El verano de los tamarindos

EL VERANO DE LOS TAMARINDOS

“Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas”

Gioconda Belli

Este amor saborea

el verano de los tamarindos

despierta el agridulce

y agita los párpados del anochecer enternecido

son los deseos asomados al fogón del cacao

al ventanal de flores amarillas

gritando sus voces desnudas en nuestras bocas

este amor saborea

el verano de los tamarindos

oculto tras el viento cantarín

en la tierra de mis poseídas siemprevivas

amarnos con ocho lunas

siete escamas en el alma presentida

el placer tejiendo entre los dedos su danza

cuando se extiende el goce

entre las pupilas

y revolcando sus colores las cayenas.

Maria Cristina Solaeche

Paula Bonet (ilustradora española)

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ORACIÓN

Mi cuerpo

es un viento azulado

que desaforado revolotea

en mi corazón

y confunde el jolgorio

detrás de las nubes

con las quimeras

Haz danzar la luz en mi tristeza

desnuda mis manos

posa millares de pájaros

dorados en ellas

que descorran los cerrojos

del alma

¿no ves que lloro debajo de mi nombre

si él no ahueca sus manos

sobre mis pechos?

¿no ves que un estío desolado aplasta mi columna

y el mundo desgaja para mí

sus cañas huecas si él no me piensa?

María Cristina Solaeche Galera.

ANA ENRIQUETA TERÁN MADRID: Reducir la flor al tamaño de lo eterno. Empeño solitario.

ANA ENRIQUETA TERÁN MADRID
Reducir la flor al tamaño de lo eterno. Empeño solitario.

María Cristina Solaeche Galera

El poema es el doble del universo: una escritura secreta,
un espacio cubierto de jeroglíficos.
Octavio Paz.

 La imaginación no es un estado: es la propia Existencia Humana.
William Blake.

 La poesía realiza el sueño de la Naturaleza.
Gastón Bachelard.

 La casa nos ayuda a decir: seré un habitante del mundo, a pesar del mundo.
Olga Orozco.

Ana Enriqueta Terán Madrid. Nace el 4 de mayo de 1918, en la hacienda Santa Elena, en Valera, estado Trujillo, Venezuela. Muere el 18 de diciembre de 2017, en Valencia, estado Carabobo, Venezuela.

Su padre Manuel María Terán Labastida hacendado dedicado al cultivo de la caña de azúcar y otros rubros agrícolas; su madre Rosa Madrid Carrasquero, también de familia de hacendados.

La herencia literaria le llega de su abuelo materno Manuel María Carrasquero, quien había sido un reputado hombre de letras en la segunda mitad del siglo XIX, y de quien oyó desde muy niña las lecturas de de los autores clásicos del Siglo de Oro español.

Su familia es constantemente perseguida por el régimen del dictador Juan Vicente Gómez. Su tío paterno, el general Mario Terán Labastida, estuvo exilado durante todo el mandato del Benemérito; y su tío materno Miguel Antonio Madrid Carrasquero, fue lugarteniente del “Indio Mantilla” y del “Tigre de Guaitó”; además, otros dos tíos maternos estuvieron presos en el castillo Libertador, situado justamente, frente a la casa que la familia Terán Madrid ocupará después en la calle Mercado, en Puerto Cabello; son hechos prisioneros por su participación en La Gabaldonira, en 1929.

-1931. A los trece años, conoce al poeta venezolano Andrés Eloy Blanco. Es él, quien lee sus primeros versos escritos en los cuadernos escolares, y estimula a la naciente poeta, regalándolo el poemario El Florilegio (1899), del escritor mexicano José Juan Tablada.

-1932. Por acaecimientos políticos, la familia se traslada de Valera a Barquisimeto y de allí, a Puerto Cabello.

-1935. Con la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, la familia se traslada  a la capital Caracas, donde  Ana Enriqueta inicia estudios de secundaria en el Colegio San José de Tarbes.

-1940. En el Festival de la Décima, en homenaje al poeta Alberto Arvelo Torrealba, en la ciudad de Caracas, Ana Enriqueta lee por primera vez sus décimas andinas frente a un público.

Desde el inicio de los cuarenta, surgen voces femeninas que se suman  al solitario lirismo de la mujer venezolana,  a los versos de Enriqueta Arvelo Larriva y María Calcaño; son ellas, Luz Machado, Pálmenes Yarza, Lucila Velázquez, Ida Gramcko, Jean Aristeguieta y Ana Enriqueta Terán.

El ser humano clásico busca su armonía con el universo, el medieval ansía cumplir con las normas cristianas, el fáustico se empeña en enseñorear la vida, recordando la frase del poeta checo Rainer María Rilke: vida no vivida, desdeñada, perdida, de la cual uno puede morir.

Ana Enriqueta Terán, es una mujer fáustica, y como tal se propone vivir, y a través de su poesía nos muestra como persigue el anhelo fáustico, enseñoreando la vida; ella está convencida, de que la naturaleza está rodeada de misterios que desencadenan intensas emociones, y se hace necesario intentar, en su caso a través del poema,  interpretar los duelos y los encuentros entre el alma y el espíritu, entre el cuerpo y el alma, entre la naturaleza y el espíritu.

Ana Enriqueta cultiva en sus primeros poemarios, el soneto, con su estructura cerrada en un perpetuo y pequeño espacio; con una combinación métrica fija que le da un lugar seguro en el que se oye el ritmo de su palabra poética, con sus catorce versos que configuran el lugar poético en dos cuartetos y dos tercetos, que le permiten crear dos unidades, en versos endecasílabos y otras formas basadas en el rigor estructural.

Es el resultado de la formación clásica castellana de los poetas: Federico García Lorca, en un primer deslumbramiento; la forma granítica y profunda de Gonzalo de Berceo; Garcilaso de la Vega, representante de de la lírica renacentista española, el poeta de las Églogas y a quien la poetisa dedica varios poemas distinguiéndolo como “caballero”En él la tierra es sombra duradera y que perdura en el poemario de Terán Al norte de la sangre; la escritora española Santa Teresa de Ávila: Un eco de Santa Teresa, una raíz de la ardiente mujer de Ávila, están en su acento y sus raíces que se ahondan para nutrir con jugos temerarios, la flor de granado de la poesía. Juana de Ibarbourou; Luis de Góngora, representante del Culteranismo y, el poeta místico San Juan de la Cruz.

De Garcilaso le inspira lo amoroso y lo pasional en su estructuración de clásica almendra; de Teresa el estilo con atrevidos giros populares; de Góngora sus regustos y lo fáctico de la imagen; de San Juan de la Cruz la poética mística y su poetizar hermético de intenso subjetivismo; todo ello, en un espacio de fuertes raíces hispanas, expresado en versos quebrados en la extensión de las estrofas y en el registro del sonido de la canción que con su voz interior tenazmente le habla.

La influencian también de la poesía francesa con los poetas malditos  Baudelaire y Rimbaud, y de Lautremont, que me deslumbra;  los románticos alemanes, Hörderlin con Los cantos a la noche y Novalis, aquel extranjero que pasa por un pueblo con los labios dulcemente sellados de música y, la poesía alemana del grupo Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu) precursor del romanticismo; los ingleses,  el barroco John Donn y el erotismo y ocultismo de William Blake, Yo hubiera querido inventar una cosmogonía como la de William Blake, ¿ves?, haber hecho dioses.

Garcilaso me acompaña en las derrotas amorosas; Santa Teresa me enseña cómo desear a Dios, Góngora se vuelve licor de libertad en mis liras, tercetos y sonetos. El verso es una rayadura perfecta en lámina de oro.

Su poesía evoluciona hacia lo oracular, en un juego entre el  exterior y lo íntimo, lo tangible y lo intangible, lo onírico, lo presentido, el misterio del alma humana.

Sus poemas dejan lugar al deslumbramiento, a las sombras, al desconcierto, a la invocación de los sueños. Es dificultoso integrarla a un grupo o movimiento literario de los que se conforman en los inicios del siglo XX.

