Archivo de la categoría: Poesía

Para los poemas.

¿Es él?

¿Es él?

A la memoria de mi esposo
Julio César Subocz

Hay un lugar
al trasluz de su mundo
donde su sombra llora
donde la amapola de su corazón
toca a arrebato granate
donde las imágenes son leños
las hierbas polvo
la piel escombros estrechos
el aire mueve los labios
y los labios son quejidos.
Alucinaciones
un cascaron de cuerpo
arrastra sin respiro
música que chasquea el oído
suspiros de seda mate
son los cansancios del barro
con los brazos al viento
y descalza el alma
la vida acallada en las manos
los dedos rumian su historia
reflejos del olvido en la rompiente
la lengua bordada en arena
la garganta piedra de aliento
y bajo el alambrado de su mirada
ojos de hombre adolorido.

María Cristina Solaeche

Autor:  Vela Zanetti. Título: Rostro mexicano. Año: 1959. Técnica: mixta sobre papel.

Autor: Vela Zanetti. Título: Rostro mexicano. Año: 1959. Técnica: mixta sobre papel.

 

 

ADA PÉREZ GUEVARA

ADA PÉREZ GUEVARA
“Horizontes”
Evocación de estelas sobre el pergamino del paisaje.

ADA PÉREZ GUEVARA

María Cristina Solaeche Galera

¿En qué lugar del sueño,
os he visto praderas inmortales?
¿en qué zona profunda de mi carne
antes os tuve colinas de la tierra?

Juan Beroes

Ada Pérez Guevara, cultiva el cuento, la novela, el ensayo y la poesía. Se distinguió igualmente como comunicadora social y por sus luchas a favor de la mujer. Nace el 3 de noviembre de 1905, en la ciudad de Cantaura, población fundada con el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria de Chamariapa el 20 de agosto de 1740, en honor a la virgen de igual nombre y al árbol Camariapa de los Caribes, en el Estado Anzoátegui, Venezuela.
Su padre Octaviano Pérez Freites, su madre la poetisa Mercedes Guevara Rojas conocida por Mercedes de Pérez Freites, coetánea de las agrupaciones literarias que inician la vanguardia en Venezuela:

Caminaba la muchachita rubia. Encantada de sentirse vivir, bebía luz en la copa del sol naciente. Oyó repicar las campanas recién abiertas sobre las tapias en ruinas, y se detuvo atenta al trino de un breve pájaro gris…
Mercedes Guevara Rojas

En el poemario En Ausencia Tuya que la poetisa Ada Pérez Guevara ofrenda enteramente al fallecimiento y ausencia de su madre, aparecen estas líneas como prefacio PARA TI, ADA, dedicado a ella, por su madre Mercedes Guevara Rojas,

Y quien mejor que una madre poetisa para enseñarle las letras, la lectura y la escritura.
A finales de 1917, la familia se radica en Caracas, donde la niña continúa sus estudios en el colegio San José de Tarbes, a cuyas aulas concurren las hijas de familias pudientes de Caracas, donde además de la formación integral, se imparte a las alumnas el gusto por las bellas artes y el amor al deber, formándolas en una “piedad sólida”, cualidad que es para la época, “el encanto de la sociedad” y lo que “asegura el bienestar de la familia”. Junto a la educación Primaria, se enseña el idioma francés como segunda lengua y se otorga el Diploma Francés, título máximo reconocido para esos tiempos, en este instituto educativo.
En 1931, Ada Pérez Guevara participa al lado de valiosas mujeres, en relevantes actividades que conducen a la creación del Ateneo de Caracas.
Entre los años, 1935 de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, y 1948 con el intelectual Rómulo Gallegos en la presidencia del país, la mujer venezolana es la protagonista de uno de los movimientos más concentrado, valiente, animoso y tenaz en la defensa de sus derechos, de la cultura femenina y sus desempeños políticos, en la creación de revistas y concursos literarios, en construcciones de ámbitos para la salud del niño y la madre, en la fundación de bibliotecas, en discusiones jurídicas para la reforma del injusto y deshumanizante Código Civil, así como en la literatura, la música y el quehacer diario y, Ada Pérez Guevara es una de las principales protagonistas de estas acciones, por ello, es necesario y merecible hacer un recuento de sus actividades para conocer mejor el contexto histórico en que vivió, sus luchas y su incansable liderazgo.
Tengamos muy presente, como en esta breve cita de una gran alentadora de la cultura venezolana, se condensa exactamente la situación de la mujer venezolana durante casi tres décadas de dictadura gomecista:

Para Gómez la mujer no existía.
María Teresa Castillo

Para 1934, la escritora se encuentra presa en la Rotunda junto con Carmen Silverio y María Lourdes Ródano, por órdenes del dictador Gómez, mientras “afuera” se conmemora por primera vez en Venezuela el Día Internacional de la Mujer y se publica un Mensaje a la Mujer Venezolana.
Al salir de la prisión en 1935, en plena madurez, comparte al lado de valiosas mujeres las luchas de la Asociaciones Unidas Pro Reforma del Código Civil y de la Agrupación Cultural Femenina (ACF), organizaciones que tan afanosamente trabajan por el cambio ineluctable del Código Civil, la consideración en ese estamento judicial de las reivindicaciones femeninas, la plena personalidad jurídica de la mujer, su derecho al voto en igualdad de condiciones al hombre, la situación de las trabajadoras, el derecho a la instrucción, el acceso a la cultura y la recreación, es decir, en un todo, a la igualdad con el hombre en su dignidad como ser humano.
Es firmante de la valiosa acta constitucional de la Asociación Cultural Interamericana para el intercambio cultural con el resto del continente americano, asociación que promueve un concurso de literatura dirigido a las mujeres y la creación de la Biblioteca Femenina Venezolana, la cual funciona durante décadas en la casa de una de sus creadoras, Irma De Sola, aspirando a:

establecer y difundir el intercambio americano, a difundir el libro venezolano, a propender el levantamiento moral y cultural de nuestro pueblo poniendo a su alcance, por medio de libros, la cultura de todos los países
Irma de Sola Ricardo

En este hermoso ramillete de aspiraciones se concreta el Concurso Femenino Venezolano, anual y exclusivo para las féminas, que fomenta a su vez, la colección de publicaciones de la Biblioteca Femenina Venezolana.
A la muerte del dictador General Juan Vicente Gómez, el 17 de diciembre de 1935, una agitación profunda conmueve al país, como pulsación de la fiebre interna que padece y lo consume durante 27 años. Los aires agitadores se perciben por doquier, y para la mujer será época de fervorosas luchas por la reafirmación de una imperiosa igualdad con el hombre. Con marchas y contramarchas, la venezolana empieza a crear su justo y merecido espacio.
El 30 de diciembre de 1935, un grupo de mujeres, entre ellas Blanca Rosa López (hija del General Eleazar López Contreras), dirige el Mensaje de Mujeres Venezolanas al General Eleazar López Contreras. Representan diversas regiones y asociaciones del país, solicitando protección para la infancia y la mujer en todos los ámbitos de la existencia; nuestra poeta Ada Pérez Guevara encabeza las firmas y todas las reuniones, clandestinas en su mayoría, se realizan en su casa en la Avenida Norte 20, en Caracas.
En 1936, es Ada Pérez Guevara una de las fundadoras de la Asociación Venezolana de Mujeres (AVM), que con el tiempo, abre al público la Casa de Protección Prenatal “María Teresa Toro”, la Biblioteca Infantil “Guillermo Díaz”, la Casa de Observación de Menores, dos casa-hogares para niños abandonados, dos jardines de infancia y la casa-cuna “Madre Cabrini”.
A partir de este año, afloran las primeras reporteras de calle, las que interrogan y escriben para los periódicos sobre los problemas del país. Resaltan unos nombres entre varias: Pomponette Planchart, Carmen Clemente Travieso, Olga Luzardo y Ada Pérez Guevara.
El 5 de agosto del mismo año, la poetisa forma parte del grupo de casi doscientas mujeres venezolanas que se dirigen a Don Rómulo Gallegos, testimoniándole su admiración y su apoyo incondicional, expresándole, como el destrozante dolor causado por la tiranía de Juan Vicente Gómez, es también el dolor de la mujer obrera, de la campesina, de la intelectual, del ama de casa y el de todas las mujeres venezolanas.
Participa en 1940, en la Conferencia Preparatoria del Primer Congreso Venezolano de Mujeres, presidido por Antonia Palacios, y que aún tuvo que esperar insólitamente, treinta y cinco años hasta 1975, cuando tuvo lugar.
En junio de 1941, es Ada Pérez Guevara, jurado al lado de Carlos Eduardo Frías y Pedro Sotillo en el Segundo Concurso Femenino Venezolano, promovido por la Asociación Cultural Interamericana, en el que gana el premio nuestra poeta venezolana Enriqueta Arvelo Larriva, con el primer poemario que escribe: Cristal nervioso: poemas.
En 1942, las integrantes de la Agrupación Cultural Femenina y la Asociación Venezolana de Mujeres, fundan la Acción Femenina, con un objetivo bien preciso, el derecho al voto femenino.
En 1944, más de 11.000 mujeres suscriben un manifiesto que presentan ante el Congreso, proponiendo la reforma del artículo 32, numeral 42 de la Constitución vigente para la época, y entre sus firmantes está de nuevo la poetisa y luchadora ferviente Ada Pérez Guevara.
El 5 de julio de 1945 se concede a la mujer venezolana el voto, pero firmemente restringido al ámbito municipal:

