Archivo mensual: julio 2017

MARTHA KORNBLITH: “Tú eres la palabra. Mientras más me rechazas más te busco”.

MARTHA KORNBLITH
“Tú eres la palabra. Mientras más me rechazas más te busco”.

María Cristina Solaeche Galera

 

Cada suicidio es un sublime poema de melancolía.
Honoré de Balzac.

En el corazón de todo arte grandioso hay una melancolía esencial.
Federico García Lorca.

Quien sabe de dolor, todo lo sabe.
Dante Alighieri.

 Sin palabras. Un gesto. No volveré a escribir.
Cesare Pavese.

Martha Kornblith. Nace en Lima, Perú, en 1959.
De padres judíos. A los once años está definitivamente radicada en Caracas.

Llegué a San Bernardino, (Caracas) con once años. Terminé viviendo en un competitivo snobby ambiente que valora mucho el dinero y desestimó mucho los valores interiores. Eso fue muy duro.

A los nueve años lee La Mil y una Noches, luego, llega Julio Verne, después memoriza el poema que Ernesto Cardenal le escribe a Marilyn Monroe…. Quizás allí comienza todo.

Los estudios básicos y secundarios los realiza en el Colegio Moral y Luces “Herlz Bialik”, en San Bernardino. Caracas.

Estudia Comunicación Social, en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

1982. Año fatídico para la joven Martha, a los 23 años, le es diagnosticada esquizofrenia, y es internada en una prestigiosa clínica de Caracas de la que sale al poco tiempo. Esta noticia abrumadora, tiene una dolorosa repercusión en la memoria de vida de la poeta: lo inalcanzable, la cura.

1989. Siete años más tarde, varias pérdidas en su vida, entre ellas la muerte de su madre, la sumen en una fuerte depresión que conlleva un renuevo de su enfermedad.

A pesar de ello, su pasantía para graduarse la realiza en la redacción del periódico semanal  Nuevo Mundo Israelita; y ese mismo año, presenta su hermosa tesis Periodismo Creativo, para optar al título de Licenciada en Comunicación Social,  en la UCV.

Ejerce un tiempo como comunicadora audiovisual.

Confesional, irónica, desviste las relaciones humanas más allá de las caretas públicas y privadas. Apasionado, singular, es ese su yo huérfano de la buena salud. Sus poemas son una autobiografía poética, un  tormento poético conducido a través de las miserias humanas. De un espíritu exquisito, cincelado en el sufrimiento de estar consciente de la fatalidad de la vida.

Por eso me volví poeta
porque pasa lento el tiempo en soledad

Admiradora de la obra del pintor holandés Vincent Van Gogh y lectora de sus cartas a su hermano Theo:

Yo, que hoy he fallecido algo
y sólo observo, quizás como Van Gogh
me suicidaré para no tener que morir

El poeta suicida deja rastros de su muerte en su obra.
Miguel Marcotrigiano

Laconismo e inteligencia analítica.

Dios no está, no existe, los poemas de Martha son reprensiones  a un Dios que sucumbe mientras ella vive.

No he cambiado de forma
sólo le he dado un nuevo destino a las palabras.
Te sorprenderás de esta manera de darme
estoy harta de esta manía de suicidarme
en cada verso en cada ocaso
quizás sea así
probablemente la partida 

No asoma un instante el consuelo en sus versos:

Desde entonces
Dios es alguien
que resurge de esos garabatos
para no saber
que aún hay seres.

El dios ausente de Kornblith uno de mis pocos credos.
Yolanda Pantin.

Un año vive en un kibutz, una granja agrícola en Israel y regresa nuevamente a Venezuela.

Se forma en los talleres de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y en los talleres literarios que dictan Ida Gramko y Armando Rojas Guardia.

1990. Rafael Arráiz Lucca, dicta un taller de poesía; de dicho taller surgirá en 1992, Vitrales de Alejandría, donde aparecen sus primeros poemas; este libro abre el sello editorial del grupo literario  Eclepsidra.

