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Para los poemas.

CARLOS RODRÍGUEZ FERRARA

CARLOS RODRÍGUEZ FERRARA:
“Más allá de los espectros”

La lucidez de la eternidad como destino

Carlos Rodríguez Ferrara (1) 

María Cristina Solaeche Galera

 

 

              En la tristeza húmeda
                                                              el viento dijo:
                                  -Yo soy todo de estrellas derretidas,
                                                                       sangre del infinito.

                                                                                                      Federico García Lorca

 

 

Carlos Rodríguez Ferrara, desde su llegada  al mundo el 24 de abril de 1962, en la Ciudad de los Caballeros, Estado Mérida, Venezuela, hasta su lamentable muerte, la madrugada primaveral del 17 de marzo de 1983, en la misma población, nos deja, una vida efímera y una voz poética con apenas veinte años de recorrer su travesía. Vivió intensamente, sus viajes por Europa, Cuba, Colombia y su país natal Venezuela, la música clásica, la ópera, la literatura, y pronto se graduaba en la Universidad de los Andes, en Lenguas y Literatura Clásica.

Su padre, el esclarecido humanista, poeta y ensayista venezolano Carlos César Rodríguez, su madre la distinguida Vittoria Ferrara Bardile.

 

Más allá de los espectros, recibe el premio Primera Bienal de Poesía “Francisco Lazo Martí” del Ateneo de Calabozo en junio de 1983, es su primer y único poemario, dueño ya de su propia personalidad, desdeñando el desborde, sin regodeos,  donde cada palabra es escama de un caparazón que gravita en derredor del verso, capaz de sostenerlo sólo mientras transa consigo mismo, con la insoportabilidad de la honda reflexión y la instantaneidad del fugaz relámpago de la existencia, dejándonos su consternación en cada estrofa.

 

Arde, de nuevo, su lámpara. Brilla, todavía el aire. “Más allá de los espectros” es árbol de primera floración, agotado por la redondez de sus frutos; es toque de agonía, voz en duermevela, elegía a sí mismo, rosa volcánica cortada al filo del crepúsculo.

Carlos César Rodríguez, Calabozo, 28 de abril de 1984

 

Su poesía es indefensa y por indefensa expuesta. Escrita en verso libre, se trata de ochenta y cinco poemas, y desde los primeros versos, el poeta deja claro el tema central del poemario:

 

Quiero regresar al silencio perfecto
en el que se unen los vacíos y los sonidos
donde el viento es sordo,1

 

Urdimbre del poema, la muerte voluntaria, aparece como orbe, como esfera, donde el yo poético pone márgenes breves a su vida, se adentra y diluye sobre la que lo acecha; sintiendo el hostigo de sus pasos, decide expresar la quimera y darle sostén a su existencia, sabedor, de que la intensidad de su desasosiego es su impulso tenaz como razón de ser. No intenta esquivar el sentido del final, sino entender desde el verso, el mutismo, el vacío y la ausencia en la muerte. El tiempo de la muerte es también el tiempo del verso. El ser que se refugia en estos poemas es el que escucha el silencio.

Escritos en primera persona la casi totalidad de sus poemas, nos presagia este poemario una migración por el mundo íntimo de un poeta asaltado por la tribulación.

A nivel semántico, destacan su simbolismo, las imágenes y la tonalidad melancólica, y por sobre todo, su propia voz.

 

Es una poesía que, si fuese árbol, el poeta sería un sauce:

 

Había un sauce triste
que pensaba cosas terribles.
Cosas como bañarse en un río
o comer flores rojas
de una trinitaria  2

 

Si fuese sonido, sería el silencio que palpita contra los chirridos del mundo:

 

El silencio
retumba en los oídos
anhelantes
de colores ingenuos.

Nos iremos
a lugares remotos,
quizás entre
el río y las piedras,
para poder comprenderlo 3

 

Su poesía es la paradoja del reparto entre la vida  y la muerte que se amarran e inmovilizan en un único instante, en la eterna lucha entre Biós y Thanatos, y como un Ulises, el poeta  se ata a sus  palabras intentando resistir el canto de las sirenas que lo convocan a morir.

Bajo su cálido verbo la sensibilidad insistente en su sorpresivo decir:

 

Ayer
vi un camino
descendente.
Se oscurecía,
goteaba
hojas

Todo en él
temblaba
incluso hablaba
lenguas muertas.4

 

Intensa convocatoria, texto que despierta desazón, afección y terneza en cada una de las huellas indelebles de una gran sensibilidad estético-literaria. Angustiosa metáfora existencial en la que nos queda, metamorfosearnos en sus tristezas y escucharlo:

 

Soy,
desnudo
por primera vez,
quien presiente
lo absurdo:
ese desapego
al horizonte de los ojos5

Argumenta el filósofo rumano Emile Cioran:

Entre poesía y esperanza la incompatibilidad es completa, conduciendo al poeta a no entender por entender demasiado

 Y, los versos de Carlos Rodríguez Ferrara plasman eso, la imposibilidad de vivir una existencia que es incompatible con su sensibilidad. El poeta intenta aferrarse desesperadamente al vértigo y a la oquedad de esa sordina que crepita en la muerte, con su voz fragmentada que se posesiona del poema, y expandirse donde no haya límites espacio-temporales en la levedad del tiempo grávido y enigmático. Aventurado a las más inclementes contradicciones, en la tesitura de un espíritu dispuesto a claudicar ante la vivencia de la muerte, en un aprender a ir perdiendo, cediendo, en dar un salto al vacío con sus únicas alas, los poemas, expulsarse a un territorio minado de incógnitas, asediado de fatalidad, al encuentro, no de certezas, ilusiones, esperanzas, lo contrario, al encuentro de un mundo velado, con su asombro solitario, desgarrando su orfandad frente al albur del universo.

