LA PESADILLA

Lo peor de todo era, que las iglesias
siempre le hacían pensar en los tormentos del infierno
y a él le aterraba el infierno.
Ken Follet.

La primera vez que la Deidad descendió a la tierra,
trajo la vida y la muerte;
cuando vino
la segunda vez trajo el infierno.
Mark Twain

A esta generación y a muchas otras,
se les ha hecho creer que el diablo era un mito,
una figura, una idea, la idea del mal.
¡pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él!
¡Lo dice San Pablo, no lo digo yo!
¡Lo dice la Palabra de Dios!
Papa Francisco.

¿Quién dice que los sueños y las pesadillas
no son tan reales como el aquí y el ahora?
John Lennon.

Un trueno repentino ronca en la noche, rompe el silencio, las nubes se tornan en alas cenicientas y el relámpago compañero parte el cielo en dos. Una claridad se difunde por todo el escritorio. Se barrunta un aguacero.

Malka, la añosa y acicalada gata persa de ojos rasgados y un azul intenso, dormita sosegadamente en el floreado cojín a su lado.

Es más de la media noche y en la mañana temprano, a las nueve, dictará una conferencia. El argumento es sobre un polémico personaje, El Demonio, y así se titula la charla, será un recuento de la historia de Satán, Belcebú, Moloch, Iblis, Mara, Diablo,  Lucifer, Belial, los tantos diferentes nombres con los que se le conoce, y su protagonismo en la historia de las religiones y los seres humanos: hará hincapié en el Satán del infierno católico de Dante Alighieri; con esa idea, piensa finalizar la disertación.
Para ello, Ignacio ha estudiado exhaustivamente el tema; se remontó a los abismos de los Inframundos, al Duat egipcio, al Averno y el Tártaro griegos, al Gehena del judaísmo, el Naraka del budismo, el Infierno del catolicismo, el Diyu de la mitología china, una lista casi interminable de lugares, que las diferentes religiones han creado para atormentar eternamente a los humanos que murieron, y en vida, no cumplieron con las creencias y los dogmas que esas ellas les impusieron con una saña, con una ferocidad, con una crueldad que no podemos decir inconcebibles, pues fueron fraguadas para aterrorizar con la idea del pecado y del castigo. Inframundos que aterran, que estremecen el cuerpo y el pensamiento, sin tregua alguna por los siglos de los siglos.

Soñoliento, estira sus piernas, le parece oír el crujir de las articulaciones de las rodillas; cierra la carpeta con el material sobre el que ha trabajado con ahínco varios días. Cansado, pero entusiasmado, se incorpora, acaricia a Malka, apaga la luz y se dirige a su habitación.

Entra en silencio, un mimoso beso a su mujer aparta suavemente un rizo de su cara, no quiere que Amelia despierte. Ella, también tiene que dar clases ese lunes.

Apenas se acuesta, transcurren unos veinte minutos y ya duerme profundamente.

Sueña, Ignacio sueña que un engendro, un ser monstruoso, gigantesco, de ojos plomizos y dilatados lo mira a través de todo un horripilante cuerpo y desde ellos pululan sabandijas que se retuercen en el candente aire, con orejas grises y correosas, múltiples brazos que se alargan en una miríada de ventosos tentáculos, numerosas lenguas verdes y babosas de camaleón gigantesco que se agitan airadamente saliendo y entrando de sus fauces, alas de pterodáctilo, aliento fétido y una piel rugosa, con escamas y de un color ocre ceniciento.

El engendro trinca por el cuello a Ignacio, lo sacude con descomunal fuerza, lo desbarranca por despeñaderos sin fondo de cortantes rocas calcinadas al rojo vivo, que desgarran su piel y esparcen sus vísceras que se retraen de nuevo en su vientre; velozmente, su ensangrentado cuerpo es hundido por el Demonio,  en un fango hediondo y ardiente, donde los huesos se desintegran y reintegran de nuevo, para después, ser arrojado a un lago de fuego en el que arden y vuelven arder sus entrañas, mientras los vapores oscuros y pestilentes, se convierten en  enjambres oscuros y viscosos de alimañas que despellejan indefinidamente su rostro. Son tormentos que destrozan, desollan, desgarran, carbonizan  y envenenan una y otra vez, su humanidad, en un tiempo eviterno en la nada de la eternidad.

Suena la alarma del reloj del celular. Amelia despierta animosa. Sabe que Ignacio se acostó tarde y dejará que duerma media hora más; mientras, preparará un rico desayuno, unas tazas de chocolate fumante que tanto les gustan a ambos por la mañana.

Amelia regresa a la habitación a despertar a Ignacio, se acerca a la cama y lo besa en la mejilla. Espantada, siente un rostro helado, paralizado, contorsionado en una mueca de terror. Retira la cobija y con horror ve que todo el cuerpo de Ignacio está engarrotado, retorcido, contraído en gestos atormentados. No respira, no hay pulso. Angustiada llama a su vecina, a los servicios urgencias, a la familia; llora y se desespera.

Llega el médico, revisa el cuerpo, confirma su muerte. Un paro cardíaco durante el sueño. “Algo lo conmocionó demasiado, quizás un sueño muy violento” afirma el galeno.

Una pesadilla terrorífica y muy vívida acabó con su vida.
Nunca se sabrá  lo que Ignacio soñó esa noche.

María Cristina Solaeche Galera

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4 Respuestas a “LA PESADILLA

  1. Excelente, como lo podemos considerar un cuento o un relato creo que es lo primero.

  2. apreciada Maria Cristina, no sabia que MARA era una de las denomionaciones del diablo Este escrito, tiene un estilo como el de Edgar Allan Poe, que da miedo,slds,M

    El 15 de junio de 2017, 3:38, EL VERANO DE LOS TAMARINDOS escribió:

    > mariacristinasolaechegalera posted: “Lo peor de todo era, que las iglesias > siempre le hacían pensar en los tormentos del infierno- y a él le aterraba > el infierno. Ken Follet. La primera vez que la Deidad descendió a la > tierra, trajo la vida y la muerte; cuando vino la segunda vez trajo” >

  3. María Cristina Cáceres

    Yo leí un artí yo culo a mi me interesa mucho el tema del mundo onírico; creo que las enfermedades mentales son provocadas por esas terribles pesadilllas es tan complicado todo esto…. qué llegue a la muerte por una pesadilla; Freud dijo qué cuánto más estudiaba sobre el fenómeno del pensamiento onírico el inconsciente pues más oscuridad veía en vez de más luz…. gracias a Dios hay personas qué siguen estudiando ese fenómeno del soñar yo en dos pesadillas he logrado ese rezar y las oraciones me ayudan a despetar y hoy leí un texto escrito por Larry Dossey y dice ” Que se puede rezar de modo inconsciente, incluso en sueños, nos parece disparatado. Y tampoco nos cabe en la cabeza la posibilidad de que el inconsciente sepa orar mejor que la mente consciente” pues en mi experiencia al rezar cambia de pesadilla a sueño y despierto así que si se da esa posibilidad si ayuda el rezar.

    • hola y Saludos; yo cuando tengo pesadillas me despierto rezando un padre nuestro, pero no sabia que a otros les pesaba lo mismo.

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