1990-1994. Kornblith participa del taller que dirige Rafael Arráiz Lucca, primero en las sedes de la Galería de Arte Nacional y después en la casa de Monte Ávila Editores.

1994. Unos jóvenes poetas venezolanos, anuncian la creación del grupo literario Eclepsidra (E: ecléctico; Clepsidra: reloj de agua). A este grupo pertenece Martha Kornblith, al lado de Israel Centeno, Carmen Verde Arocha, Abraham Abraham Greige, Fernando Escorcia, Iván Crespo, Miguel Ángel de Lima, María Milagros Pérez, Luis Gerardo Mármol, Graciela Bonnet y José Luis Ochoa.

Fueron originalmente “eclipsidrianos”, José Luis Ochoa, Luis Gerardo Mármol, Graciela Bonnet y Martha Kornblith.
Verónica Jaffé

1995. Oraciones para un dios ausente. Colección Las formas del fuego. Monte Ávila Editores.

Un poemario desesperado y doloroso, donde anticipa su trágico final, un colofón escrito desde la conciencia de su padecimiento en una forma de extrañamiento, hasta calcarlo en el doliente espejo de los versos.

Hay poemas vengativos, el hartazgo, la inutilidad de cualquier gesto frente al destino.

Así soy: la rabia regresa con el aburrimiento

Tú eres la palabra:
mientras más me rechaza más la busco,
cuando la encuentro, puede que me acaricie o me maltrate,
se queda tan sólo por un instante, y luego se va con otra.

No esconde sus sentimientos ni la absoluta indefensión a la que la reduce su enfermedad, ese su yo huérfano y desprotegido por la naturaleza y por un dios ausente.

¿Cómo definir ese relámpago que sigue a su escritura? ¿Acaso es fuego que huye de su existencia para luego ser quemada en el poema?
Carmen Verde Arocha.

Resuenan en su poesía los ecos de Silvia Plath, Ana Cristina César y Anne Sexton y los miedos de Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni y Miyó Vestrini.

Asume todos los derroteros que puede ofrecerle la palabra:

Me quedo mirando
la palabra,
la ruina que originó
mi primer verso,
sólo cosas
diciéndose por
siempre y nunca
más,
no habrá más talento
surgiendo en los
escombros,
sólo letras de otros
que anuncian el
desastre.

Vive Aushwitz a través de los recuerdos de sus padres, y ese Dios ausente que se repliega y jadea ante el dolor:

Antes que la vergüenza
borrara el recuerdo de los crematorios 

¿qué escribir sobre el color gris
las fotos de los cabellos,
los lentes y los cadáveres?

Eso recordé cuando iba a escribir
un poema.
No había sobre que decir

1997.  El perdedor se lo lleva todo. Fondo Editorial Pequeña Venecia.

Un poemario donde la lucidez poética tiene su término en la subjetividad; desarrollado en el flagrante escenario de la ciudad-casino de las Vegas, con sus salas de juego, noches interminables, alfombras, sus lujosos hoteles, sus ruletas, el espejismo de un desierto. Aparecen en el poema, la desolación en las lujosas suites y en el interior de las limosinas, psiquiatras trajeados de esmoquin, mujeres jóvenes que se venden, seductores de oficio y viejos croupiers con sus pases de banca.