Algunos autores como Luis Pastori, da pertenencia literaria de Ana Enriqueta Terán a la Generación del 42, al lado de Jean Aristeguieta e Ida Gramcko. Generación que marchó relegando influencias, en busca de su ajustado acento en un esfuerzo de acrisolar el estilo, trabajando esencialmente la imagen e infrecuentando la metáfora. Una poesía desenfadada, agitada y ligera.

Lo fundamental en Ana Enriqueta Terán su la pureza, la calidad de su lenguaje, que siendo en todo momento compuesto, logra transmitir, no obstante, un fervor de intimidad rico en matices y sorpresas. Su obra tiene una noble calidad arquitectónica, excepcional en nuestro medio.
Hay poemas suyos que hacen pensar en una conjunción inexplicable del dominio formal y lingüístico y de una capacidad vehemente de extroversión sensual y sensorial. Admirable poeta alejada de capillas y tertulias, de alianzas y complicidad de eso que se llama la vida literaria, y cuya percepción poética, quizá por eso mismo, tiene una penetrante mirada, es decir, una esclarecida conciencia de la creación.  Juan Liscano.

Quienes la han oído leer sus poemas en público quedan sorprendidos por el tono casi imprecatorio con que los lee. Contrasta la dulzura de muchos de sus sonetos con la fuerza que imprime a su voz, es como si quisiera gritarle al viento lo que en su alma discurre. Rafael Arraíz Lucca.

-1946. Publica su primer libro Al norte de la sangre, en Ediciones Suma, que dirige el poeta y crítico literario venezolano Juan Liscano. Es apadrinada esta publicación por el poeta de la Generación del 18 Enrique Planchart, director de la Biblioteca Nacional.

Este mismo año, ingresa en el servicio diplomático como agregada cultural en la embajada de Venezuela en Montevideo, Uruguay, relacionándose con destacados intelectuales.

El poemario Al norte de la sangre se apega a las formas clásicas; lo conforman sonetos con las rigurosas formas y la métrica, donde el verso orgulloso y torneado está sometido al ritmo y la estrofa a la rima; pues es esta poetisa conocedora a fondo del idioma castellano. Trasiega el tema amoroso, el canto al deseo, a la ausencia, al fugaz deleite del amor. Trascendiendo el canon clásico, alejándose de la Generación del 42 en la que algunos autores la han situado y, mirando hacia la modernidad.

 Te mueves, enarbolas tu sangre y tus cabellos,
bestia mía dorada que fluyes en la sombra.
¿Qué palidez obliga tus pesados corales
y llena de presagios tu limitada forma?
(…)
El agua detenida en morenas vasijas
copia los pasajeros tintes de tu materia,
te escuchas en el denso fuego de tus rodillas
y en la luna creciente de tu vientre de cera.
(…)
Te he visto recoger amapolas y arenas
debajo del bramido del árbol insomne;
te he visto revivir antiguas madreselvas
y retener paisajes de música en la noche. 

¡Qué misteriosa lumbre cruzas para mirarte
en el hijo rizado de otra sangre y penumbra!
el amado te llena de tibios universos
por el aire silvestre que ronda tu cintura.
(…)
Odas. Presencia Terrena II. Al norte de la sangre. (A mi cuerpo).

La estructura de su lenguaje se acogerá a la estructura clásica, así como en algunos casos seguirá la estructura romántica, usando mucho el encabalgamiento y la unión de grupos sintácticos.  Vilma Vargas.

-1949. Publica en Montevideo, Uruguay, sus poemarios Presencia terrena, prologado con el soneto Díptico de Ana Enriqueta Terán del poeta Juvenal Ortiz Saralegui, y Verdor secreto, prologado por la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou:

Se ha hablado mucho de la femineidad en la poética americana. Pocas, quizás ninguna mujer aparte de nuestra Delmira, tienen como Ana Enriqueta Terán ese místico y ciego arrebato que da al desnudo de cuerpo y alma, tal divina pureza de antigua estatua. La soledad es su sino, un sino fecundo como el de la semilla aislada, palpitante entre el óvulo vegetal; como el de la perla entre la valva hermética; como el del ser que aún no ha nacido y crece hacia su destino entre la sagrada y cálida oscuridad materna.
Para Ana Enriqueta Terán, su verso es precisamente eso: una misión. Su voz se alza con el coraje y la gravedad de las revelaciones. La poesía es su poderosa aventura. Juana de Ibarbourou.

En ambos poemarios, Ana Enriqueta maneja admirablemente la forma poética del soneto en cuartetos (estrofas de cuatro versos) tetraendecásilabos (de  arte mayor, de catorce sílabas métricas).

En Presencia terrena, la poeta escribe sobre lo terrenal ceñido a su cuerpo y a un espacio manso, hogareño, que más adelante desarrollará en el poemario Música con pie de salmo. En Presencia Terrena, la poetisa acude al verso alejandrino, al ritmo calmo y reposado; se está preparando para los versos libres y extensos de los poemarios que escribirá posteriomente:

Qué fragor en las crines, qué lamento
de cuello hasta los belfos enquistado,
resbaladas llanuras el costado:
¡caballo blanco por mi solo intento!

Copian sus ojos el paisaje lento
y un árbol en el fondo gime anclado,
los tientes del azul y del morado,
trepan sus ancas, siguen en el viento.

Huye de mí, se pierde en la verdura
de las yerbas crecidas, adelanta
su pecho hasta el poniente y la espesura,

huye de mí como una racha oscura
y blanco desde el pecho a la garganta
en el fondo de mí canta su albura.

A un caballo blanco.

 Quiero dejar constancia de mi sangre, mi sangre
que ama las tierras altas y las tierras dormidas,
quiero dejar constancia de mi cuerpo en las sales
de los futuros cuerpos erguidos en la brisa. 

Toda la sinfonía vital que me circunda
Asciende en lento fuego hasta llenar mi oído
De caracoles albos y de manchas fecundas,
Que son como de amor, o de muerte, o de olvido.
(…)

Oda.

El poema Canto I, dedicado A un árbol, del poemario Verdor secreto,  su poemario más clasicista, es un extenso poema conformado por treinta cuartetos; de él son los siguientes fragmentos:

(…)
Las sustancias lunares
¡oh! vegetal que ciñen tus memorias,
son ávidos lugares
de muertes transitorias
sobre la amarga flor de tus memorias.
(…)
¿Qué noche te sostiene en tu inerme
en tu inerme vigilia levantado?
¿qué día te contiene
cuando gimes anclado
en la corteza, tierno desgarrado? 

¿sabes tú de la densa
sombra de la cadera, reconoces
en el rostro la inmensa
hoguera de los goces,
la entreabierta dulzura desconoces?
(…)
Serán tus ramazones
¡oh! ¿vegetal el día que demora?
Escucha mis razones
terrenales o implora
tu savia el vuelo de lo que se ignora.

Canto I. A un árbol.

 -1949. Es designada por el Gobierno Nacional de Venezuela, delegada ante la Asamblea de la Comisión Interamericana de Mujeres, que se reúne en Buenos Aires, Argentina.

 -1950. Es nombrada agregada cultural en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, donde establece amistad con Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, y una gran amistad con el poeta español exiliado Ramón Alberti a quien había conocido en 1946, y llamaba a la poeta por el apelativo la guaricha. Promueve en la capital porteña, una exposición plástica de los pintores Gabriel Bracho y Ramón Vásquez Brito, con los que entabló una profunda y leal amistad y los que realizaron hermosos retratos de la poetisa.
Conoce al político nicaragüense  Augusto César Sandino y con él, el sentido del gran mestizaje que caracteriza al hombre americano. A partir de allí se considera “soy una poetisa mestiza”.

-1951. En Buenos Aires, escribe el poemario Testimonio, cuando vive en la calle Nauhal Huapi, en la región de Neuquén, al sur de los lagos, Argentina.