Porque de una manera injusta no se nos consideró lo suficientemente responsables.
Aura Salas Pisani

Ese mismo año, Ada, funda y redacta con Flor María Manzano en la ciudad capital, El Correo Cívico Femenino, revista mensual que se publica hasta enero de 1947.
En 1946 se le concede el derecho a la mujer por vez primera, a elegir y ser elegida como Diputada a la Asamblea Constituyente.
La Constitución promulgada el 5 de julio de 1947, consagra por fin, el derecho al voto femenino.
En 1964, Ada, se gradúa de Licenciada en Periodismo, en la Universidad Central de Venezuela.
Obtiene en 1970, con su cuento Luz Nueva, el premio único “Violeta de Oro” del concurso literario de Ciudad Bolívar; el nombre del premio es una reminiscencia del primer premio una “Violeta de Oro”, otorgado en la ciudad de Tolosa, Francia, en 1327, al que “recitara” los mejores versos en los juegos florales en honor a las damas y como una apuesta de la inteligencia frente a la brutalidad de las justas, los torneos y la lizas de la guerra en la Edad Media.
Se inicia en la vía palpitante y laboriosa del artículo y la crónica periodísticos, escribiendo en las páginas de los periódicos caraqueños, entre otros, El Nacional y El Universal.
Mas, a pesar de las grandes transformaciones que experimenta Venezuela con la muerte de Juan Vicente Gómez, la literatura producida por la mujer en las tres décadas posteriores, aún no es posible en su merecido esplendor:

la mujer ha contribuido a enriquecer la literatura venezolana con obras densas, de indudable calidad, que sin motivo alguno han sido ignoradas…
Antonia Palacios

…las mujeres, objetos de dominación, pasaban a tomar su papel de sujetos sociales…Su literatura no era, por lo tanto, considerada peligrosa. Era simplemente tolerada y no se le veía en el mismo nivel estético de la producida por los hombres
Luz Marina Rivas

Ada Pérez Guevara es considerada con su creación literaria en prosa, como una de las figuras más representativas de la escritura de denuncia, en cuyas obras narra, las precariedad del parto en la mujer campesina y la desesperación frente a la violencia sexual en la mujer trabajadora en Pelusa y otros cuentos (1946); la explotación del salario de la empleada y las vejaciones contra “la solterona” en Flora Méndez (1934); la subalternidad femenina en la criollista novela Tierra Talada (1937); la explotación de las mujeres, los niños, los obreros, los campesinos, los extranjeros y el rechazo a la subordinación conyugal. Todo sometimiento de la mujer por parte del hombre, lo denuncia en hermosas páginas literarias.

Y, ¿qué rosa de los vientos enrumbará a Ada Pérez Guevara, por las venas poéticas del paisaje?

Emocionada, en mis manos tengo, las primeras ediciones de la autora Ada Pérez Guevara, de sus dos únicos poemarios En Ausencia Tuya, Empresas El Cojo, Caracas, 1926 y, Horizontes, Editorial Elite, Caracas, 1931; dos libros de pequeño formato, dedicados de puño y letra por la poetisa a la familia Salvi; son parte del joyel literario de la Biblioteca Pública Municipal “Adolfo Salvi” perteneciente al Municipio Freites de Cantaura, en el Estado Anzoátegui, a donde tornarán finalizado este ensayo:

Ada Pérez Guevara. “Horizontes”: evocación de estelas sobre el pergamino del paisaje.

En cada poema de Horizontes, el poemario que nos ocupa en este ensayo, el paisaje le permite a la poetisa fraguar sus anhelos e ideas allende los horizontes. Afina la expresión, halla la forma presentida, valora con esmero la honda y serena emoción de la evocación, la elegante llaneza de versos cuajados de imágenes, de viva musicalidad que alienta el campo de la rima, y una persistente expresividad que sigue estando presente en las obras de narrativa posteriores, muy particularmente en la obra que la identifica, la novela Tierra Talada.

- ofrece en la pura sencillez de su lenguaje una preocupación social y un sentimiento
del paisaje y la tierra que no suele ser frecuente en nuestras poetisas.
Otto D`Sola

El prólogo del poemario, Horizontes, es un poema de la misma autora, donde en versos nos revela el motivo de la obra:

En los limpios horizontes
de mi pampa,
donde el cielo con la tierra
en azul circunferencia
se aproximan y se esfuman,
tras la línea misteriosa
del miraje;
aprendieron mis pupilas
a abarcar, de los senderos

Versan la mayoría de estos poemas, sobre un mundo fuertemente asociado a la naturaleza del campo oriental venezolano, a un paisaje rural, a la tierra, su amada tierra:

¡Pobre tierra mía, seca y adolorida!
No produces nada; por el sol ardida;

y siento que sufres con dolor humano
las calcinaciones del largo verano.

Hasta los bejucos, grises y dolientes,
se retuercen, secos, como las serpientes.

Donde brotó el agua no queda una gota.
La tierra se agrieta, se exprime y se agota.

Y los arenales que levanta el viento
gimen, cuando paso, con sordo lamento.

Como un hilo de agua ha quedado el río
en el fondo blando del cauce vacío.

Canta en lejanía un ave agorera,
presagiando angustias la voz plañidera.

En el horizonte se van los caminos,
blancos, tristes, solos, hacia su destino. 2

Recupera las escenas silvestres como un todo, como escisiones luminosas con detalles vitales; son las formas del campo depositadas en cada verso, es ese el espacio que se recorre en cada estrofa, donde la imagen y la palabra se entrelazan en un único lenguaje. A nivel de imagen, cada palabra se corresponde directamente con la figura que expresa, en un estilo fuertemente denotativo, donde, el arenal es el arenal, el camino es el camino, el chaparro es el chaparro… En el plano metafórico, las imágenes dejan de ser representaciones de la realidad objetiva para connotar la visión personal de la poetisa, en un proceso de interiorización del paisaje y entonces, los arenales gimen con sordo lamento, los caminos se van blancos, tristes y solos hacia su destino, los bejucos se retuercen, secos, como las serpientes, el chaparro abraza fuerte con su brazo gris agrietado y adolorido… En el plano de la simbología, el más profundo de los tres niveles, la poetisa emplea imágenes de naturaleza llanera para simbolizar agitaciones abstrusas que a ella sola le pertenecen en el momento de escribir el poema:

¡Si el sutil espejismo no estuviera tan hundido en lo arcano!

¿Qué ven los ojos de la poetisa?

Grises, se hacinan cariciosas
las moles quietas y pesadas…
¿Qué fuerza rara las atrajo
hasta clavarse en la hondonada?

Eterno reflexionar del ser humano:

Me senté en el brazo fuerte del chaparro envejecido,
brazo gris en su corteza, agrietado y dolorido. 3

Quizás a muchos años, el cardo polvoriento
nació junto al camino,
de cara fuerte al sol,
ahogado por las aguas, secado por los vientos,
sería refugio fácil de un pobre caracol. 4

Interesante ver el gesto regresivo, permanente en la poesía de Ada, como si ella tratase de recoger hilos sueltos que atrapa y anuda para desatarlos de nuevo en el poema. Está presente en su poética, la corriente literaria del Criollismo, surgido en Venezuela en la última década del siglo XIX, como un estadio más del americanismo literario. Describir la vida rural, las acuarelas del entorno natural, entendiéndose, que es ese ambiente el que más representa lo genuino del espíritu nacional; pero, aún repica en la poetisa el eco del modernismo y así, ambos, criollismo y modernismo, son envueltos en la ausencia de recelo que atesora la naturaleza, en los sentimientos y sensaciones que buscan proteger a la vez que exteriorizan su reacción frente a lo efímero y lo trascendental por caminos de herradura y polvorientos, como si el paisaje se hubiera comprometido a preparar el ánimo de Ada; con descripciones que llevan el sello de una lograda y elegante sencillez y diafanidad, donde contempla herborizada, en una pintura poética exacta y sincera:

Esta mi tierra nueva, esta mi tierra amada
empieza a florecer de nuevo, iluminada.
(…)
Abren hojas brillantes los fuertes robledales,
abren flores humildes los verdes pajonales,
(…)
Hasta el tosco chaparro de humildad franciscana
abres sus gruesas, blancas flores cada mañana,
(…)
empieza a florecer en cada primavera,
con el trémulo ritmo de la canción primera! 5

Hay que recordar, que la Venezuela de inicios del siglo XX, revela aún, cierto desafío entre los defensores de la ciudad y los del campo, se sigue encumbrando lo rural frente a lo citadino; y la poetisa, lleva dentro de sí misma el amor telúrico de su tierra llanera, a pesar de vivir en la capital:

Mañana nuevo día.
Quizás un claro día
de cielo limpio y pura luz.
¡Quién pudiera ir al campo,
corretear por las sendas resbalosas,
y mojarse el cabello, sacudiendo
verdes arbustos de menudas hojas
que dejan entrever el cielo azul!

