2.

 -1992. Poesía. Poemario. Ediciones Poesía de Venezuela. Caracas.

-1994. Memoria residual. Poemario. Ediciones Centauro. Caracas.

Miro mi casa: mi mejor parentesco,
en un minúsculo pueblo donde morí hace tiempo
extraña a las ciudades;
coloquio penumbroso
donde ofrecí
aquel vino saliendo de un suelo sagrado
desde tumbas remotas.

Miro mi casa.

Hay lágrimas secas en las ropas viejas
que ves pasar sobre columnas de hueso,
en las rosas viejas
que guardan las cabezas solitarias.
El sol hunde su erizo en la ventana
a la hora del ropavejero.
Deseo desertar.

Abro una puerta y siento
desde mí
un silencio de sauce seco.
(…)
Cada hombre pasea la nube de su sombra
como noticia en los aires.

Recuerdo de otra ciudad

Un acento doloroso, dramático, recorre la poesía de Pálmenes Yarza, que no admite el posible consuelo del sol.
Ida Gramcko.

-1994. Una ojeada al modernismo en la lírica venezolana. Ensayo. Ediciones Centauro. Caracas.

 -1995. Al paso del tiempo. Poemario. Ediciones Centauro. Caracas.

-1996. Premio Anual de Poesía, otorgado por el Círculo de Escritores de Venezuela.

-2002. Expresiones.

La presencia de estos muertos (el padre y la madre) y algún otro, hacen alarido ahora aquellos suaves versos de sus primeros años.
Gilberto Antolínez.

En el fondo de su ser surge el anhelo gótico de la ascensión, el ansia de lo cerúleo, la evasión de lo telúrico…La mujer-turbión se enfrenta a la mujer-palmera: en el sentido giratorio, ferino, muscular, de la vida original zoológica, frente a ese otro sentido vegetal, surgente, vertical, de raigón secular y  erguido caule.
Gilberto Antolínez.

2007. Muere la poeta Pálmenes Yarza Tortolero en la ciudad de Caracas, escribió:

Y el ser:
¿qué hace con la muerte?
Toda la estructura viva
deja su estatua de regreso:
marga, arena, espuma.
Y el ser:
¿se funde al centro de las sombras?

Toda nuestra forma.