-1953. Se encuentra en París, Francia; allí vive durante dos años; se aloja en la casa de la pintora venezolana Aimée Battistini, y coincide con el grupo de artistas venezolanos Los Disidentes. Comparte con personajes como Pablo Picasso, Wilfredo Lam, Oswaldo Vigas, Pascual Navarro y Víctor Valera.

Escribe la primera parte de su poemario Música con pie de salmo. La poetisa mantiene en sus versos, su temperamento vehemente,  y se empieza a alejar de las influencias clásicas y la seriedad sintáctica, fortaleciendo el brillo de las imágenes. La casa en estos poemas, es un símbolo que Ana Enriqueta utiliza para poetizar los recuerdos de la infancia y la familia, el terruño y la patria, y donde ella misma es el centro del poema, es la diosa de la creación, es una profetisa en un canto a sí misma al que acuden las imágenes  de la flor, la piedra, las especias, las lenguas, los reinos, los legados… un riqueza  que le permite a ella y luego al lector, rehacer las visiones de los recuerdos mientras la evocación se embebe de lo imaginado.

Es la hija del platero
trae mensajes de los dioses
y ofrenda a ningún dios.
(…)
Es la hija del platero, sus tramos de especias dulces,
sus joyas esenciales olorosas a continentes inmersos,
a doncella de ubres metálicas y cabellera herrumbre.
(…)
Hará memoria de reinos y heredades primigenias.
Calzada con lenguas vivas tomará para sí
Las anunciaciones y los símbolos. Es la hija del platero.
¡Oh saludable visión de este lado oscuro.

Saludable visión de este lado oscuro.

 El enigma se impone como sustancia del poema (…) la imagen es la esfinge de doble y triple ser y su lectura supone descifrar los enigmas de todas las esfinges. José Napoleón Oropeza.

(…)
Casa mía, casa nuestra tantas veces pálida.
Semejante a esa flor que se hace oscura en la memoria
para luego volverse con otro rostro
desconociendo el sabor de las águilas
del pabellón sólo de belleza,
todo de un golpe en el pecho del aire.
(…)
Hubo perros como agujeros negros más oscuros en la sombra.
Inmensa extendida sobre el muro dibujaron el águila.
También números, perfiles, contorno de una mano izquierda.
Espuelas silenciadas:
altas estrechas rodillas de los capitanes agrios.

Recados al hermano mayor III, IV. A Luis Daniel Terán. (Música con pie de salmo).

 Ritmo, bostezo al margen de las catedrales y los himnos.
Jamás corroborada en atrios ni en torno de injustas hogueras.
(…)
Huiré del espejo inconsolado donde se mira la hembra sin reino
sin lenguaje, sin aves de estirpe dulce y huellas solemnes.
Rosa, hija mía, este mi legado, mi crueldad,
mi comportamiento de bella ciega
frente a los súbitos palacios que se desprenden de la noche.

Preguntas y legado final. (Música con pie de salmo)

En su poética el deslumbramiento idiomático, la hermosura de la resonancia, la resignificación de la existencia, la torcedura sintáctica, todo ello confluye privilegiadamente haciéndonos traspasar alternadamente de la luminosidad a la oscuridad.
Sigue ejercitando con maestría los sonetos, los tercetos, las décimas, las odas, las endechas, los madrigales, las liras, y en la segunda parte del poemario, comienza a adentrarse en los maravillosos dominios del verso libre, en la vanguardia.

Toda una amplia y asimétrica casa de hablas, sin la menor duda, en el más pleno sentido de las dos palabras y dentro de dos registros, a partir de dos poéticas a primera vista irreconciliables: eso es lo que ha construido con su obra Ana Enriqueta Terán.  Alfredo Chacón.

-1954.  Retorna a Venezuela, donde publica en la Colección Cuadernos Cabriales Nº 1, del Ateneo de Valencia, dirigido por el poeta Felipe Herrera Vial, el extenso poema Testimonio, que ha sido escrito en 1951, en una sola noche.
En este poemario, la poetisa desea ser una mujer de barro, de agua y mestiza. Está acompañado de cuatro dibujos realizados por la misma autora.

Una tremenda ansia de vuelo la acompaña. Detenida en sus álamos, frutas, playas. Encantada en sus araucarias, oyendo la flauta primitiva de un pastor de torso vegetal moviendo la campiña con una caravana de bisontes. Soñando, lo dice en Testimonio, con los claros pedestales de los niños, huyéndole a las irascibles campanadas, tomándoles el peso a las amapolas con su lebrel de cantos y manzanas y los labios abiertos a los vientos.

Ana Enriqueta Terán es huésped de la ciudad lírica, Gran Capital del Sueño, con su oscuro río, ondulante como una serpiente. Los mangos y samanes de nuestros grandes patios le dan su sombra grata. Herrera Vial.

Extractos del poema Testimonio:

Soy yo, soy yo quien ama, dadme paso
y no toquéis mi sangre, mis cabellos
(…)
Han dudado de mí los tiernos álamos
que dijo el eco abierto de las playas,
el desolado gris de la ceniza;
(…)
Me negaron acaso los espejos?
¡Ay! cualquier arboleda me conoce
porque vengo de pulsos primigenios,
(…)
Conozco el sitio de las araucarias,
el agua triste de sus direcciones,
sus veinte pisos de ángeles silvestres.
(…)
Decidme, cuando deje los extraños
huracanes orgánicos y fuegos
donde batalla el hoy que me sustenta:
¿quién mirará por mí tiempos de acero?
(…)
Perseguiré mis ojos tercamente,
perseguiré mis manos por el tiempo,
por tierras abonadas por mis zumos;
haré preguntas vegetales y hondas:
Donde han ido mis ojos y mis sienes
(…)
Dadme mis manos para asir la llama,
quiero mi piel, mi vientre, mis rodillas,
mis médulas extrañas, reciedumbre
de soledad en soledad ardida.
Estoy sobre mí misma, digo: existo.
(…)
Quitadme las palabras; soy la tierra.
Solo conservo recios panoramas,
latigazos de América en los flancos,
silentes muchedumbres arboladas
con algo del mandato que obedezco.
(…)
No soy, ya sé, como la noche quiso
(…)
No soy, ya sé, como la muerte quiso:
(…)
No soy, ya sé, como la vida quiso,
(…)

Colabora en las prensas caraqueñas: El Nacional, El Universal, y la Revista Nacional de Cultura y, en Repertorio Americano de San José de Costa Rica.

-1955. Se casa con el ingeniero de origen español, natural de Vizcaya, José María Beótegui; se han conocido en 1954 en un acto en el Ateneo de Valencia, cuando se presentaba el primer número de la revista literaria Cuadernos Cabriales,  y se radican en La Entrada, en la ciudad de Valencia del estado Carabobo.

-1959. Es electa presidenta del Ateneo de Valencia.

-1962. Se traslada a Morrocoy, pueblo de pescadores en la costa del estado Falcón, donde vivió por espacio de ocho años. Allí nace su única hija Rosa Francisca. De allí a San Antonio de Los Altos, luego a la isla de Margarita y después a Jajó, un antiguo y hospitalario pueblo colonial de los Andes venezolanos, al sur del estado Trujillo, donde vivirá once años.

-1964. Recibe el premio José Rafael Pocaterra, del Ateneo de Valencia,  que comparte con  Beatriz Mendoza Sagarzazu.

-1968. Regresa a Valencia, de allí a Caracas, y de nuevo a la isla de Margarita.

-1970.  La poetisa declara:

Amé mi cuerpo y todavía no he logrado zafarme de él. Se envejece muy lentamente; pero, cuando sea una vieja de verdad, mi poesía ganará en lucidez y será infinitamente más libre.

-1971. Después de casi una década de silencio, Ana Enriqueta Terán, publica el poemario De bosque a bosque, por Arte en Ediciones del Congreso de La República, en homenaje al Sesquicentenario de la ciudad natal de la poetisa, Valera.

Estoy en mi vivir como sabiendo
el destino de gentes y ciudades,
las hoscas gentes de mis soledades
que en mi secreto ayer van padeciendo.