¡Si pudiera montarme en mi caballo!
Alisarle las crines con la mano,
dejarlo galopar,
galopar, galopar por la llanura
hasta sentir jadeante y sudorosa
la pelambre sedosa
(…)
¡Si pudiera coger gajos floridos
con el temor enorme
de sorprender un nido
entre las ramazones de la fronda!
(…)
Aún llueve lentamente.
Estoy en la ciudad. Me siento hambrienta
de sol, de llano, de la tierra mía.
Todo mi corazón se clava en ella,
como oscura raíz que deja grieta
pero que ni en el fondo se desvía. 6

En su obra Panorama de la Literatura Venezolana Actual, el poeta, ensayista, crítico y estudioso del folclore venezolano Juan Liscano, agrupa a la poetisa Ada Pérez Guevara, en lo que él denomina realismo intimista.

Son escritos estos poemas de Horizontes, de acuerdo con las demandas métricas muy propias de la época y su bagaje cultural y, las tímbricas o de entonación retomadas de sus lecturas.
Combina el arte menor y el arte mayor, parejos tetrasílabos, octosílabos, eneasílabos, endecasílabos y alejandrinos son los metros esgrimidos que prevalecen en estos poemas de pulcro y gentil donaire, suelto y ligero ritmo, todo ello respondiendo a recuerdos personales vinculados a esta región del llano oriental venezolano. Con su medida y su ritmo, como con un reloj y una caja musical interiores:

Grises, inmóviles, agrestes,
todas las piedras de la hondura
están de bruces en la tierra,
como aspirando su frescura…
(…)
Grises, se hacinan cariciosas
las moles quietas y pesadas…
¿Qué fuerza rara las atrajo
hasta clavarse en la hondonada? 7

En los poemas recogidos en este ensayo, escritos por la poetisa en 1931, y escasamente publicados en el presente, existe entre la naturaleza y la condición humana de la poetisa, la nostalgia por lo que imagina como su ámbito irrenunciable.
La escena es un concepto de trabajo poético, en estos versos y en los de muchos de su obra lírica, se moldea una confianza en el decir, en el expresar su visión del medio ambiente y las formas tan maravillosas como cruentas de la naturaleza, a partir de la impresión íntima que atesora el avance de la insignificancia:

Al fin murió la vaca vieja
con un mugido prolongado en queja.

A pleno sol cayó desfallecida,
exangüe y nada más, sin una herida.

El hambre y la vejez en cruel asedio,
hundieron sus pupilas en el tedio.

Y el tedio a la vida, nos desata
de todo afán de bien, porque nos mata.

En la pampa desnuda de verdores,
y sin penas, ni angustias ni dolores,

inmóvil se quedó la vaca vieja
con un mugido prolongado en queja. 8

El poeta Vicente Gerbasi, acorde con lo que para entonces establece la cultura patriarcal, aleja la palabra de la poetisa Ada Pérez Guevara junto con las de su madre Mercedes de Pérez Freites y la de Enriqueta Arvelo Larriva, de la esencia interior al espíritu de estas escritoras, al afirmar, que las personalidades de estas creadoras son excepcionales, pues en ellas se nota: el dulce sonrojo del encanto femenino, y hasta elevándolo a esferas místicas. ¡Qué lejos están particularmente estas tres escritoras, de que dicho “dulce sonrojo” sea el basamento existencial de sus escritos!

Está fresca la tarde y un poco nublada.
Viene un carro de bueyes; cada yunta cansada:

toda llena de polvo, las pupilas sin luz,
inclina lentamente, bajo el yugo, el testuz.

Una brisa de lluvia y de olor campesino
invade la ventana. El aire vespertino

vierte en todo mi ser la inefable frescura
del agua cantarina, diáfanamente pura.

La cigarra interrumpe con su canto vibrante
el silencio de ensueño del luminoso instante.9

En una entrevista a Márgara Russotto, en la clínica que atiende su sosegado refugio, Ada Pérez Guevara con noventa y dos años de edad, y su mantenido vigor espiritual afirma:

No sé si soy feminista. ¿Qué es ser feminista? Amé y luché. Estudié Periodismo. Me gradué en el mismo acto académico junto con mi hijo Octavio que estudiaba economía. Ahora estoy hablando con usted. Siga y haga lo que tiene que hacer.

Despidamos su vida, más no su obra, que es responsabilidad ineludible de todos rescatarla del patrimonio literario venezolano, con estos versos vislumbran que nos su temor tan ancestral como la existencia humana, al enigmático e insondable espejismo del final de la vida:

Busco en la noche quieta
un hilillo intangible.
Y el ensueño
me forma su espejismo, más hermoso
por cuanto más lejano…
¡Si el sutil espejismo no estuviera
tan hundido en lo arcano!
(…)
Muchas veces es sólo
el hilo breve
quien define el camino;
es él quien me sostiene,
cara a cara, al destino.10

Referencias Bibliográficas:
Extractos de poemas del poemario Horizontes. Editorial “Elite” Lit. y Tip. Vargas. Caracas. 1931.

1. Prólogo
2. Tierra Mía
3. El áspero regazo
4. La flor del cardo
5. Poema de Abril
6. En la ciudad
7. Ignota fuerza de la tierra
8. Del Humilde Llano
9. Tierra mía
10. Espejismo

LA MUJER A TRAVÉS DEL HOMBRE

LA  MUJER A TRAVÉS DEL HOMBRE

 

“Quien funda su esperanza en el corazón de la mujer, abre surcos en las aguas, siembra en la arena y espera sujetar al tenue viento dentro de una red”     (Sannazzaro)

  

 

¿El lugar? ¿Cuándo? ¿Cómo?
¡da igual!
el poema sería el mismo
solamente extender y extender sus versos
en cada estrofa

la mujer
la amada de aroma a tierra revolcada
estrella fugaz
la del sol flamenco o el rocío madrugador
melena bucle del viento
la que escribe canta llora calla ríe
de mirada inquieta
misteriosa vivaz
la que cultiva rosaleda de sueños cuando el arco de la luna asoma

aquella que Confucio enlodó en corrupción
Pitágoras no supo acoger su llanto
para Sófocles “lamentable cosa, por naturaleza”
según Eurípides “el peor de los males”
Tito Livio nunca entendió
para Averroes “un hombre imperfecto”
la estúpida de Milton
la utilitaria de Napoleón
la absurda de Beaumanoir “término medio entre el hombre y el niño”
la casquivana y vanidosa de Nodier
la oscurantista de Pérez Galdós
las de San Ambrosio, San Crisóstomo
la desesperanzadora de Sannazzaro

pero también
el espejo de Cervantes “el menor aliento lo empaña”
la guirnalda celestial de Schiller
el alfa y el omega de Say
la temperamental y altiva de Diderot
la sencilla de Fernan Caballero
la primorosa y desconcertante de Balzac
la heroica de Lamartine
la extraña de Dancourt
el aliento de Byron
el pájaro más hermoso de Musset
la misteriosa de Chateaubriand
la respetable hasta el infinito de Tommaseo
la flor con alma de Campoamor
la mágica de Rowe …

la mujer
ojos inciertos de guitarras borrachas en melodías
atardeceres vidriosos rebaños de ternuras
sienes brillosas de soles lluvias y besos
revuelos de aves plumaje por pieles
vidrios como espejos rotos caleidoscopios
gritos que cantan
cuerpos inquietos
charlas dicharacheras
monólogos con espejos duendes arcángeles… 

La mujer atraviesa libremente un Tuat sin cielo ni tierra
con caracoles por escudos
para trepar las rocas del mundo.

María Cristina Solaeche Galera

Artista: Liliana Lucki (Argentina). Título de la Obra: "Caras". Dimensiones: 50cm x 70cm. Técnica: Óleo.

Artista: Liliana Lucki (Argentina). Título de la Obra: “Caras”. Dimensiones: 50cm x 70cm. Técnica: Óleo.

CARLOS RODRÍGUEZ FERRARA

CARLOS RODRÍGUEZ FERRARA:
“Más allá de los espectros”

La lucidez de la eternidad como destino

Carlos Rodríguez Ferrara (1) 

María Cristina Solaeche Galera

 

 

              En la tristeza húmeda
                                                              el viento dijo:
                                  -Yo soy todo de estrellas derretidas,
                                                                       sangre del infinito.

                                                                                                      Federico García Lorca

 

 

Carlos Rodríguez Ferrara, desde su llegada  al mundo el 24 de abril de 1962, en la Ciudad de los Caballeros, Estado Mérida, Venezuela, hasta su lamentable muerte, la madrugada primaveral del 17 de marzo de 1983, en la misma población, nos deja, una vida efímera y una voz poética con apenas veinte años de recorrer su travesía. Vivió intensamente, sus viajes por Europa, Cuba, Colombia y su país natal Venezuela, la música clásica, la ópera, la literatura, y pronto se graduaba en la Universidad de los Andes, en Lenguas y Literatura Clásica.

