CRUZ SALMERÓN ACOSTA

CRUZ SALMERÓN ACOSTA.
El solitario de la cima de Manicuare

 María Cristina Solaeche Galera

 31

Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

 César Vallejo

 

 “el poeta del martirio”, “el poeta milagroso”, “el paradigma literario de Araya”, “el Hijo Santo de Manicuare”, “el poeta de la resignación”.

 El poeta Cruz María Salmerón Acosta, nace en las áridas y salinas costas cumanesas del oriente venezolano, el 3 de enero de 1892, en Guarataro, Estado Sucre, Venezuela. En una ensenada donde está la vivienda de sus padres, a pocos pasos del mar y a unos centenares de metros de Manicuare, una prolongación de Araya a orillas del Golfo de Cariaco desde donde se divisa Cumaná, la capital. Guarataro, un pueblo muy pobre, colmado de soledad, pescado y sal, donde las piedras son de ceniza y cal, las aves silenciosas y grisáceas, y la vegetación escasa y espinosa; en una época de guerras internas y de autoritarismo institucionalizado, durante el gobierno de Raimundo Andueza Palacios.

Manicuare es un puñado de mar, un puñado de gente y un puñado de tierra. Víctor Salazar

Allí transcurre su infancia, siempre a la orilla del agua o mar adentro, entre botes, peces y atarrayas, un niño y un adolescente que nació en el mar, y un hombre a quien le zozobró el mar en la sangre. Un torturado poeta víctima del mal de Hansen (la lepra), dolencia que lo consume desde su plena juventud hasta los 38 años de edad, cuando muere.

Desde la niñez, Cruz María se adueña del afecto de su pueblo que lo sabe comprender en sus juegos de cartas, caída y truco aprendidos de su madre y a los que es tan aficionado, sus cantos de malagueñas y corríos en las fiestas de la Cruz de Mayo y sus poesías. De boca de Mano Catire, folklórico personaje de Manicuare, escucha cuentos y leyendas, él lo lleva de su mano a los puestos de los vigías sobre las colinas que bordean al Golfo, le enseña sobre las peripecias de la pesca, el manejo del arpón, el canalete y el anzuelo, el garapiño y el remo, a manejar el timón, a tejer redes y lanzar atarrayas. La casa de los Salmerón–Acosta está en la que es hoy la calle Arismendi, llamada por el pueblo la calle Margariteña rememorando su pasado histórico; bordeando al río y terminando en la Boca del Monte.

Allí, de niño, estudia sus primeras letras como pupilo de las maestras Carlota y Petra González y después, en la piragua Santa Ana llega a Cumaná , muy lejos de  su  terruño Manicuare y alrededores  ( hoy día, a dos horas de un insoportable periplo terrestre), a realizar sus estudios en la Escuela de Pedro Luis Cedeño, en Toporo, calle de Cumaná, hoy conocida como “calle de los telares”, “calle Cantaura” o “calle Cedeño”; los últimos grados los cursa  en el Colegio Nacional de Cumaná, logra culminar la primaria a los 12 años, en 1904. Estudia secundaria en el Colegio Federal (hoy Liceo Antonio José de Sucre), a cargo de Don José Silverio González, y obtiene el título de Bachiller en Filosofía y Letras, en septiembre de 1910 a los 18 años de edad.

El mismo año 1910, ingresa a cursar Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela, y en 1911, a los 19 años, escribe su primer soneto Cielo y Mar, cargado de gran intuición y una fuerte premonición:

 Al extinguirse el último celaje,
Copio en mi alma el alma del paisaje
Azul de ensueño y verde de añoranza.
Y pienso con oscuro pesimismo,
Que mi ilusión está sobre un abismo
Y cerca de otro abismo mi esperanza.1

Lo dedica a su entrañable amigo el insigne poeta José Antonio Ramos Sucre, paisano, contemporáneo, condiscípulo y compañero en la poesía y la tragedia. De esta época, es la única fotografía que deja Cruz Salmerón, la de un joven muy bien parecido, de facciones fuertes y abundante cabellera oscura.

Su amor es Conchita Bruzual Serra, una mujer nativa de Cumaná, a la que él llama Cordera, y para ella, son la mayoría de sus emocionados poemas:

El colibrí de tu mirada riela
sobre el agua enturbiada de mis ojos,
y de tus célicas mejillas vuela
un crepúsculo rosa de sonrojos.

Hilo por hilo la ilusión devana
y urde sueños en fina filigrana
la araña de mi vaga fantasía.