Mi despojada sombra voy siguiendo
sobre números, puertas y ebriedades
de anaconda ceñida a las edades
inconsoladas de algo persistiendo.

 Algo de mí que cruza, se atraviesa,
se vuelve silla azul, tacta el aroma
donde estuvo el color y hace la rosa.

La rosa de mis huesos que no cesa;
exacta, tumultuosa, prediciendo
algo de mí que besa a quien no besa.

Soneto intuitivo.

Recuerdo cómo fuiste y dónde fuiste
mezcla de viento y cielo enfurecido
y entresoñado silabario triste.
(…)
Hubo patio interior y barandales
que traspasaste libre y encendido
con tu amarilla venda de turpiales.
(…)
Aún después de ti mismo sigue alerta
tu inmensa sombra de ángel desvestido,
tu verano, tu lámina despierta.
(…)

Elegía a un samán.

todas estas voces, todos estos entusiasmos del Siglo de Oro avanzan y retroceden, como la resaca marina, Ana E. Terán; resplandecen como el girasol abierto hacia la acción giroscópica de la luz –porque gira el sol-, y, por tanto, depositario del tiempo, del más actitudinal fulgor contiguo a la tierra, a la visión cósmica del quehacer cotidiano distribuido “en el papel diáfano del cielo”, tal como dice Góngora en Soledad Primera. 

Pedro Cuartín.

Necesito un anillo delirante
para la oculta sobra de mi mano,
un archivo de mar para el verano
y documentos de agua suplicante. 

Para mi mano un riguroso guante
de piel del tiempo y pensamiento vano
y la mesa de juego donde gano
contra la muerte mi color menguante.

Una sortija de algas con países
y lenguas diferentes, con nocturnos
bisontes y cuadernos vegetales; 

para mi mano los rebaños grises,
las edades de tactos taciturnos
y el pulso de los secos minerales.

Soneto del deseo más alto.

-1975. El poemario Libro de Oficios, es publicado por Monte Ávila Editores, en Caracas.
En los versos de este poemario, Ana Enriqueta se reconoce no solo como poetisa, sino que además, hace de su nombre la médula de su experiencia. Se deslastra del romanticismo tardío donde la mujer es la “musa” y será la poetisa misma la celebrante.

(…)
No la firma, sino el nombre completo en los calveros del poema:
ANA ENRIQUETA TERÁN.
ANA TERÁN.
ANA TERÁN MADRID.
Me gusta ese nombre. Esta soledad y raro artificio que se desprende de mí hacia la profecía. Que es yo misma recorriendo las islas, el espacio comprendido entre mi desamparo y las escamas, anillos y mordeduras del CLIMA.

El nombre.


La poetisa recoge hierba de entretiempo,
pan viejo, ceniza especial de cuchillo;
hierbas para el suceso y las iniciaciones.
(…)
Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,
carbón mucho frotado en mejilla de aldea lejana.
Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.
La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

Se alaba esta casa plena de recursos seculares: se hace el pan.
Se hacen manteles, sábanas. La mesa está servida. Se ocultan |fechas,
malas horas, ciertas plantas, ciertas plantas. Pesadumbre:
fogón con rescoldos de días anteriores: banderas, banderas.
Se ausculta el cielo: hombres que conversan debajo de los árboles;
se tiñen las botas del primogénito con jugos de acanto.
Se alaba esta casa visitada por la humildad
Y CORONADA DE BUENOS DESEOS.

Se alaba esta casa.

La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.
Se comporta como a través de otras edades de otros litigios.
Ausculta el día y sólo descubre la noche en el plumaje de otoño.
(…)
La poetisa ofrece sus águilas. Resplandece en sus aves de nube profunda.
(…)
La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.

Piedra de habla.

En los poemas de este libro, se persiguen los giros trascendentales de la mujer que coexiste entre las colinas de un altozano y la margen del mar.

Oír a Ana Enriqueta Terán cuando lee sus poemas, es tan impresionante en su manera de hablar y gesticular, como son sus versos; pareciera transformarse en un ser mediúmnico que concede visibilidad a lo invisible. 

-1975. Escribe el poemario Casa de Hablas.

Ni la agilidad zurciendo venados en el resuello.
Ni la juventud a trancos de durazno y sonrosada andadura.
Ni la belleza en su nicho de aire implacable.
SOLO LA LIBERTAD.
SOLO LA LIBERTAD.
Sólo la libertad.

Os presento la perra de oro macizo
babeante de pedrerías en el enojo circular,
alerta a cambios, sutilezas y merodeos del silencio;
perra abismal surgida de cuanto se resiste a la dicha,
de cuanto amenazante, extiende sábanas para la delicada vigilia.
Os presento perra de humo en latitudes de mármol griego,
deseosa de estatura final en lo ya respirado.
Perra blanca hasta el hueso de luz centrada.
Blanca, con listados de algo más que blanco para el ceremonial inaudito.

Enojo circular.

 -1980. Regresa a los Andes venezolanos, con un nuevo poemario terminado Libro en cifra nueva para alabanza y Confesión de islas, que publica Monte Ávila en Caracas.

En los versos de este poemario, la casa se recrea como tierra, como morada, es una casa franca, penetrada por la luz tropical, las oscuridades y la quietud, en la que la poetisa Ana Enriqueta es una joven hechicera. Se expresa en un lenguaje oracular con una voz indeterminada en diálogos secretos, en el que abundan los hipérbatos al variar el orden natural de las palabras en un uso deliberado de lo antiguo y una voz misteriosa.

Sin llorar ni quejarse, perdiendo puntos en el extrañísimo juego.
Oyendo propia habla que empuja, destruye florecillas de agobio.
Acusa y luego se arrastra para disfrute de nuevo avance
Sin cuadernos, real puramente vacíos. También sombra,
avance en lo oscuro para entregar carta, dulce despego,
olvidar costumbre, techo mejor, camas, armarios, valsecitos de |aquella gente,
                                 pasiones y rangos de aquella gente,
mientras el niño vuela su papagayo dorado.

Avance en lo oscuro.

 -1985. Se publica Música con pié de salmo, en la Colección Actual, serie Poesía del Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes, Dirección General de Cultura y Extensión de la ULA. Mérida.

Mira hacia su abismo interior y atisba con luz penumbrosa. De su rostro magnífico, que recuerda igualmente al pájaro y la mariposa, sus ojos revierten la infancia y vuelve a ser la niña sorprendida de voces ocultas y relámpagos, pero al instante se  remonta al espíritu más remoto y deambula y averigua para recoger como en palmas benditas las imágenes terrible y sagradas de un acontecer extraño, suyo tan solo en la memoria de la especie.  Ramón Palomares.

 -1987. Libro de Jajó. Poemario escrito durante su permanencia en ese pueblo trujillano:

Este es vuestro árbol. Así era. Así es,
Pájaros tejen en su aliento coronas de éxtasis.
Brisas aseguran siseos para el acecho del halcón.
Aires enhebran pálidos huevecillos de miedo.
Ella se oculta en propia cueva donde permanece niña.
Allí rememora encajes, participaciones y requerimientos maternos.
Luego vuelve a su estatura de anciana
Cuya sombra se funde en perspectivas de soledad y de nieblas.

Así será. Así es.

 Madre escancia vinos de nueva altura,
Se sitúa en espacios de aliento para recibirnos.
Padre, su cabeza crestada en niebla,
su entrecejo bordado en alto como despliegue y sabiduría.
Madre acogida a signos mayores: <<Estoy>>. <<Soy>>. Oh!
desgarrada.
Padre nos ofrece una flor a cambio de su fino, inenarrable silencio.

Padre y Madre.

-1989. La Universidad de Carabobo, en Valencia,  le concede el Doctorado Honoris Causa en Educación, lo recibe con su discurso De oficios y de nombres. Cuando lee, sorprende el tono exclamatorio que contrasta con la ternura de sus poemas; le estampa a la voz el grito interior que en su esencia fluye.
Este mismo año, le es conferido el Premio Nacional de Literatura, y los integrantes del jurado son: Adriano González León, Lubio Cardozo, Manuel Alfredo Rodríguez, Luis García Morales y Oswaldo Trejo:

La labor creadora, el retiro a la soledad y la alegría de sus duendes interiores, hacen de Ana Enriqueta Terán una presencia literaria fundamental.