Su padre, el esclarecido humanista, poeta y ensayista venezolano Carlos César Rodríguez, su madre la distinguida Vittoria Ferrara Bardile.

 

Más allá de los espectros, recibe el premio Primera Bienal de Poesía “Francisco Lazo Martí” del Ateneo de Calabozo en junio de 1983, es su primer y único poemario, dueño ya de su propia personalidad, desdeñando el desborde, sin regodeos,  donde cada palabra es escama de un caparazón que gravita en derredor del verso, capaz de sostenerlo sólo mientras transa consigo mismo, con la insoportabilidad de la honda reflexión y la instantaneidad del fugaz relámpago de la existencia, dejándonos su consternación en cada estrofa.

 

Arde, de nuevo, su lámpara. Brilla, todavía el aire. “Más allá de los espectros” es árbol de primera floración, agotado por la redondez de sus frutos; es toque de agonía, voz en duermevela, elegía a sí mismo, rosa volcánica cortada al filo del crepúsculo.

Carlos César Rodríguez, Calabozo, 28 de abril de 1984

 

Su poesía es indefensa y por indefensa expuesta. Escrita en verso libre, se trata de ochenta y cinco poemas, y desde los primeros versos, el poeta deja claro el tema central del poemario:

 

Quiero regresar al silencio perfecto
en el que se unen los vacíos y los sonidos
donde el viento es sordo,1

 

Urdimbre del poema, la muerte voluntaria, aparece como orbe, como esfera, donde el yo poético pone márgenes breves a su vida, se adentra y diluye sobre la que lo acecha; sintiendo el hostigo de sus pasos, decide expresar la quimera y darle sostén a su existencia, sabedor, de que la intensidad de su desasosiego es su impulso tenaz como razón de ser. No intenta esquivar el sentido del final, sino entender desde el verso, el mutismo, el vacío y la ausencia en la muerte. El tiempo de la muerte es también el tiempo del verso. El ser que se refugia en estos poemas es el que escucha el silencio.

Escritos en primera persona la casi totalidad de sus poemas, nos presagia este poemario una migración por el mundo íntimo de un poeta asaltado por la tribulación.

A nivel semántico, destacan su simbolismo, las imágenes y la tonalidad melancólica, y por sobre todo, su propia voz.

 

Es una poesía que, si fuese árbol, el poeta sería un sauce:

 

Había un sauce triste
que pensaba cosas terribles.
Cosas como bañarse en un río
o comer flores rojas
de una trinitaria  2

 

Si fuese sonido, sería el silencio que palpita contra los chirridos del mundo:

 

El silencio
retumba en los oídos
anhelantes
de colores ingenuos.

Nos iremos
a lugares remotos,
quizás entre
el río y las piedras,
para poder comprenderlo 3

 

Su poesía es la paradoja del reparto entre la vida  y la muerte que se amarran e inmovilizan en un único instante, en la eterna lucha entre Biós y Thanatos, y como un Ulises, el poeta  se ata a sus  palabras intentando resistir el canto de las sirenas que lo convocan a morir.

Bajo su cálido verbo la sensibilidad insistente en su sorpresivo decir:

 

Ayer
vi un camino
descendente.
Se oscurecía,
goteaba
hojas

Todo en él
temblaba
incluso hablaba
lenguas muertas.4

 

Intensa convocatoria, texto que despierta desazón, afección y terneza en cada una de las huellas indelebles de una gran sensibilidad estético-literaria. Angustiosa metáfora existencial en la que nos queda, metamorfosearnos en sus tristezas y escucharlo:

 

Soy,
desnudo
por primera vez,
quien presiente
lo absurdo:
ese desapego
al horizonte de los ojos5

Argumenta el filósofo rumano Emile Cioran:

Entre poesía y esperanza la incompatibilidad es completa, conduciendo al poeta a no entender por entender demasiado

 Y, los versos de Carlos Rodríguez Ferrara plasman eso, la imposibilidad de vivir una existencia que es incompatible con su sensibilidad. El poeta intenta aferrarse desesperadamente al vértigo y a la oquedad de esa sordina que crepita en la muerte, con su voz fragmentada que se posesiona del poema, y expandirse donde no haya límites espacio-temporales en la levedad del tiempo grávido y enigmático. Aventurado a las más inclementes contradicciones, en la tesitura de un espíritu dispuesto a claudicar ante la vivencia de la muerte, en un aprender a ir perdiendo, cediendo, en dar un salto al vacío con sus únicas alas, los poemas, expulsarse a un territorio minado de incógnitas, asediado de fatalidad, al encuentro, no de certezas, ilusiones, esperanzas, lo contrario, al encuentro de un mundo velado, con su asombro solitario, desgarrando su orfandad frente al albur del universo.

Su poesía extraña a fastos pseudometafóricos, a ripios léxicos, en un “hablar silencioso”, austero, que no da cabida a la hipérbole, irrumpiendo el ritmo de la frase con encabalgamientos suaves, los que apenas se apoderan de la unidad de la expresión que continuará en el próximo verso.  Abrevia, como dejando constancia de que en cualquier instante puede romperse el hilo de la vida, a un ritmo, que nos deja entrever como el hado otorga inciertos sentidos a la existencia. Mesura en la disposición visual, con las líneas y espacios blancos bien diferenciados, con mayúsculas, minúsculas y signos de puntuación. Poemas con un protagonista, el poeta en camino a su inexorable destrucción.

Hacia atrás, peregrina en la infancia la mirada del niño:

Mi infancia huele a jazmines
En  patios blanquecinos
y  “Leticias” en los pasos
de  flores aplastadas
(…)
Libros empolvados en esquinas
Como “sostenidos” de los pianos 6

Un profundo lirismo embebido en resonancias íntimas. Una confesionalidad indefensa en la agudeza de sus percepciones e intuiciones, con la posibilidad de escuchar genuinamente su voz interior, su inspiración, sin dejar de afirmar a que tiempo pertenece su alma, el murmullo de lo propio, su phatos, la culpa del vivir y los culpables.

Presentes siempre la ausencia de la vida en la muerte y la traza continua y antitética de la muerte en la vida. Sin lamentos, sin quejidos, sin imprecaciones, sin histrionismo alguno, los versos se convierten en eslabones de esa cadena interior que crudamente espirala su ser; no hay rebeldía, el yo poético, ser sintiente, es espacio que alberga tormentos:

Más allá
de los espectros
se sienten
cosas:
pesadez en el alma
tristeza
por lo hermoso.
Las cosas no son.7

 

El hálito de su voz en el poema, nos da su íntima imagen, prescindiendo de todo giro que no se inicie y concluya en sí mismo, en una agitación latente e inconteniblemente personal.

Y en los abismos de la duda y la culpa ¿Habrá que renunciar a la expectativa de lo absoluto? ¿Es permitida esta renuncia sin caer en el absurdo? ¿Es posible una sublimación no compulsiva? La apuesta del poema es darle la palabra a cada uno de los fragmentos de la subjetividad, a cada una de las voces que la constituyen, y en este poemario, el mar junto a la duda y la culpa, es una de las principales figuraciones de aquellos sus recuerdos agobiantes tras la puerta:

 

El mar no es misterioso
(…)
Como un espejo
refleja lo que él quiere
que veamos,
y si nos acercamos
¡nos perdemos para siempre!
condenados y errantes.
El mar no tiene Virgilio. 8

 

Ojalá dejes el recuerdo
de tus puertas
y cantes juegos en los patios
sin náusea en la garganta. 9

 

Un mar que acecha, aguarda y surge al abrir la puerta:

Algunas veces –es cuando temblamos-
se contentan al abrirnos
la Puerta infantil
llena de mar, sin soles de colores. 10

Y el mar no llegó sólo, hay un fuerte sabor salobre e incrustaciones de infelicidad, tribulación, desdicha, que emergen en las conversaciones con su yo, la duda y la culpa, que lo acompañan como heridas de un sueño alucinado.

 

Hay algo desmesurado e inhumano en la culpa, y es la duda:

No hay nada más tremendo
que la duda
alguien abre la puerta
para decirnos que ya no somos; 11

Inminencias presentidas con aprensión, temor y hastío. Es la infelicidad que amenaza desde un horizonte muy cercano, una fuerza impersonal que se anuncia y ese anuncio, es ya vestigios de una certeza para el poeta.