Porque cuando me miras y te miro
sale volando tu alma en un suspiro
y embriagada de amor cae en la mía.2

Yo la miro perderse entre las flores,
Y con la voz de todos los amores
Voy a llamara, pero me da miedo 3

Colabora en publicaciones como: Satiricón, La U, Claros del Alba, Elite y Renacimiento en la ciudad de Cumaná; El Universal y El Nuevo Diario en la capital Caracas.

En 1912, a los 20 años de edad, estudiando el segundo año de la carrera, comienza a sentir dolencias en los brazos y adormecimiento en las manos, acude a los médicos  Felipe Guevara Rojas, para la época Rector de la Universidad Central de Venezuela, y a  Juan Iturbe, quienes lo examinan detenidamente. El diagnóstico es fatal, crudo, doloroso, el poeta ha contraído el que la Biblia llama “inmundo mal”, “el mal de los malditos”, la lepra, y ser leproso, es exponerse al asco y al desprecio, a que su propio pueblo lo execre con gestos de repugnancia y terror al contagio.

Le aconsejan los doctores regresar rápidamente a su tierra y esconderse, antes que las autoridades sanitarias lo aíslen forzosamente condenándolo al Degredo, isla del lago de Valencia donde funciona un hospital para enfermos contagiosos y un penitenciario. Según testimonio de su amigo Dionisio López Orihuela, Cruz Salmerón no se rinde inmediatamente, sigue estudiando y así, completa dos años de la carrera, hasta 1913, cuando cursando el tercer año, el dictador Juan Vicente Gómez clausura la universidad, y el poeta  forzosamente regresa a su pueblo. El abanico de la tragedia ya se ha desplegado en su vida, una hermana Encarnación, muere al siguiente día de su regreso, su hermano Antoñico es asesinado por un jefe civil del pueblo, y el poeta que aún no muestra los estragos de la enfermedad, afrenta esta muerte y lo encarcelan en Cumaná, sufriendo durante un año los rigores del presidio de entonces.

Pero aún le quedan 15 años de vida, los más penosos de su existencia. Y su aislamiento será voluntario durante esos años, en Manicuare, en una playa desolada que se encuentra después de atravesar las Salinas de Araya, donde la historia mira al mar desde lo alto, con la misma lejanía que elije el pescador para divisar el cardumen.

Un hombre atrapado en una maldición con el océano infinito y libre al frente     Ramón Alberto Escalante

Allí se refugia el poeta; en una casa construida especialmente para él, sobre una pequeña colina a la orilla de su mar. Una casita-reclusorio, de un solo cuarto, con una sencilla cama individual y una tina de cemento para que se bañe cuando la invalidez ya no le permita hacerlo en su océano. A partir de entonces, toda su poética está sometida al doloroso marco de su vida, al ámbito de su propio sufrimiento. Es el lugar de su destierro físico y espiritual; hoy, la casa la conservan con esmero  los jóvenes del Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta, y quien allí vaya, puede ver la cumbre que el poeta canta desde su lecho de enfermo, existe un Museo en el lugar donde sus padres vivieron, además, un Liceo, una Biblioteca, una Parroquia, un Municipio y unas canciones del cantautor venezolano Alí Primera, llevan su nombre:

La canción de Salmerón
el que la vida cambió
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol.

El poeta “logra” pese a sus enormes sufrimientos físicos, a su brutal aislamiento, a su dolorosa y agobiante soledad, afrontar con resignación su desolada realidad, glorificando en vida la desintegración del cuerpo, cincelando el patrimonio de la muerte como una lápida en sus poemas. Se apasiona en los arpegios poéticos de su Maestro Rubén Darío, de Nicaragua, en José Martí, de Cuba, los sonetos de Villaespesa y Valle-Inclán, de España; la poesía nocturnal de Silva, de Colombia, y admira a los grandes estilistas de la literatura Rodó, Díaz Rodríguez y D´Annunzio.

En 1923, cuando Cruz María tiene 31 años, otro poeta cumanés, Andrés Eloy Blanco, regresa triunfal a Venezuela con su Canto a España, entrando al Golfo de Cariaco en un buque que lo trae desde Madrid. Cruz Salmerón, desde su aislada ribera, le declama en voz alta y agotada por los esfuerzos en su lucha del cuerpo contra la enfermedad, su poema Bienvenida y se lo envía con un pescador de la localidad:

Desde mi sombrío y eterno retiro,
Esta tarde, el buque donde viajas, miro,
Y sufro mirándote ante mi pasar,
Pues quiero y no logro dar unas palmadas
Con mis dolorosas manos mutiladas
Que ya ni la pluma pueden empuñar.4

Mas no es un solitario generacional en la literatura, es un admirador ferviente de la poesía medieval y de la renacentista castellana. Por ello, es de esperarse que su creación literaria, no posea las características determinantes del movimiento modernista que ya se inicia en Venezuela para esa época, tales como renovación métrica, léxico de efecto exotista, referencias a culturas lejanas, neologismos y la maravillosa orfebrería de la metáfora.