Acodada a este paisaje de luces y ruidos, Martha Kornblith desnudó las calles y nadó entre fichas y sudores, alcobas de hotel y trozos de chocolate para regresar a aquella niñez nada advertida.
Alberto Hernández

Aquí hay gigolós
apostados a la ruleta
y en el fondo un poeta ilustre
jugando a los dados ebrio en su sangre

A través de los poemas de este poemario, ella compara y se aturde desprevenida, con aguda percepción social, de la realidad caótica que vive Venezuela. Aumenta su resonancia, adquiere la envergadura de un nuevo descubrimiento. Nos muestra la riqueza en pocas manos, la violencia criminal y política que vive Caracas. Durante el mandato de Carlos Andrés Pérez, el 27 de febrero de 1989, se produce el Caracazo con más de dos mil civiles muertos y dos intentos de golpe de estado en 1992; estos hechos impactan su sensibilidad y asumen estas tragedias su lugar en la imaginación de Martha, así lo refleja en sus poemas. Al leerlos, nos damos cuenta que ella no pudo ajustarse a la delirante y violenta ciudad de Caracas en ese tiempo.

Voy a ser una mujer en un
País en guerra
Pensando en ti
Habitualmente
-Sola-

1997. Sesión de endodoncia. Grupo Editorial Eclepsidra. Caracas.

Martha escribe en este poemario sobre el mito y la inminencia del suicidio al no tener realmente nada que perder y por ello, nada que temer.

Uno de sus últimos poemas después de leer los poemas sobre la melancolía de la filósofa y poeta búlgara Julia Kristeva:

Es Martes
leo a Kristeva:
(“la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema”)

Es Martes
leo a Kristeva:
(“Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras”)

Es Martes
y leo a Kristeva:
“La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida.”

En un poema que escribe a su madre ya fallecida:

me convertí
en poeta
que es lo mismo decir
en poeta suicida

Cuando uno sabe que el poeta es suicida, ya el acercamiento a sus libros es un prejuicio.
Miguel Marcotrigiano     

 1997. Muere por voluntad propia, el jueves 29 de junio de 1997, en Caracas, Venezuela. Deja tras de sí, un libro y numerosos poemas desperdigados en revistas literarias y algunas antologías.

A veces
es preciso
volver a los recuerdos
para anular la memoria,
aniquilar vestigios,
otras vidas,
saludar viejos lazos,
decapitar antiguos papeles,
zozobrar de nuevo,
para que vuelvan a decir
y no tener,
no poseer nada.

La esquela sobre la noticia  de su muerte, finaliza con unos versos suyos.

No habría sobre que decir,
salvo las tertulias del hambre
la imposibilidad de abstraer.
Había que andar
con el lápiz bien afilado.
Y escribir:
no escribas poesía
ni envidies la seda de las sinagogas.
Lo digo hoy
hastiada de miedo.

-2016. Martha KORNBLITH. Obra Completa. Editorial Eclepsidra.

Con prólogo de Carmen Arocha, un estudio preliminar de Dina Saraceni y un epílogo de Rafael Arráiz Lucca.

SOLITARIA

SOLITARIA

 María Cristina Solaeche Galera

 Solamente los muertos conocen el reverso de las piedras.
Solamente las piedras conocen el reverso de los muertos.
Olga Orozco.

Un gran dolor pule los huesos de la casa.

Luz Machado.

La casa nos ayuda a decir: seré un habitante del mundo, a pesar del mundo.
Gaston Bachelard

Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.
Miguel Hernández.

A la orilla de la vida se acurruca el corazón de la casa.
María Cristina Solaeche Galera.

¿A dónde se fue? ¿A dónde?
Lo sacaron por mi puerta, por mi boca; en una camilla, los ojos de mis ventanas lo vieron todo.
¿Quiénes forzaron la cerradura?

Mi puerta, mi boca, daba al tiempo y a la vida.
Doy vueltas giro mareada en los espacios de antiguas cuitas y regocijos, lloro y pregunto.
¿Por qué se alejó?

Me había echo amiga del sol para que iluminara su sala y las plantas del balcón; ahora, estoy siempre debajo del ala de la noche. A veces, la llovizna tintinea en las flores lilas.

Se fue, no me avisó, amaneció y se fue, se fue de mi cielo a no sé dónde.
¿Acaso a su último sueño?