Su voz poética testimonia la oscilación de la subjetividad entre el miedo y el desaliento; esta incertidumbre sin embargo, intenta alcanzar, aferrarse a tientas a la tierra firme de alguna certeza; si se pudieran acoger la culpa y la duda, acaso sería posible conquistar “cierta transparencia digna” en vez del ocultamiento culposo. Pero el desaliento reclama como una posibilidad más inmediata, como un modo de leer el propio ánimo que implica no sublevarse, no rebelarse, y la lectura del poemario Más allá de los espectros, se ve cuestionada y difícil. Es el origen en la historia de su verbo emotivo, en la frágil experiencia frente al mundo como un desierto, un medio hostil, recorrido por seres que se siguen unos a otros, pernoctando en endebles y provisionales moradas del  pneuma  y, sin una alternativa distinta el poeta sigue a esa caravana errante;  lo hace abrumado, gravitando con sus cavilaciones, vigilias y fantasías, con su desamparo  frente al infinito.

 

Esa luz
es la muerte
que nos busca.
Viene,
traspasa cristales
y
se queda
al lado nuestro. 12

 

Tras los pasos
dejo –cayendo,
bailando-
mortalmente
las hojas
y en esa ausencia
de colores
pega en el alma
tanto que duele. 7

 

En los poemas “Italia”, “Venecia” y “Siena”; se agobia con testimonios  antiguos de la historia del hombre, con las tonalidades oscuras, las plazas desiertas, la muerte en los olores sepultados, los salones reteniendo los pasos de antiguas danzas, las terrazas y sus hojarascas, los pasillos y sus sombras pasadas, y una vez más se quebranta el alma del poeta:

 

Tantas las agujas, las estatuas de Milán.
Tanto mármol de paredes
que se hundían.
Y un Leonardo en la Casa de las Voces.
Un cristo muerto de verdad
en un Brera escondido
con un cerdo de Florencia 13

 

Puedo volver a odiar
los salones y las luces
en silencio.
Como hicieron en Venecia
Terrazas de leones
cogidos de las alas,
(…)
Manchan las piedras de los suelos;
de los puentes;
los pies sucios de grises y tocino
como recuerdos de los fuegos embrujados
en las plazas de los duques 14

 

Le regala
una plaza de campo,
desierta,
para perderse
entre sus ladrillos.

¿Qué hacer con
Tanta plaza?

Decide convertirse
en perro de bronce
para al menos sentir
algo fresco
en la garganta. 15

 

De repente, una escena goyesca escrita con una maestría extraña, con olores y colores  fuertes, acres, viciados:

 

Brazos hundidos en verduras
y fermentos.
Respiran todavía los tomates
y pescados apestosos
a vulgo de grama,
a espaldas cargadas
con tierras florecidas.
(…)
Cada esquina con los ojos
angustiados de los campos,
-sudados a sucio-
(…)

Calla,
para oír sus cantos
llenar los aires de cansancio.16

 

Ningún credo, ni culto o dogma radicaliza o acalla al poeta, y pulsa sus audaces  bordones graves:

 

Los ángeles están desnudos
Algunos dicen haberlos visto
en minas de cobre
chupando miel de las paredes:.
(…)
Lirios temblantes,
delirantes en torres videntes.
Los consume el olor
a Cristos caídos;
(…)
Llegué a pensar que eran inmortales,
musicales como días de fiesta, 17

 

La unidad que forma el poema es el verso, y en este poemario sus linderos asoman sin invadir el blanco de la página, enmarcado en una realidad, la propia del poeta, el verso se fracciona, es la desilusión que imagina y razona, es la aceptación estoica de su realidad, es indefensión frente al dejar de ser, lo que se apodera del texto y de cada frase que acoge con su vívida síntesis.

Una sucesión de personajes reales, míticos o soñados, protagonizan los últimos poemas: Madame Butterfly, Suor Angélica, Penélope, Ariadna, Apolo y Dafne, Minos y el Minotauro; todos ellos enriqueciendo su código literario.

Suor Angélica, es un poema inspirado en la ópera de Giacomo Puccini, sobre un libreto de Giovacchino Forzano. La música de acentuada delicadeza y fina inspiración melódica, y su acción se desarrolla en un convento italiano a fines del siglo XVII donde Suor Angélica vive un exilio angustioso por órdenes de la familia que desaprueba su relación extramatrimonial y la aparta del amor y del hijo desde el momento de su nacimiento. Ella añora al hijo desconocido y aborrece a los causantes de su reclusión, y el poeta sabe ceñir la desesperación de la mujer por el hijo ausente, en un breve poema de solamente nueve versos:

 

Suor Angélica
Recoge hierbas mortales
 y canta
Desea ver su hijo,
reconocer su rostro
entre fantasmas.

(Hay quien dijo
haberla visto
caminar
acompañada).18

 

El mito de Apolo y Dafne nutrirá alusiones al amor:

 

Sentada
come flores
amarillas
sin presentir
su semejanza
con la hoja
(…)
Después corre,
acosada
por el poseído
de terribles niños,
y bajo el puente
queda ella
-amada-
Deshojándose. 19

 

El Minotauro y su laberinto, este mito, el poeta lo ilustrará con expresivo ingenio en una visión que amalgama las miradas de Jorge Luis Borges en La casa de Asterión:

corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado (…) Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme (…) La casa es del tamaño del mundo (…) ¿Cómo será mi redentor?

 

Asterión se atemoriza del mundo exterior, un mundo aparente que le produce un profundo sentimiento de orfandad, pero a su vez, le agobia la soledad, la exclusión de su casa.

 

Y, la obra de Julio Cortázar en Los Reyes: un laberinto “poblado de desoladas agonías”, con un rey Minos que se pregunta:

 

¿Llevamos el Minotauro en el corazón, en el recinto negro de la voluntad?

Y,  Carlos Rodríguez Ferrara escribe:

 Escaleras, ventanas…
¿Bicorne? ¿Cuadrúpedo?
De noche contemplas el baño láctico real
entre muros duros y obscuros,
entre recuerdos de ofrendas
que aún yacen a tus pies.
Se proyecta la cara de la noche
a través del techo abierto.
La angustia palpita en los insomnios,
(…)
¿De qué sirven estas columnas sino para
 estrellar encéfalos?
Las escaleras infinitas, descendentes,
te alejan siempre más.
Entre delirios seguirás jugando en tu bella casa redonda. 20

El hombre tan joven, cuya voluntad ardorosa e  impaciente lanza retos a los entresijos del sobrevivir, y el poeta tan joven, de facultades sobreagudizadas, cuya mirada se hunde con zozobra en figuras negras, en esmeraldas, en los espectros, el mar, las flores, las piedras, las hojas… objetos que se expanden espiritualmente y son él a medida que los mira y con voz poética les habla, y por su saber, por su melancolía, participan mucho de la naturaleza de sí mismo .

Recoge en sus poesías el sentir de su existencia, el temperamento del autor se sincera totalmente expuesto en su sensibilidad, él que vive más delicadamente acaso que muchos otros ese agotamiento de tanta conciencia de la muerte. Es Carlos Rodríguez Ferrara, un ser creado para respirar en un desasosiego elevado por sobre la crueldad del mundo, en un esfuerzo espiritual perpetuo para huir de todo aquello que impreca.

Ese es el lugar y la posición de este poeta que sabe, como todo es incierto, confuso y velado en la eternidad, y esta la posición de su lectora identificada transparentemente con este poema de Carlos Rodríguez Ferrara:

 

Evolucionamos
y
dejamos atrás
todo,
incluso la piedad
necesaria.

Dejamos ideas,
formas,
para mezclarlas
una y otra vez
y así poder
oír gotas
pesadas;
después, de la existencia. 21

 

En el año 1988, se otorgó el I Premio Mucuglifo de Literatura “Carlos  Rodríguez Ferrara”, en sus mención poesía, en homenaje a su memoria.

 

Referencias Bibliográficas:

 

Extractos de poemas del poemario Más allá de los espectros, de Carlos Rodríguez Ferrara. Segunda Edición, Centro Editorial Litorama C.A. Mérida, Venezuela, 2003.

 

  1.  Quiero regresar al silencio
  2.  Había un sauce triste
  3.  El silencio
  4.  Ayer vi un camino
  5.  Soy
  6.  Infancia
  7.  Más allá de los espectros
  8.  El mar no es misterioso
  9. Regreso
  10.  Misere nobis
  11.  No hay nada más tremendo
  12.  Esa luz
  13.   Italia
  14.  Venecia
  15.  Siena
  16.  Mercado
  17.  Los ángeles están desnudos
  18.  Suor Angélica
  19.  Apolo y Dafne
  20.  Minotauro
  21.  Evolucionamos.

 

      

 

EL NIÑO DE LAS ROSAS

Paredes de torchón de piedras
café humeante
hojaldres merenges y espumas
 
Cascada de lucecillas
voces ansiosas
estrepitosas afanadas y desorientadas
 
Al laberinto del café
vericuetos de mesas
lo traen los atardeceres
al niño pobre vendedor de rosas
 
Niño de las rosas
mirada del frescor del cristal
párpados trasnochados de tristezas
con telarañas de alambre
de rancho abajo en sus recuerdos
 
¡Vete niño!
acurrucate entre estrellas apagadas
antes que el tragaluz del café
embista tus penurias
 
¡Vete niño!
escondete en los vitrales de mis ojos
antes que las caretas falsas de gozo
calcinen tu infancia
 
¡Vete niño!
Arrullate entre ángeles alados
antes que tus fatigados olvidos
asfixien tu corazón
 
El niño de las rosas
gotitas de desaliento
desgajan sus pasos.
 