Cuadernos Cabriales en su número 50 publica una Antología de la poeta.

-1991. En la colección Altazor, Monte Ávila Editores publica Casa de Hablas. (escrito en 1975) Obra Poética. Prólogo y compilación de José Napoleón Ortega; apéndices críticos de Juana de Ibarbourou y Ramón Palomares; datos de la vida y obra de Ana Enriqueta Terán proporcionados por su esposo José María Beótegui; el discurso en ocasión del Doctorado Honoris Causa De oficios y de nombres de la poetisa.  Se incluyen los títulos nuevos: Sonetos de todos mis tiempos, Libro en cifra nueva para alabanza y Confesiones de islas, y los escritos en el pueblo de Jajó Casa de hablas y Casa de pasos.

En Casa de pasos, la casa es ahora silenciosa, ella es ahora, el lugar para el augurio de la muerte en unos poemas que abrazan el acaecer del existir, alejados de conformidades cristianas:

Ni árboles bellos, ni casa ni recuerdos como perrillos del bermejo
ni sonreír despacio después de promesas que no se cumplen. Rabias.
No rabias. Más bien se mira pobreza y castidad del día.
Tres, cuatro palabras acomodadas en lugares de miedo.
Tres, cuatro palabras mientras lo desmesurado y exacto
mancha torso de mi padre y madre derechura de santidad

Santidad del bermejo (A Luis Daniel Terán).

Rodillas dobladas pero no se cansan.
Extienden linos ya trabajados para zaherir la ventisca.
Son crueles y exacerban hollejos de tacto en suavidades de aire.
Ella se aferra a la palabra, sobrevive con la palabra.
Busca cuchillos y tasajea cantos de pájaros. Zureos y rasos de  mejilla.
Sólo que la sombra de un ave traviesa, ennoblece la página.

Zureos y rasos de mejilla.

 -1992. Se publica Albatros en la Colección Actual, serie Poesía del Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes, Mérida.

Entre el cielo, el mar, el aire y el albatros crea la sintaxis poética en sus versos, donde cada elemento es metáfora que expresa la penumbra y la claridad. El albatros cruza a través del aire,  el cielo, gravitando la existencia de lo impalpable, lo etéreo y lo visible, lo palmario, sobre el mar y sus texturas.

Abajo mares voltean sus fardos espesos,
su linfa gruesa de alevines y esporas,su retorno a principios con
densidad y textura de amor

Se pagan alturas, zonas de transparencias, legajos.
Oscuridad de quien traspasa límites acostados a vuelos.

Aire, mismo aire por corrientes y líneas llanas
puntas semejan aire en terminación y despeño del ala.

Espesuras de entorno para retomar lo perecedero.

Siquiera albatros abriendo puertas de aire, de soledad incorruptible

Vuelan inmersos en círculos de protección y delicia.

Y, junto al vuelo, la sangre, en la sintaxis reiterada del verso que gravita y levita.

Ana Enriqueta Terán, en su poesía, después de hacernos habitar la casa de la infancia y de los oficios, y de revelarnos en la naturaleza la extensión de la sensibilidad poética, inicia el vuelo con alas de albatros, por los cielos límpidos de su estremecido corazón de diosa  Víctor Bravo.

 Albatros, el poemario de Ana Enriqueta Terán, nos brinda, en festiva concurrencia, la poética de una obra de la sensibilidad que celebra la vida al hacer visible, por arte del vuelo y del latido, el fundamento de lo permanente. Víctor Bravo.

 -1994. Finaliza dos poemarios, Poemas en verso libre y Autobiografía en tercetos trabados con apoyos y descansos como Luis de Góngora.

 Empezó siendo neoclásica como Sara Ibáñez que pudo haberla influenciado y brindó en liras, sonetos, tercetos, de impecable factura, su largo monólogo, su meditación sobre sí misma. Melancolía pausada, pasión retenida, orden clásico, sensualidad serena y noble, ardimiento secreto. Juan Liscano.

Su casa en Jajó, cerca de Valera, es actualmente, el centro cultural Casa de Hablas, en honor a la obra homónima de la poetisa; y funciona como museo histórico dadas sus características arquitectónicas del período colonial.

-1995.

¿Regresa a viejos textos?

No, ahora estoy buscando a Luis de Góngora. He tenido diferentes etapas de mi vida. Garcilaso se quedó en mi libro Al norte de la sangre, fue el nutrimento, pero Góngora no se ha gastado, no se ha muerto, ha seguido. Poemas eventuales, mi último libro lo traje para revisar caminos. Ese nombre me encanta. Conversación con Ana Enriqueta Terán.  Luis Alberto Angulo. Valencia 1995.

 ¿Y el paisaje interior en su poesía?

Yo me nutro de un entorno y meto ese entorno dentro de lo íntimo mío. Para mí lo excesivo no es un estorbo, creo que soy excesiva, que mi idioma es excesivo. A mí misma me asusta, porque se me puede devolver, pero creo que es un entorno digerido en la intimidad. Es lo que pienso.

Conversación con Ana Enriqueta Terán. Luis Alberto ángulo. Valencia. 1995.

-2006. 15 de junio. Se publica el poemario Construcciones sobre basamentos de niebla, Monte Ávila Latinoamericana C.A.  Con prólogo del poeta trujillano Ramón Palomares un magnífico regalo, un bello regalo.

En este poemario, Ana Enriqueta trasciende su individualidad a través del verso que nos revela el paraje sombrío de lo hierático que nos habita, en una exploración de la  intimidad, donde el poema nombra el tiempo y el espacio de las memorias propias y ajenas a través de los recuerdos, la nostalgia y la melancolía que se acrecienta ante la conciencia de la finitud, de la muerte:

Que representa junio en hombros del padre hundido
en nostalgioso
comienza
qué haciendas deslizantes a fuerza de palmeras
que llegan al mar

Que representa junio.

Una poesía que instala la duda y la incertidumbre, la desolación y la melancolía en la vastedad y pasión de una existencia que ahora se interroga a sí misma. Douglas Bohórquez.

Nostalgia o no, estuvieron bajo sombra,
palparon cortezas con dibujos de corazones enflechados,
papeles como desgastes de amor sobre volando a ras de suelo
Pequeño atavío: un pequeño tango en casi frente y altura
de la tarde.

Recordatorios de paso y sombra.

La memoria del tiempo, los recuerdos tejidos sin olvido, revelación y tiniebla, ascenso y caída, memorial de una naturaleza significada en un tiempo, en coloquios misteriosos y luminosos:

Cubrir piel con tatuajes de buen decir,
porque se dice, se nombran plumajes pulidos por la intemperie
pero están en edad, despego y este sabor de morir a trocitos. 

Sombras menores.

Con trozos de tiempo organizar malla esencial
donde se adhieren puntos de rigurosa tersura,
color y forma penetrados por severos ensambles
por líneas febles reverenciando pequeña flor,
o fino transporte de palabra a bocetos de miedo.

Contribución a bellas presencias.

 -2014, junio. Escribe la novela Apuntes y congojas de una decadencia narrada en tres muertes.

 Aunque están presentes los siglos XVIII, XIX Y XX, no se trata de una novela histórica. Es como un friso de época en el tiempo.

Siempre he sido fiel a mi idioma y a la poesía castellana. Creo que poca gente se ha sentido en su lengua como me he sentido yo. No tengo ninguna nostalgia por otro idioma.

Ana Enriqueta Terán se vuelca íntegra y apasionadamente en su creación lírica con su palabra ardorosa, enteriza, sin reservas, pulsando el arcano en sus vigorosos poemas. Ella, nos regala en sus obras, su desenfado vital, irreverente, sugerente y directo, es el placer de quien escribe desde el amor y con libertad.