La congoja de la ausencia se prolonga, esta soledad trastabilla los pasos que ya no siento sobre mis suelos, quedó el vértigo y la mirada de ceniza del ventanal. El dolor del alejamiento se ceba, se ceba en cada una de mis estancias.

Recorrí día a día, tiempo a tiempo, sus pasos, sus gestos, sus miradas. Era silenciosa y acogedora la noche, mientras su noche dormía, hoy, es crecido zumbido de caracol.
¿Acaso no volverá en mis sueños?

El amor nos hilvanó para el vivir, era la perla de la ostra que soy.
Hoy, mis costados están secos, sostengo los cuadros que se detuvo a contemplar, sostengo los muebles por sostener, las porcelanas estáticas pretenden seguir decorando, nada resbala de la mesa inmóvil rodeada de rígidas sillas entre el mantel y el cubierto; sostengo todo, porque todo quedó aquí, no se llevó nada, nada, hacia allá donde dicen que de algún modo se existe… no me llevó consigo a la estancada perpetuidad.
¿Por qué no me llevó?

Solía asomarse tímidamente a los espejos, muy de vez en vez; se fugó su imagen, se la llevaron con su cuerpo.
¿Qué reflejan ahora?

Estoy transformándome en cortezas, ya no tomo préstamos al color de las flores lilas del balcón, ellas, aún no se han enterado, todavía florecen.
¿Dónde está la casa de mi hogar?
¿El hogar de mi casa dónde está?

Se levantan airados los recuerdos; los míos que eran suyos, están por todos los lugares, están en mi corazón de piedra.
Estoy quebrada, detenida en un tiempo que desconozco. Mis ventanas ya no se asoman afuera, al mundo: son hoyos las que eran mis ojos.
Sus huellas quedaron en el aire mío y se agiganta el silencio que cruza callado y fantasmal excavando en mis espacios.
¿Cómo embrazar su cariño?

Para entrar en la muerte le valió mi puerta, mi boca. Nada sigue igual, me estoy desvaneciendo.
¿Acaso me contraerá el olvido?

Mis lágrimas son duras, secas, son de argamasa, son amarillentas como guijarros,  surcan desde mi vientre de piedra que entona el canto torpe del desaliento.

Se tornan sordos y quebradizos mis huesos, los mismos que sostuvieron sus realidades.

La insignificante distancia de un paso, un solo paso hacia fuera de mi umbral, separó las sombras nuestras y sume el corazón hacia adentro.
¿Acaso no guarda ya la llave de mi puerta?

Me encojo, me atrinchero, me agazapo, inútil.
Se fue, lo sacaron por mi puerta, por mi boca. Lo sacaron sin prisa, con el cabello desordenado, lívido, sin la luminosidad de su mirada por delante, con un pensar perdido y una sombra de eternidad en sus manos.

Una estela mortecina quedó en el aire memoria abajo, y aquí quedé yo, como el relente, solitaria.

Título: Elefante Rojo
Autor: Ricardo Renedo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
País: España.

EXTRAÑANDO

Inerme el día
no me fui
con las indolentes nubes que
dejaron un pozo en el cielo

Quedé
bordeando la cornisa de un lecho
desconcertada
mutilando el crespón de la colcha
cauterizando el aliento de la sábana
que se anuda
se estruja
se exila

El aire
ventolera fantasmal
deambula en el aroma que quedó
de cuerpos revueltos

La luz
verbena de seda
acecha y estampa lunares en la mejilla

La sombra
rosa negra descarada
espina y se esconde en la oquedad del vientre

El sonido
adolorido gorgoteo
enlaza atolondradas ocarinas

Son ayes de lapislázuli
son flores de arcilla
es alquimia de lágrimas al cuello

Extrañando se descuelga mi ser en espirales.

María Cristina Solaeche Galera

Título: Muchacha recostada.
Autor: Ernst Ludwing Kirchner
Técnica: Óleo
Año: 1910
Dimensiones: 81×91 cm
País: Alemania