María Cristina Solaeche
Autor: Vincent van Gogh. Obra: rosas rosadas

Autor: Vincent van Gogh. Obra: rosas rosadas

LYDDA FRANCO FARÍAS: Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.

LYDDA FRANCO FARÍAS

Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.Lydda Franco Farías

 María Cristina Solaeche Galera

 

Cómo van a verme buena
si me truena la vida en las venas
¡si toda canción
se me enreda como una llamarada!
y vengo sin dios y sin miedo

¡Si tengo sangre insubordinada!
y no puedo mostrarme
dócil como una criada
mientras tenga
un recuerdo de horizonte,
un retazo de cielo
y una cresta de monte

María Calcaño

 

Lydda Franco Farías, es una de las más vitales voces de la poesía venezolana de la beligerante década de los años sesenta; nace el 3 de enero de 1943, en la Sierra de Coro o Sierra de San Luis, zona pródiga en bellezas generosas, donde se encuentran los lagos subterráneos más extensos del país, cuevas con grandes salas, simas y galerías, en el Estado Falcón, Venezuela.

Estudia primaria en su pueblo natal, y los estudios secundarios los realiza en el Liceo Cecilio Acosta de la ciudad de Coro. Comienza a escribir desde la adolescencia en 1958 y posteriormente, colabora en los diarios La Mañana de Coro y Panorama de Maracaibo, entre otros.

A partir de 1963, se radica definitivamente en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.

En la Universidad del Zulia, trabaja de bibliotecaria en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Allí, nos narran algunos compañeros, sus protestas por el asesinato de Jorge Rodríguez, por el golpe de estado en Chile contra el presidente Allende, sus discusiones sobre las tendencias del MAS, sobre los “perros” y los “patriotas”… hasta que llega el día, que renuncia a todo partidismo político, abandona totalmente la militancia activa, y a partir de allí, se dedica a escribir, decisión que nos permite deleitarnos con su legado poético:

 

 

si tengo que ceder

hasta quedar desprovista de vanidad

si nada tengo y esa nada me es arrebatada

(…)

si he dejado de creer en líderes

si la dialéctica se pudre en las cabezas de todos ellos

(y en la mía por supuesto)

si la unidad es un sofisma

si el partido deviene tertulia de burócratas y afines

(…)

si hasta aquí me trajo el río

entonces tendré que contradecir al río

y seguir aferrada a mis convicciones

aun en contra de mi pequeñez 9

 

Suele asistir en los años sesenta, a las tertulias en el bar El Milonga, donde se reúne el grupo literario maracaibero Cal y Agua, que surge en Maracaibo en 1964.

Lydda Franco Farías, guarda en su obra, inflexiones poéticas de las lecturas de los venezolanos:  el mirandino Caupolicán Ovalles, iniciador en el país de la antipoesía y perteneciente al grupo El Techo de la Ballena; la alquimia de la palabra poética por su fuerza y honestidad del trujillano Víctor Valera Mora; de Miyó Vestrini la única mujer del grupo Apocalipsis, el tránsito del dolor de su cuerpo como creación;  el desenfado en la antipoesía y el uso de modismos del zuliano Blas Perozo Naveda, y  las lecturas de los   extranjeros: los barrocos y simbólicos como el cubano José Lezama Lima y  el peruano César Vallejo, y el existencialista checo Frank Kafka, para citar a tres clásicos contemporáneos.

 

Su trajinar por las letras, nos deja una larga lista de títulos publicados y otros inéditos o editados post-mortem.

 

En su primer poemario Poemas Circunstanciales. 1965 (ENC), el desplome, la inteligencia, el tiempo y el espacio son los motivos, con una lectura tan hermosa como extraña sobre los trances externos e internos del ser humano, escritos desde las esquinas material y metafísica.

 

Su segundo poemario Armas blancas, estuvo perdido muchos años antes de ser editado, y es su amigo el pintor trashumante Emiro Lobo, quien logra rescatarlo, y se publica en 1969; en él, ficción y realidad son recíprocas e irreversibles y la caída en el tiempo mantiene la indagación del enigma entre ellas.

 

Con el grupo Cal y Agua, publica como coautora con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol, el tercer poemario Edad de los grandes ataúdes, en 1977, sin embargo, la obra no circula por contrariedades entre sus autores; luego, sigue en soledad con el ejercicio de su poesía apocalíptica.

 

Summarius, publicado en 1985, es su cuarto poemario, con un formato en prosa poética continua, donde solamente los puntos permiten las pausas en  la tonalidad  de la voz o el cambio en la intención de la caída, la lucidez y el tiempo, con un encabalgamiento abrupto y una entropía rebosada a contraluz.

 

En 1991, aparece su quinto poemario A / Leve, que contiene, una amalgama entre la perfidia y la futilidad, entre la alevosía y la levedad, términos estos dos últimos reducidos en el mismo título y la barra intermedia significando el límite insalvable entre estas dos formas de conductas, con un epígrafe de Francisco de Quevedo:

Serán cenizas, más tendrán sentido;

polvo serán, más polvo enamorado.

Que contiene en sí mismo, la idea de la poetisa de que, el amor corporal y espiritual deberían persistir más allá de la muerte.

 

Un texto inédito, su sexto poemario, Estar en el envés, escrito en 1993, en el que Lydda comienza escribiendo:

Vamos a llamar a esta nueva etapa de transformación poética, una realidad más abierta, cercana a las formas de conversación, a un cierto tono coloquial, a un cierto humor, a  una  cierta parodia del otro realismo tradicional…

Estar en el envés, donde la oralidad se agrupa en la duplicación, en la reduplicación, en la gestación sea de la inicial o de la palabra final en muchos modos de enciframiento.

 

Recordar a los dormidos  es su séptimo poemario, publicado por EDILUZ en 1994, en él, el arcano de la muerte es el núcleo determinante de su enfoque, donde el lector o la lectora, asisten al abismo final de la existencia.

 

Su octavo poemario Bolero a media luz, escrito también en 1994, es un alud corpóreo en el forcejeo del acoplamiento musical del cuerpo, la poetisa se distiende en fracturas, más deja claro que “se mueve” entre Eros y Tánatos, la fuerza natural de atracción vital y el reino de las sombras que se entrelazan por siempre.

 

Esta prolífica poetisa, Lydda Franco Farías, escribe en el mismo feraz año 1994, Descalabros en Obertura Mientras Ejercito mi Coartada, su noveno poemario, donde desde el título ya vislumbramos un anuncio de jitanjáfora, es decir, de enunciados donde el sentido no es lo pretendido, sino las hermosas eufonías. La nostalgia del tiempo transcurrido desde la infancia, trasciende y se instala en el espacio de la realización creativa, contando con el contraste diatópico y la cáustica ironía.

 

En el décimo poemario Estantes, escrito también ese prolífico año de 1994, los muertos son luminosamente despertados; la metagoge designa atributos humanos a las piezas de un juego de ajedrez; el desdibuje del caligrama corporal en la caída que trastrueca el mundo visible en el invisible, yendo más allá de las ceremonias judeo cristiana o cualquier otra religión; el mundo reversible que convierte la oscuridad en luz; el matrimonio plagado de martirios y los acertijos, son los diferentes temas que se vuelcan en lances directos.    

 

En 1998, aparece su undécimo poemario UNA, dedicado a su hija Mirna, con un epígrafe que ya anuncia la intención de cada verso:

… el tiempo de la mujer es muy corto y si no lo aprovecha, ya nadie la quiere, y se pasa la vida en consultar augurios.

Tomado de boca de la ateniense Lisístrata, personaje central de la obra de teatro del comediógrafo griego Aristófanes.

 

Aracné, su duodécimo poemario escrito en el 2000, y dedicado al Profesor del Instituto de Investigaciones Literarias y Linguísticas de la Universidad del Zulia, Dr. Enrique Arenas, tiene como médula precisa, la escritura mirándose a sí misma, la grafía, el vocablo, la letra, todo el entretejido escritural entrecruzándose con premeditación literaria girando en la órbita del minimalismo, representado por el hilo  que el arácnido teje deliberadamente para provocar la fatalidad y el desplome.

 

La Universidad Nacional  Experimental Francisco de Miranda, conjuntamente  con la Dirección de Cultura y el  Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, editan una Antología en el 2002, con una selección y un valioso estudio de Pedro Cuartín, Profesor titular de la Universidad de Los Andes –Trujillo y miembro del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas “Mario Briceño-Iragorry”.

 

En 2005, Monte Ávila Editores edita póstumamente una nueva Antología.