Su poesía se enmarca en Venezuela, en la etapa de la transición del Clásico a La Modernidad. Sencillez con dimensión mística de la palabra, recrea la belleza sonora de antiguas tradiciones rítmicas en el verso, la religiosidad y el imaginario medieval; la ingenuidad, la candidez, y el hipérbaton tan característico de los períodos cortesanos de la literatura española del  siglo XV y del Barroco, trastrueca el “orden normal de la frase”, con  encabalgamientos frecuentes cortando la frase final inacabada de un verso y continuándola en el siguiente , herencias de la poesía del medioevo y del clasicismo renacentista. Claridad de estilo, plasticidad espontánea de las imágenes y fluidez del numen en el lírico estuche del soneto. Predominio de conceptos como tormento, esperanza, amor, pesimismo y muerte, lo acercan tardíamente con el romanticismo venezolano, siempre con la búsqueda religiosa como centro. Un dolor sin agresividad, sin ironía, sin sarcasmo, sin desconfianza, sin rebeldía y sin reproche, que asoma a los prerrafaelistas y nos recuerda este anónimo español del S. XVI:

No me mueve mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte
(…)
No me tienes que dar porque te quiera:
Pues aunque lo que espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

La sencillez de sus epítetos: “claro cielo”, “dulce  madre”, “tierna mujer” “fresca hierba”, “divina belleza” , “oscura noche”, “blanca luna”, “rosados sonrojos, “verde añoranza”… expresados en su elemental contingencia desvinculada del contingente, convertidos en imágenes  espirituales, lo identificarán de nuevo con la  herencia medieval y la tradición renacentista, en un deseo de entregarse a la “suprema voluntad”. Ráfagas de idealismo, sobrevuelan en ruiseñores, alondras, cisnes,… aves muy difícilmente vistos en Manicuare, en búsqueda de la divinidad, compartiendo con Rubén Darío sus solitarios árboles, su océano, su colina,…tan vívidas en su existencia, revistiéndolos de su animosidad interior:

Quiero cantar a tanta poesía
Que habla a los ojos, y a la mente encanta,
Pero la alondra de la musa mía
Aún sin querer solloza cuando canta.5

Pero para el solitario de la cima de Manicuare, la esencia, la fuente secreta de vida, su Grial, está en la mirada de la amada, y cuando para ella escribe, es un rezo para invocarla. La mujer amada, inspiradora de ensueños, su corazón como emblema de sentimientos:

Miróme ayer una mujer hermosa
Y su presencia me causó tortura,
Vi la herida más honda y dolorosa
Que he sufrido en mi vida de amargura                     (…)
Y hoy tengo el corazón más adolorido
De vivir vanamente deseando
Sufrir de nuevo la mortal tortura,
De ser visto otra vez por la hermosura
Que con mirarme ayer me dejó herido
Y con no mirarme hoy, me está matando.6

Escribir poesía para Cruz María Salmerón Acosta, es anhelar amor, orar, arrodillarse, pedir perdón, dejar de preguntarse “el por qué”, retumbando su voz entre las piedras, el papel y la orilla del mar.

Su obra cumbre y la más conocida, le bastó para inmortalizarlo, es el soneto Azul:

Azul de aquella cumbre tan lejana
Hacia la cual mi pensamiento vuela
Bajo la paz azul de la mañana,
¡Color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul del cielo emana,
Y azul de este gran mar que me consuela,
Mientras diviso en él la ilusión vana
De la visión del ala de una vela. 

Azul de los paisajes abrileños,
Triste azul de los líricos ensueños,
Que me calman los íntimos hastíos.

Solo me angustias cuando sufro antojos
De besar el azul de aquellos ojos
Que nunca más contemplarán los míos.7

No hay cabida en su poesía, para el tiempo vertiginoso, el espacio limitante, las desazones de la pasión, en ella, es el aquí, sin cuestionamientos complejos y el allí, la vida-no vida, y la muerte-no muerte. Apostar a abandonar la materia yaciendo en el templo del cuerpo. Cruz Salmerón yace, siempre yace en su templo interior, entre ritos medievales y ritmos pre-renacentistas, envolviendo su limitadísimo mundo con mirada agónica y su idealismo con evasión, en la búsqueda de una imagen única de la divinidad.