Para Ana Enriqueta Terán la poesía es un acto de iluminación sagrada. Nace de una necesidad impostergable de nombrar, como la más alta pero también lujosa manifestación de la sensibilidad y la inteligencia. Douglas Bohórquez.

Ana Enriqueta Terán traspasa el brillo del idioma, el oro de las  formas. Se desglosa en pálpitos de Principio y de Final, se asciende tal ave sagrada y acrecienta la altura de su ya alta poesía.  Patricia Guzmán.

-2018, 18 de diciembre. A los 99 años,  la poetisa Ana Enriqueta Terán fallece en la ciudad de Valencia, del estado Carabobo, Venezuela.

-2006, 21 de diciembre. Se le otorga la Orden Libertadores en su primera clase post morten.

Alguna armadura de viejo puente. Un puente
He de cruzarlo en llamas. Arribar al otro lado.
PERMANECER.

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LOS DOS EN SOLEDAD

Todo obliga a ser de ninguna parte
a vivir siempre en la orilla
en la zozobra del viento
enhebrando milagros
mientras
un ángel nos mira
con ojos anochecidos

Véngate tu mi amor de
esta soledad tan nuestra
que desagarra el coral rojo
de la trinitaria
y sus estambres nocturnos
mientras
la solitaria espuma del pleamar
esculpe efigies ajenas

los dos en soledad
hilando el tragaluz del silencio.

María Cristina Solaeche Galera.

 

EL INSOMNIO DE MATÍAS. María Cristina Solaeche Galera

¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
Es tener y contar en la alta noche las campanadas fatales,
es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados (…)
es saberse culpable de velar cuando los otros duermen,
es querer hundirse en el sueño y no poder (…)
es el horror de ser y de seguir siendo,
es el alba dudosa.
Jorge Luis Borges.

La noche llega, el poniente se ilumina con tonalidades nacaradas. Matías es un hombre alto, enjuto de carnes, con una edad que frisa en los setenta, y está es, otra noche mas intentando dormir; se acuesta puntualmente como todos los días, alrededor de las doce y media de la noche; su mujer Florelia ya está dormida

Igual que muchas noches anteriores, se repite el mismo agobio, no logra conciliar el sueño. Da vueltas en la cama, boca abajo, de lado, hacia arriba, se enreda en la sábana, prende la luz de su mesita de noche, y lee unas páginas del libro que está en su mesilla; le escuecen los ojos, ya es suficiente, ya es suficiente, se repite y apaga la pequeña luz de nuevo; en las primeras noches hasta contaba ovejas con los ojos cerrados una, dos,…setenta,… cien… y no terminaría nunca la cuenta.

¿Tendrá que ver con el pensar? se dice. Amigos le aconsejan que ponga la mente en blanco, como si se pudiera vaciar la mente de los pensamientos ¡qué idea tan absurda!

¿Cuál habrá sido el motivo, las causas de no poder dormir? Matías repasa mentalmente los recuerdos y las ideas y cree, que no existen motivos para esta angustiante situación que padece.

La noche se alarga, el silencio se hace más callado aún; Matías escucha su propia respiración. De nuevo, vueltas tras vuelta en la cama, tratando de encontrar la postura adecuada, pero nada sucede, los párpados ni se entornan. El insomnio se apodera de su noche, de otra noche mas, él tiempo y el no dormir se eternizan en un desvelo irremediable.

Se sienta en el borde de la cama con cuidado para no despertar a Florelia, con ambas manos en las sienes, intenta pensar de que manera podrá superar este insomnio que se ha convertido en una tortura.

Se levanta a tientas, busca las pantuflas y de nuevo a rondar la casa otra vez, en ella reina un profundo silencio y se deslizan cómplices las sombras de la noche que dejan su tinte oscuro en los muebles, los enseres, por toda ella. Matías vislumbra la puerta que sale al patio, sale y se sienta en un banco, la brisa nocturnal es templada; pone atención y escucha el rasgueo de una guitarra, es el joven noctámbulo de la casa vecina que toca y compone de noche y duerme de día; anda y desanda el patio, espera con una pequeña caminata cansarse un poco mas de lo que ya está.

Regresa a la cocina con la boca seca y se prepara un te relajante, ni siquiera está soñoliento; Mi taza de te y yo, ambos insomnes, se dice. Nunca, nunca antes de estos infernales veintinueve días, le había sucedido algo así, siempre el sueño le llegaba puntual y reconfortante.

De nuevo entra y se asoma al ventanal de la sala, ve todo en penumbras. La luna con su liquida luz, se derrama sobre las casas, y los escasos árboles del barrio de su calle.

Ralph su gato gris rayado, amodorrado lo acompaña en sus andares, se despereza cada rato al seguirlo en su paseo nocturnal y de vez en vez maúlla incómodo, él aún no se acostumbra a estos paseos nocturnos de Matías.

Es tiempo de vigilia forzada, Matías repasa el techo y las paredes de la casa, detalla manchas que nunca antes había notado; resaltan a sus ojos los exóticos dibujos negros en el pelaje del gato gris rayado, y las delicadas formas de los encajes de las cortinas de la sala, en las que nunca había reparado.

Las 4:20 a.m. y sigue despierto esta noche también. Su esposa duerme placidamente, casi nada altera su sueño.

Poco a poco, noche tras noche, se ha vuelto habitual, normal, no dormir definitivamente nada, y ni siquiera una cabeceada de día; la desesperación lo vence. Ha llegado al extremo, de aguardar con impaciencia el amanecer, los ruidos del barrio y todo aquello que signifique vida diurna, para intentar acoplarse al ajetreo de la vida. Pero, aún es de noche y todavía la luz de la alborada no clarea.

Al fin amanece, Matías ve el resplandor mañanero a través de las cortinas de la ventana; ya se conoce al detalle las variaciones en la luminosidad tenue de ese momento.

No lo agobian problemas familiares, ni económicos, ni laborales. Sus tres hijos son ya universitarios graduados ejerciendo sus profesiones y con hogares felices. No atraviesa desde hace mucho tiempo otras situaciones estresantes que no sean las agobiantes causadas por el pertinaz insomnio. No encuentra causas identificables para esta vigilia nocturna noche tras noche.

Recuerda entre opacidades, aquella primera noche que no puedo dormir; no sé explica que había sucedido que lo trastocó todo; no encuentra razones, ni la más nimia. Al principio, solía repasar mentalmente los sucesos del día, después serían los de su vida Cuántas veces se ha preguntado ¿qué es el insomnio? La pregunta se le hace ya retórica, demasiado bien sabe él la respuesta, se la ha hecho y respondido tantas veces en las avanzadas horas de la noche, mientras el cuerpo se agobia y debilita.

Con gran desasosiego acude a los médicos. Lo encuentran saludable y mentalmente sano, excepto, por ese problema de no poder conciliar el sueño; un insomnio crónico le diagnostican. Unos le recetan distintos psicofármacos para combatirlo, otros, los naturistas, le recomiendan los recursos naturales de diferentes hierbas, ejercicios relajantes, la meditación, el yoga y la acupuntura; recursos todos que han resultado inservibles para su padecimiento.

Los familiares y los amigos lo encuentran cada vez más irritable, extraño, distante. El afable y trabajador Matías se está agriando, su maravillosa sonrisa magnética ha desaparecido, y la desidia en las labores aumenta día a día.

Imaginar que tiempo atrás dormía tan placidamente. Si continúa así teme enloquecer. El rostro de Matías ya empieza a mostrar los estragos del insomnio, y no logra por mas que se lo propone, saber que le sucede, ni el porque. Suele verse en el espejo y preguntarse ¿Qué me sucedió aquella primera noche que se desencadeno este insomnio?

Está hastiado, agotado, muy cansado. La ansiedad lo agita constantemente, no le apetecen los alimentos; está haciendo mella en su salud; sufre de mareos, zumbidos en los oídos y mantiene los ojos rojizos y vidriosos, el rostro siempre ojeroso refleja sus luchas todas las noches por querer conciliar el sueño.