 

Durante su vida y después de fallecida recibe varios reconocimientos:

 

A los dos años de su permanencia en Maracaibo, en 1965, gana el Primer premio del Concurso Literario del Ateneo de Coro, con su primer poemario Poemas Circunstanciales (ENC), provoca cierto escándalo en una ciudad polarizada como era Coro, suscita resquemor en el seno de la policía política y una fuerte polémica a nivel nacional, sobre su muy particular idiosincrasia estética y su estilo contestatario. Son los tiempos de Rómulo Betancourt, y su Ministro del Interior, Carlos Andrés Pérez;  es detenida temporalmente.

 

En 1987, en la Universidad del Zulia, se realiza la Lectura Nacional “Lydda Franco Farías”, y se aprueba una cátedra con su nombre.

 

En 1988, la Universidad Experimental Francisco de Miranda, el Instituto de Cultura del Estado Falcón y el Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero, organizan el Encuentro Nacional de Poesía Lydda Franco Farías.

 

En 1990, es condecorada con la Orden Francisco Rivera Reyes, por la Alcaldía del Municipio Bolívar del Estado Falcón.

 

En 1994, recibe el Premio Regional de Literatura “Jesús Enrique Lossada” mención poesía, otorgado por la Gobernación del Estado Zulia.

En acto solemne el 18 de octubre de 2005, en el Teatro Baralt, de Maracaibo, se le confiere póstumamente, el título Doctora Honoris Causa de la Universidad del Zulia.

El 25 de septiembre de 2009, en el marco del ciclo Noche de Poesía. Para celebrar a los maestros del asombro, se ofrece un homenaje a los poetas Lydda Franco Farías y Ludovico Silva, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal, bajo la organización de María Teresa Ogliastri y Alexis Romero, con el apoyo de Cultura Chacao. El encuentro cuenta con la participación de los poetas Víctor Alarcón, Adalber Salas, Astrid Lander y Adriana Bertorelli, moderados por Alexis Romero.

En su poesía alcanzamos a distinguir dos discursos: uno privado, oracular, consigo misma y para ser develado; otro público, desde ella para con todos.

 

El privado, quizás el más leído y posiblemente el menos contemplado y percibido, es el propósito de este ensayo:

 

LYDDA FRANCO FARÍAS: Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.

 

Recordar, releer cada verso, y sentir como se  deslía en nuestro ser la expresión de su fase selénica, donde la poetisa  teje la trama de su intenso yo lírico a través de vocaciones de mujer y profesiones asfixiantes en el  recinto-clausura de la casa: las pesadumbres de la diaria entrega, “ama de casa”, “oficios del hogar”, la bandera de la  sexualidad en una erotia pacífica y sobreentendida, madre y antimadre, médium, hechicera, mitificadora, “casi-ciudadana”, civilizada por el varón, el patrón, el marido, el cónyuge, el concubino, el hermano, el hijo …

 

Un esfuerzo mayéutico

para no abortar al hombre

un esfuerzo violento, definitivo

para que nazca íntegro.1

 

En una cultura masculina desde sus cimientos, la poetisa, desenfada, con una conmoción de la conciencia y los sentidos, canta en cada verso para poder respirar a pulmón pleno cada palabra e intentar enmendarlas con su propio ser, crea hendiduras para quebrantar y escapar de ese enrarecido mundo que la asfixia y evadirse a través de las grietas como la hembra que seduce con lo femenino, con sus lecturas,  su mirada  y su poesía:

 

adentro hay una mujer que monta guardia

a fuerza de balancear las caderas

se ha convertido en péndulo y gravita

sobre las cabezas de los que todavía no comprenden

la magnitud del encantamiento 11

 

Un mundo hecho de voces que se tejen y destejen entre variados tonos genéricos, juega para crear o crea para jugar conservando el espíritu crítico que siempre la ha catapultado a un país donde las mujeres eran sólo un murmullo.

                                                                                                Alberto Hernández

No nací para ocupar un espacio y nada más.

Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,

me tocó caer en la humedad del tiempo,

en la inhóspita sequedad de los caminos

pero aquí me quedo

entre escombros y desperdicios.

Destruyan mi epidermis resentida,

despedacen mis sueños, mi alegría,

aniquílenme

 porque un día aparecí sobre la tierra

y tuve voz y grité 1

 

No pudieron 

moldearme a su antojo,

ni darle la forma requerida a mis palabras,

ni templar los metales de mi risa con sus martillazos de odio,

ni siquiera lograron meterme de cabeza

en un canon infesto1

 

Una poesía definida por diversas líneas de significación, entre las que destacamos dos en este ensayo: la enunciación de lo femenino y el erotismo femíneo, como elementos fustigadores de cuestionamientos que atraviesan entre otros y todos, la totalidad de su obra y es, efecto fundamental  para la disposición de una imagen cambiante y compleja que da cuenta de lo que son las configuraciones actuales de la mujer, entendida como minoría social-cultural; con un ars poética que hace libre el coloquio consigo misma, con el lector y con la lectora, por medio de una oralidad discursiva,  en textos que a veces, afloran  con el formato de la prosa continua sin el deslinde de los versos, con el encabalgamiento intrincado de dispersión, de la colmada entropía:

 

nadie verá el estante vacío. el montón de ropa sucia libros viejos y maltratados por mis notas al margen. por mis subrayados imprevisibles. por mis oh y mis coños admirativos. soy posesiva, no lo niego. mi única propiedad son libros casi libros. palabras no correspondidas pero útiles e igualmente equívocas. pero abajo. en el sótano, eres débil, cabizbaja. se diría que ciega. asustada. no entienden porque has hecho lo posible por enajenarte en lo cotidiano y ridículo (…) no te entienden porque no aceptas vivir  parcelada (…) tu ternura es clandestina. no colma. tu deseo es quizás lo único humano capaz de retener una sombra . tu estallido nocturno. 4

 

Procedimientos verbales e imaginativos a través de los cuales, Lydda crea e irrumpe en un espacio que conmueve, apasiona, forcejea y sobresalta, en un horizonte femenino que muchas veces pasa inadvertido para el hombre, anquilosado en la rutina de los gestos, los desempeños, los pensares, aciertos y desaciertos, carencias y despropósitos concebidos por él, para  la vida de la mujer.

Más allá de su tono irónico, la poetisa se rebela contra toda mansedumbre impuesta desde el androcentrismo, sin disgresiones, se autoriza a sí misma al goce de invadir una “comarca” donde solamente existe un “rey”, el hombre, y con irreverencia e inspiración, se lo apropia en cada verso suyo:

 

voy a desayunarme la claraboya de la mañana

voy a atragantarme periódico con tus crónicas violentas

voy a tener noticias del mundo hasta la ingesta

de par en par ventanas

muéstrenme lo que sin mi despierta

sacúdete ropa inmunda los dobleces

espanta con lejías la penumbra

soliviántate plancha

aplasta en un desliz las pérfidas arrugas

a volar escoba sin bruja que respire el polvo

dancen muebles al ritmo que los aviente

púlete piso en redención de no empañado espejo

arde sin paz cocina del infierno

tápate olla impúdica

cuece a la sazón luego evapórate

suenen cubiertos en estampida muda

a fregarse platos les llegó su hora

la carta por favor

quiero probar el albedrío 11

 

En cada palabra no vamos a decir “intenta”, no, no lo intenta, lo consigue, con vehemencia, con transparencia abate contra la mecanicidad  y  el letargo paralizante de lo cotidiano y los en un cuasi infinito plural,  lastres con los  que la humanidad (léase el hombre) a retenido el cuerpo y la mente, y por ende, la espiritualidad de la mujer, reduciendo a un único dislate su existencia: 

 

el ancestro

se adueña del perfil

de la mujer agobiada

y displicente

que yace en la umbelas

a medio dormir

indócil en el registro11

 

Su antiritualidad trasvasa su poética partiendo de la cosmogonía de una existencia que exige,  que enrumba su creación hacia el territorio del reclamo, del reverso de la mujer ante el anverso del hombre, y lo hace con un humor corrosivo, ácido, agudo y exquisito:

 

de sobra sabes que me averguenzo

de ese otro ser que me esquilma

y me avasalla

de repetir hasta borrarme

el gesto heredado de pálidas

enhiestas

amas de casa remotísimas

pero hay  un  rótulo en la sangre

una danza del vientre

una marca rotunda

ten en cuenta muchacho de las cavernas

que he ido ganando el derecho

a perder de igual el paraíso

la paciencia

a compartir la cama

el santo y seña

el mundo

fifty fifty

o no hay trato

vete acostumbrando hombre voraz

mujer no es sólo receptáculo

flor que se arranca

y herida va a doblarse en el florero

al fondo de la repisa

entre santos y candelabros y trastos de cocina 11

 

En eso basa ella el vigor existencial y la singularidad de sus versos, en templar al máximo el arco de la letra, la palabra, el verso y el poema, para que resulten, no sólo un reflejo crítico de lo social, sino también, un verbo fustigador y lúcido, asumido siempre desde el sarcasmo como un tropo, a partir de su incisivo estilo para desahogarse del hastío, girando y girando en hipérboles.

 

La poesía de Franco Farías puso de relieve una voz femenina cuyo ejercicio poético, se caracterizó por la ruptura con ese modelo de poesía intimista, de sensualidad sutil y la introspección, para destacar la ironía y la oralidad.