   

se le estaba cayendo la carne a pedazos y el alma a versos.

Juan Santaella

Durante el mes de julio de 1929, Manicuare, sufre los estragos de una fuerte sequía, el ardiente sol castiga las polvorientas casas, las arenosas calles, los árboles y sus pájaros:

Nací del mar en infeliz ribera
Y esta aflicción que mi alma desespera
Cuando empiezo a rimar lo que he vivido
Me hace pensar, por el sufrir inquieto
Que acaso llevo en mi interior secreto
El paisaje del suelo en que he nacido.5

Al poeta lacerado, que desgarra por primera vez en su poema Desolación Espiritualtoda la dignidad de su rebeldía contenida, asfixiada por la enfermedad y su mística resignación, le escribe Julio Hernández:

Soy hombre porque soy libre,
Y soy libre porque he decidido
Someterme al rigor de un dolor interminable.

Y el 30 de julio de 1929, con apenas 37 años, en Manicuare, Cruz María Salmerón Acosta, se confunde con aquél al que tantas veces le cantara…el azul de su mar… y… ese día…llueve en Manicuare, el recuerdo de aquella lluvia, aún permanece en esa tierra, en los recuerdos de los más ancianos y en quienes anhelan preservar la memoria de este poeta.

Más no habré de cantarte, el sufrimiento
obliga a que mi alma el verso guarde;
hoy me siento tan triste y tan cobarde
que ya ni quiero echar mi canto al viento 8

Una recopilación de toda su obra lírica, sus sonetos Fuente de Amargura con prefacio del Profesor Dionisio López Orihuela, se publicó por primera vez en 1952, en el Volumen Nº 6 de Ediciones Gratuitas por la Línea Aeropostal Venezolana.

La vida del poeta Cruz María Salmerón Acosta, es recreada en el año 1984, en un film de largometraje de ficción La Casa de Agua, del director caroreño (Estado Lara, Venezuela), Jacobo Penzo.

Referencias Bibliográficas:

Fuente de Amargura. Ediciones Gratuitas, Línea Aeropostal Venezolana. Caracas, Venezuela, 1952.

 

Extractos seleccionados de los poemas:

  1. Cielo y Mar
  2. Mirándonos
  3. Advenimiento
  4. Bienvenida
  5. Desolación Espiritual
  6. Mirada Fatal
  7. Azul
  8. La Canción Recóndita.
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8 Respuestas a “CRUZ SALMERÓN ACOSTA

  1. Graacias hermosa mujer
    Este mensaje ha sido enviado gracias al servicio BlackBerry de Movilnet

  2. Mauricio Perez-Badell

    Felicitaciones MAiaCristina. Hace varias décadas, visité la casa del poeta en Manicuare. Edo Sucre, frente a Cumana, golfo de por medio. Abrazos,Mauricio,.

  3. juan morales manzur

    Magnífico!!!!!!De mis poetas favoritos!!!

    Date: Tue, 30 Sep 2014 21:30:35 +0000 To: jcmmanzur@hotmail.com

  4. Lcdo/Abog. Humberto J. Saras G.

    María Cristina,, una creación que rompe los limites de la imaginación. Maravilloso, precioso, encomiable. Un abrazo, Humberto J. Saras G. .

  5. Gracias, amiga, por presentarnos este estupendo post.

    Abrazos

  6. Arístides Huelva

    Que manera poética tan pero tan hermosa de entrelazar poesía, vivencia biográficas y misticismo del poeta Salmerón. Gracias amiga.

    Desde Cumaná
    Arístides Huelva

  7. Alfonso Isea Olivares

    Gracias María Cristina Solaeche Galera, amiga del alma, por este pequeño homenaje hacia el poeta Cruz Salmerón de recordármelo y rememorar su biografía y algunos poemas; unos de mis preferidos de esta tierra de gracia que es Venezuela. Una vida que nos lleva al dolor y al sufrimiento con encomiable valor humano y literario… El valiente y amoroso bardo en su lucha dolorosa ante la enfermedad y la muerte. Gracias… y saludos.

  8. GRACIAS, DESCONOCÍA ESTA FACETA DE LA VIDA DEL POESTA….

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