Quizás retomará el cigarrillo, pero… le había prometido a Florelia que no fumaría más, y de eso hace ya casi un año, aunque siempre tiene una cajetilla guardada por si un acceso de ansiedad lo acosa. Y ¡acaso no era su situación desesperante! Fumará, claro que fumará, y enciende el cigarrillo aspirando con deleite.

El insomnio llega siempre, como una gran ola silenciosa, amenazante, imperiosa. Al llegar el amanecer, se retrae, pero queda latente, en espera, acechante durante el día a que la noche llegue, y cuando anochece, se acerca sigilosamente hasta adueñarse totalmente de la noche de Matías.

La noche del 25, Matías, ya por hábito, fatalmente resignado, todo adolorido, se recuesta una vez mas de tantas y tantas en la cama, apenas para intentar reposar algo su cuerpo. Mira A su alrededor echando un vistazo por la habitación que parece girar, siente una fuerte presión en la parte posterior de la cabeza, un hormigueo en sus piernas, y el escozor en lo ojos es tan intenso que le resulta insoportable; llora silenciosamente. Está renunciando a casi todo, que ya es casi nada, no puede imaginar el tener que soportar una noche más así.

Mañana 26 de abril, cumple setenta años y se pregunta en un murmullo a sí mismo:

-¿Tiene sentido alguno seguir viviendo así?-

El mismo se responde:

-¡No, no quiero cumplir setenta y ni uno mas! No puedo resistir más tiempo. –

Los medicamentos, las terapias,, las sesiones médicas, los amigos, el entorno, nada ni nadie consiguió salvarlo de sí mismo y el insomnio a Matías.

Recostado manosea la pistola y con mano vacilante, la coloca a su alcance en la mesita de noche; lo que tenía que hacer lo había ya decidido.

Es domingo, un nuevo día. El cielo es de un azul claro y limpio, el sol empieza a asomar por el horizonte. Amaneció, está vez Matías no alcanza a distinguir las hermosas tonalidades de la luz mañanera.

La pistola sigue en el mismo sitio que la había colocado el anochecer del 25.

Matías aún duerme profundamente.

El insomnio ha sido magnánimo con él, para su cumpleaños, le regaló su indiferencia por primera vez en tantas noches, obsequio que perdurará hasta el final de la vida de Matías.

Después de tanto tiempo, esa noche, Matías había dormido plácidamente.

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LA SOMBRA Y SU GIRASOL. Por María Cristina Solaeche Galera

Mi sombra
no me pertenece
ajena
silenciosa
suspicaz
extraña
herida

anciana como el olvido

cargada de flores nocturnas
invita
a los arbustos resecos
a recogerla
en sus vacilantes ramas
como brazos extendidos

espera
enroscándose en el recuerdo
como se anuda al sol
la sombra y su girasol

asómate amor
al borde de las pisadas
asómate amor
al pedriscal que fue un jardín
lee el poema que no me contiene.

María Cristina Solaeche Galera.

Autor: Luis Alfredo López Mendez
Título: Girasoles de Dalia
Técnica: Óleo sobre tela
Dimensiones: 81 x 101 cm
País: Venezuela
Año: 1959

UNA OBRA DE ALIENTO. Por María Cristina Solaeche Galera

¿Cómo describir mi llanto ardiente, mi odio encarnizado,
la desesperación de haber perdido el paraíso?
¡Oh, para ello se necesitaría ser escritor, y yo no lo soy!
Roberto Arlt.

Hay que seguir, siempre, intentándolo, siempre fracasando.
No importa, inténtalo otra vez.
Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Samuel Beckett.

Al demostrar que la realidad puede ser fantástica,
desperté el odio de los que se habían dedicado a las obras de ficción.
Silvina Ocampo.

Nadie imagina la tragedia oculta en cada letra, en cada palabra, en cada frase que ya no escribo; llevo casi once prolongados años sin escribir nada.

He cumplido los sesenta y cuatro, tengo el pelo canoso, con una calvicie incipiente en la parte superior, tengo una nariz angosta, soy robusto por no decir regordete, me visto de chaqueta oscura y siempre llevo conmigo mi sombrero y los cigarrillos que no pueden ni deben faltarme; sobre cualquier parte del apartamento, suele reposar a la expectativa mi taza de café ya vacía con una colilla de cigarro aplastada en su interior. Tras dos fracasos de vida en pareja, decidí vivir solo. Me apellido Persale y mi nombre de pila es Horacio.

Antes, me bastaba ver a los ojos que me mirasen o no, escuchar las disímiles resonancias de las risas, el latido del paisaje y abrigar la vida que desborda en alegrías y sufrimientos, para que el ingenio de la escritura de ficción en contraste con la realidad, fluyera en cada trazo que escribía; todo lo que me rodeaba era mi aljaba de flechas mágicas, las que disparaba en trazos sobre el papel; ello me aseguró un espléndido destino como escritor, mi arsenal literario era continuo y me prodigaban elogios por mis novelas de ficción.

Después del éxito bullicioso que causaron mis publicaciones, mi entusiasmo decayó violentamente, se produjo un desmoronamiento. Algo ocurrió que no sé explicármelo. Algo que me llevó a no querer escribir más ficción. Miro hacia adelante, y el día de hoy, experimento el pavor del escritor que barrunta que ya escribió todo lo que pudo y no puede escribir más.
Kirkegaard afirmó, que la vida se vive hacia delante, mas es entendida hacia atrás.
Infecundidad, no garrapateo ni una línea. Me llamaron autor de ficción, me escucharon, me leyeron, me elogiaron, y de pronto, me encuentro con que soy incapaz de crear una frase original que justifique mi don y mi prestigio como escritor de realidades.

¿Cuándo publicas de nuevo? ¿Sobre que estás escribiendo? ¿Qué universo recrearás? ¿Cuál nuevo mundo fantástico nos espera? Preguntas discretas, indiscretas, irónicas o francas.

Me prometí enérgicamente muchas veces durante estos años en blanco, escribir un nuevo género literario: la narrativa autobiográfica. Tengo que atreverme y aventurarme a enfrentar la vida interior; que la obra sea vivencias propias, el retrato literario de un rostro, el mío.
Ya lo dijo Saramago “Se vive para decir quiénes somos”.
Pero, todo parece inútil, como si fuera una esperanza desproporcionada con mi propia realidad o una absurda terquedad creadora.
Sin embargo, con amor propio de escritor, me propongo empecinadamente escribir de nuevo sin cavilar; embriagarme de propósitos, incitar a la lucidez que precede a todo acto creador.

Me encierro en el escritorio y me apoltrono en mi sofá-cama de espaldas a la ventana; por la que penetra un alegre solecito y asciende de la calle un ruido estridente de una sirena a la distancia. A mis pies echada siempre, Mirol, una perra callejera color arena, con un rabo cansado y un corazón siempre dispuesto a acompañarme, que había llegado a mi puerta agobiada por el abandono, y lleva conmigo cerca de nueve años, me sigue a todas partes, persistentemente, con la comprensión del que lo entiende todo en su mirada. En una estantería de la biblioteca permanecen ordenadas todas las ediciones de mis libros; fumo concentrado en vigilar las caprichosas volutas de humo a contraluz y saboreo un aromático café, calzo mis pantuflas de felpa, silbo, jugueteo con las teclas de la computadora, las cuartillas y los bolígrafos, me levanto, me siento o recuesto de nuevo, doy vueltas en la habitación; solo entre cuatro paredes, solo de soledad, solo de solamente; a la espera de la maravillosa fuerza que me inspire una escritura valiosa. Lo único que me provoco, son accesos de tos por el tabaco y el agobio de un ermitaño, además, parecen no faltarme nunca motivos inventados o no, para interrumpir mis propósitos.

Por más que insisto, por más que me grito a mí mismo que soy un buen escritor, que ya lo he demostrado durante mucho tiempo, quedo inmutable frente a la página en blanco del papel o ante la pantalla limpia de la computadora.
Hago tentativas de provocar a la inspiración, de infiltrarme en mi subconsciente, todo es infructuoso, me indigno contra mi incapacidad.