                                                Ana María Romero

 

Polifónico el arreglo al mostrar su “yo” plural, donde la ceremonia  poética se posesiona de su condición de ser femenino, siempre al lado de los rituales absorbentes de  nuestra sociedad, y fuertemente asida de la mano de las herencias atávicas  que  tiranizan a la mujer, en un cimbrado hilarante e ingrato:

 

quedé  para ser la última invitada

estoy alegre de las botellas sordas

puedes beberme soy todos los licores

no distingo

y si respondo es

para ligar placeres inimaginables contra el tiempo

a una temperatura en que tampoco sabes

lo que haces 2

 

Ella es su poesía, su poesía es ella, briosa, sensible, mordaz y laudante, que se empeña en perseguir mundos mejores en sus temibles alocuciones poéticas.

 

Una mujer inmensa, instalada en la escoria fosforescente, vulnerable, con hálito cósmico y un margen de zapatos rotos, una mujer envuelta en los escombros luminosos del amanecer, adormecida en su propia superficie de cemento, compacta, aligerada por una huelga de risas y de llantos, sometida a la ingravidez de sus ojos, decidida a revivir en el tallo de las palabras.

                                                                                                                                   Pedro Cuartín

 

mientras dormía me crecieron alas

al principio ni yo misma lo creí

hice cálculos sobre las ventajas y desventajas

de este suceso inesperado

decidí ensayar un vuelo corto

tropecé contra los vidrios de las ventanas

no me di por vencida

llegué a libélula

fui uno que otro pájaro

ave de rapiña

mi ambición no tuvo fronteras

fui escalando

jerarquías hasta agotarlas todas

ahora soy un ángel

y me aburro  11

 

Y en el amor, dulce, seductora y erótica, canta desde sus más añejas raíces, trepando por su tronco, sus hojas, hasta llegar a sus  flores en arco iris que  regala a la sensualidad, en un soflama reverberante  con sus requiebros, impregnado de simbolismos que expresan las vivencias amorosas del cuerpo en la relación afectiva entre dos seres humanos, escrito  desde su visión femenina extraordinaria, respirando visceralmente cada grafema, cada aliento de palabra en la depuración del verso:

 

una trepa la desnudez de otro cuerpo

una encuentra la rama dorada y la codicia

abre las puertas de otro reino

inaugura otra carencia

una se deja llevar por sacudimientos extremos8

 

 

Echar raíces

florecer

sobre tu cuello

                 enredadera1

 

Ascenderé por los tallos

transformada,

me sentirás como nunca, palpitante,

en el latido de las hojas

y en el crujir voluptuoso de las ramas.1

 

tu boca resguardada por dragones

por la antropófaga inocencia de  tus dientes

bosque de menta la saliva

picor de orégano la lengua

succión y mordedura

tu boca

laberinto de mis cosquillas8

 

La lluvia canta afuera su canción,

la miro con ojos sorprendidos

y pienso en unas bodas bajo el agua,

que un novio vegetal me acaricie,

que sienta el perfume silvestre de mis manos,

mi cálida ternura abierta en gajos.1

 

Lydda es esencial, vital, luchadora incansable, defensora de lo femenino y del amor, de hermosísima pluralidad semiótica, plétora de  expresividad, álgida, irreverente, en ausencia de rima y con el uso del  hipérbaton invirtiendo el tradicional orden del discurso poético, y las anáforas que incitan provocando con la repetición:

 

con papel de lija froto la piel

donde alguna vez estuvo tu tibieza

parpadeante

me estoy quedando en cueros

y sin vos

en los puritos huesos

y sin vos

esqueleto ambulante

y sin vos

(…)

y sin vos

con el alma en un hilo

y sin vos

ay

y sin vos

y sin voz

y sin voz11

 

los amantes precisan largas vueltas

y nada es comparable a este final sin trampas

y nada se parece a tu cuerpo y al mío

me refiero a los muslos fosforescentes

no a la piel sedosa y repetida

no estamos dentro ni fuera y es falso

que desprendo de tu voracidad

mis latidos bajan cautelosamente

para que sepas que voy   que siempre voy

ya puedes descubrirme y patinar en el aire rígido

cuando abras los ojos y desvíes el aliento 2

 

Con miradas envolventes de los vestigios humanos del placer y del amor, la lucidez, el tiempo y la fusión de géneros:

 

tu cabeza en mi almohada

el sol para nosotros

deshaces sombras antiguas

vienes de la calle hacia el gesto

buscas / deshaces

reparo en el caracol algo furtivo

tus manos exhibiendo excavaciones

hacen de claustro refugio

ardo junto a ti 2

 

cuando la boca hace su trabajo de orfebre

en sabbat

en oriflama

de entre tus muslos sale un vellocino de oro

una serpiente emplumada

un vendaval de helechos

una larga vocal impronunciable 8  

 

con obstinada delicadeza

se fabrica en la piel

se hace patio en la memoria

ojo de agua

                 con altos y bajos

puente entre dos sangres

diatriba amorosa

                          blindada

huella indeleble  que nos filtra 9

 

 

William Estany refiere, como hasta el último momento la poetisa Lydda Franco Farías, estuvo activa:

Invitada especial en la Semana Internacional de la Poesía. A pesar de encontrarse delicada de salud, siempre siguió escribiendo…

Allí se presenta, a las 7:00 de la noche, el jueves 22 de julio del 2004, al Recital Internacional de Poesía, en homenaje a  Eugenio Montejo, en la que sería su última lectura en público, ante más de 400 personas, con una hermosa manta guajira de soberbio colorido, un cabestrillo en  un brazo y apoyada en su bastón; participa en el recital internacional junto a poetas como Luis Muñoz, de España; Alessandro Ceni, de Italia; Tone Skrjanec, de Eslovenia; Ramón Bolívar, de México y Alfredo Chacón, de Venezuela, entre otros tantos poetas que intervinieron en los recitales programados para el evento. Dedicó sus poemas a todos, ausentes y presentes y en particular, a su hija fallecida Mirna.

 

A los sesenta y un años, la parca que no falta jamás a la cita, nos despoja de esta poetisa de las letras venezolanas; muere a las 8:00 de la mañana del lunes 2 de agosto de 2004, en Maracaibo, Estado Zulia.

En una entrevista concedida por Panorama, el 13 de abril de 2003 afirma:

Para mi el Zulia es territorio sagrado. Aquí decidí vivir y aquí quiero morir.

Fue sepultada en el cementerio Jardines del Edén, donde también se encuentra su hija Mirna.

 

Y  sostendremos con Goethe:

 El sentido de la vida radica solamente en la vida misma.

 

Así parece entenderlo también, la poetisa venezolana Lydda Franco Farías:

 

me encontrarán tendida a ras de luna

o flotando lluvia abajo

en la resaca del último cigarro

en el silencio que vibra emparamado

desde donde pronuncio mi postrer discurso (…)

ya voy tierra

ya voy cenizas

ya voy olvido 9  

 

una vida se aplaza y se desplaza

mínima sustancia

                                      cerrazón.7

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

Extractos seleccionados de las obras:

1. Poemas Circunstanciales. Policrom, Caracas, 1965.

2. Las armas blancas 1969

3. Edad de los grandes ataúdes (coautor con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol). Ediciones Cal y Agua. Maracaibo, 1977

4. Summarius. Asamblea Legislativa del Estado Falcón, Coro, 1985

5. A / Leve 1991

6. Estar en el envés. s/e,1993.

7. Recordar a los dormidos. EDILUZ. Maracaibo, Vicerrectorado Académico, Facultad de Humanidades, Universidad del Zulia, 1994.

8. Bolero a media luz. Ediciones Mucuglifo. Dirección Sectorial de Literatura CONAC, Mérida, 1994.

9. Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada.  Gobernación del Estado Zulia. Secretaria de Cultura/Universidad del Zulia, Dirección de Cultura, Maracaibo, 1994.

10. Estante. s/e,1994.

11. Una. Ediciones de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia y la Asociación Cultural del Caribe (ASOCARIBE), 1998.

12. Aracné, s/e, 2000.

13. Antología. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Dirección de Cultura, Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, 2002.

14. Antología poética. Monte Ávila Editores. Caracas, 2004.

ACORRALADA

Escondida
acurrucada en cuclillas
el corazón no late
son chasquidos en mi centro
¡silencio!
ordeno al cuerpo
mi sombra aterrada  se escondió lejos
detrás de la luna creo

ellos se acercan
la tortura encogió mi corazón
y las paredes de la celda
erigió barrotes fermentados
ellos se tambalean
vociferan
ultrajes sin ecos

necesito que me enrosquen
que  me escupan coraje
y me deslicen a través de los hierros
miradas  labios lágrimas manos
que me saquen a pedazos
y podré llegar al otro lado

¡al mundo del consuelo!

María Cristina Solaeche

Autor: Louis Smith (Manchester- Inglaterra). Título de la obra: Holly.

Autor: Louis Smith (Manchester- Inglaterra). Título de la obra: Holly.