Al adentrarse la noche, me asomo a la ventana de mi undécimo piso donde vivo; desde ella, se ve un fragmento de la ciudad iluminada, un brazo de lago y una escasa hilera de coches. Un leve resplandor irradia siempre a esa hora la estancia, es como un aura blanca resplandeciente con sesgos amarillos, es la curiosa luna acechándome con claridad indiscreta. Afuera, en el oscuro cielo, se erige para mí el universo del sonido del lenguaje, se recrea cada noche y se deleita en sus voces, mientras yo, me quedo inmóvil en el mundo del silencio y ya no acierto a imaginarlo. Al despertarme en la penumbra que antecede al amanecer, busco a tientas los restos del sueño que permanece en mi conciencia y no los encuentro.

Cualquier trama que me sugiere la mente, ya la había escrito con anterioridad; necesito crear una nueva obra que me de el frenético hálito que tuve en el pasado, Una obra de aliento, así llevará por título, hasta he pensado utilizar un seudónimo; me urge escribir un libro sobre la desolación del escritor que ya no logra escribir, me hastié del tema de la ficción y trato de desviarlo radicalmente; quiero escribir mi historia, el testimonio de cómo un literato permaneció y emergió de la bruma después de once años de esterilidad. No pondré al narrador a contar cosas, seré yo mismo quien las estaría contando, pues el espacio entre el autor y lo que se cuenta, suele estar ocupado a veces por el narrador como intermediario. En la autobiografía hablaré conmigo mismo; me transformaré en dos personajes que mantienen entre si un diálogo donde nadie nos interrumpe, el escritor y el yo ficticio paciente y perverso al cual me dirijo y que siempre está presente, ve y escucha cada palabra. Reconozco que parte de mi interés en escribir una autobiografía, es poder revelar lo oculto mío que sólo yo conozco y estoy convencido, y que el lector busca develar esos secretos. Es momento de poner la vida del escritor que soy en mi escritura, donde el lenguaje elige como el yo se va a configurar tanto en la grafía como en la lectura.

Las semanas, los meses, los años, transcurren en la habitual progresión de los días; saco la basura, leo las noticias, como frugalmente, hago diversas llamadas telefónicas; al anochecer me voy al bar de la esquina a compartir con los amigos, allí, la bebida y la música me trasladan a universos invariablemente fantasiosos. Compañeros de diversión etílica, escuchan atentos las fantásticas historias que les relato; en mi quehacer literario había aprendido varias palabras en distintos idiomas y las intercalaba en la conversación, ellos estaban convencidos que yo hablaba varias lenguas y las mujeres que rondaban como mariposas, me admiraban excitadas por la bebida; la imaginación entre trago y trago, entre conversa y conversa, se me desata y me entrego a todo tipo de mundos imaginarios, inexistentes, eso si, todos ellos son con imágenes totalmente extrañas a la vida real que me rodea, son universos ficticios, la ficción me tiene encadenado.

Suelo asistir frecuentemente a eventos y tertulias literarias, y de vez en vez, doy alguna charla sobre el arte de la narrativa ficcional; sin embargo, no encuentro inspiración ni indicio alguno que me motive a emborronar alguna hoja, con hechos y personajes reales y existentes en mi propia vida cotidiana y con mi propio yo. Le echo la culpa al país, a las guerras, a las crisis económicas, a la cibernética, a las multitudes, a la música escandalosa, encuentro un culpable de mi ineptitud en todo.

Garabateo palabras sin sentido, arrugo papeles hasta reducirlos a una bola y los arrojo a la papelera, me surgen hechos pero nada significativos; de un modo vago lleno hojas con historias que no interesan a nadie, ni a mí mismo, me siento abotargado. Había creído siempre, que cuando un escritor quiere escribir, lo puede hacer, que escribe sobre lo que quiere, de día, o de noche sacrificando horas de sueño, en la cafetería, en cualquier sala de espera o en la barra de un bar, donde sea y como sea, cuando lo desee; sin embargo, encontré millares de explicaciones para justificar mi fracaso, mi ineptitud para publicar un libro que me satisfaga.

¿Qué me falta para lograrlo? ¿Quiero escribir sobre mi verdad? Lo que hasta ahora había escrito en mis novelas fantasiosas no provenía de sucesos vividos por mí, todos eran personajes y hechos irreales, ficticios. Hace tiempo, que la ficción ya no me dice nada como género de expresión, anhelo centrarme en la autobiografía, donde la fantasía apenas interviene. Me intriga la inversión que me propongo de los temas, de la ficción a una realidad donde yo debo ser el relator de mis acciones, el custodio de mis papeles, mi propia encrucijada ante el mundo, la sombra que evidencia mi alzada.

¿Seré capaz de escribir mi realidad? ¡No, no lo voy a lograr! ¡Ya no llegaré más lejos! suelo decirme con consternación, más inmediatamente me digo que debo, que debo hacerlo, que tengo que hacerlo, que lo puedo lograr; escribir sobre la verdad de lo por mí vivido, palpado, oído, nada de ficción, me saturé; hace años nunca lo hubiera pensado así. Al organigrama de mis obras le hace falta un cambio, una entrada realista, sublime y generosa de mis circunstancias. Tengo necesariamente que darle un remezón al escritor que me habita.
Las páginas narrarían lo que soy, lo que puedo ser, cada letra cifraría el oscuro signo que quiere decir mi vida de novelista de ficción extraño a la realidad. Puedo y debería crearlo, total, siempre vivimos en la memoria, habitamos en ella.

Un escritor de novelas, describe y narra situaciones que erige partiendo de la enmarañada complejidad de la realidad; en cada palabra pretende una aproximación al lenguaje que es la morada del hombre, y en la descripción de esa realidad, inserta un soñadero que le permite al lector vivir una ilusoria situación dentro de circunstancias reales o irreales… Así recuerdo comenzaba la última charla que di hace más de un año.

El ser humano común, recela de la imaginación y hasta le suele inquietar a veces cuando ésta lo atribula con heréticas tentaciones, a sabiendas, que la tentación vencida se transforma en conocimiento, como afirma Michaux.
Yo, había demostrado con mi obra literaria, no ser un hombre común, no desconfiaba de mi imaginación y nunca me inquietaron las tentaciones, había demostrado no ser mediocre.

En mi exilio literario que tal pareciera se está convirtiendo en una adicción, sigo el hábito de toda una vida: leer, leo mucho, de ahí la selección actual de excelentes libros autobiográficos que me ilustren, motiven y sostengan para mi nuevo propósito en este tiempo de extenuación.
He leído y leo últimamente con gran interés y dedicación: el Diario íntimo de Amiel, Autobiografía de mí mismo de Sthendal, Diario de guerra de Jünger, Diario de Anaís Nin, los tres libros de Una autobiografía de Virginia Wolf, Diario literario de Léautaud… todos estos escritores cultivaron el estilo autobiográfico en muchas de sus creaciones, en formas anarquistas, proclives a la fragmentación, a la alteración y a la intermitencia de la vida, sin ataduras. Acabo de iniciar la lectura de una interesante novela Fils de Doubrovsky, autor de la narrativa de ficción aunada a la autobiografía, que él mismo califica de “autoficción”, y tengo por delante a Infierno de Strindberg.

Las cinco de la mañana, el gallo del vecino canta hoy como canta todos los amaneceres, adelantándose a la aurora de un día soleado de verano y Horacio Medelse, con la idea de iniciar una novela autobiográfica, un diario literario si los dos términos conjuntos tienen la significación que él quiere darles, prende su computadora y escribe:

Una obra de aliento.

Nadie imagina la tragedia oculta en cada letra, en cada palabra, en cada frase que no escribo; llevo casi once prolongados años sin escribir nada…

Autor: Manuel MArtin Morgado
Titulo: Pensativo
Técnica: öleo sobre cartón
Dimensiones: 42 x 30 cm
País: España
Año: 2013