Su poesía extraña a fastos pseudometafóricos, a ripios léxicos, en un “hablar silencioso”, austero, que no da cabida a la hipérbole, irrumpiendo el ritmo de la frase con encabalgamientos suaves, los que apenas se apoderan de la unidad de la expresión que continuará en el próximo verso.  Abrevia, como dejando constancia de que en cualquier instante puede romperse el hilo de la vida, a un ritmo, que nos deja entrever como el hado otorga inciertos sentidos a la existencia. Mesura en la disposición visual, con las líneas y espacios blancos bien diferenciados, con mayúsculas, minúsculas y signos de puntuación. Poemas con un protagonista, el poeta en camino a su inexorable destrucción.

Hacia atrás, peregrina en la infancia la mirada del niño:

Mi infancia huele a jazmines
En  patios blanquecinos
y  “Leticias” en los pasos
de  flores aplastadas
(…)
Libros empolvados en esquinas
Como “sostenidos” de los pianos 6

Un profundo lirismo embebido en resonancias íntimas. Una confesionalidad indefensa en la agudeza de sus percepciones e intuiciones, con la posibilidad de escuchar genuinamente su voz interior, su inspiración, sin dejar de afirmar a que tiempo pertenece su alma, el murmullo de lo propio, su phatos, la culpa del vivir y los culpables.

Presentes siempre la ausencia de la vida en la muerte y la traza continua y antitética de la muerte en la vida. Sin lamentos, sin quejidos, sin imprecaciones, sin histrionismo alguno, los versos se convierten en eslabones de esa cadena interior que crudamente espirala su ser; no hay rebeldía, el yo poético, ser sintiente, es espacio que alberga tormentos:

Más allá
de los espectros
se sienten
cosas:
pesadez en el alma
tristeza
por lo hermoso.
Las cosas no son.7

 

El hálito de su voz en el poema, nos da su íntima imagen, prescindiendo de todo giro que no se inicie y concluya en sí mismo, en una agitación latente e inconteniblemente personal.

Y en los abismos de la duda y la culpa ¿Habrá que renunciar a la expectativa de lo absoluto? ¿Es permitida esta renuncia sin caer en el absurdo? ¿Es posible una sublimación no compulsiva? La apuesta del poema es darle la palabra a cada uno de los fragmentos de la subjetividad, a cada una de las voces que la constituyen, y en este poemario, el mar junto a la duda y la culpa, es una de las principales figuraciones de aquellos sus recuerdos agobiantes tras la puerta:

 

El mar no es misterioso
(…)
Como un espejo
refleja lo que él quiere
que veamos,
y si nos acercamos
¡nos perdemos para siempre!
condenados y errantes.
El mar no tiene Virgilio. 8

 

Ojalá dejes el recuerdo
de tus puertas
y cantes juegos en los patios
sin náusea en la garganta. 9

 

Un mar que acecha, aguarda y surge al abrir la puerta:

Algunas veces –es cuando temblamos-
se contentan al abrirnos
la Puerta infantil
llena de mar, sin soles de colores. 10

Y el mar no llegó sólo, hay un fuerte sabor salobre e incrustaciones de infelicidad, tribulación, desdicha, que emergen en las conversaciones con su yo, la duda y la culpa, que lo acompañan como heridas de un sueño alucinado.

 

Hay algo desmesurado e inhumano en la culpa, y es la duda:

No hay nada más tremendo
que la duda
alguien abre la puerta
para decirnos que ya no somos; 11

Inminencias presentidas con aprensión, temor y hastío. Es la infelicidad que amenaza desde un horizonte muy cercano, una fuerza impersonal que se anuncia y ese anuncio, es ya vestigios de una certeza para el poeta.

Su voz poética testimonia la oscilación de la subjetividad entre el miedo y el desaliento; esta incertidumbre sin embargo, intenta alcanzar, aferrarse a tientas a la tierra firme de alguna certeza; si se pudieran acoger la culpa y la duda, acaso sería posible conquistar “cierta transparencia digna” en vez del ocultamiento culposo. Pero el desaliento reclama como una posibilidad más inmediata, como un modo de leer el propio ánimo que implica no sublevarse, no rebelarse, y la lectura del poemario Más allá de los espectros, se ve cuestionada y difícil. Es el origen en la historia de su verbo emotivo, en la frágil experiencia frente al mundo como un desierto, un medio hostil, recorrido por seres que se siguen unos a otros, pernoctando en endebles y provisionales moradas del  pneuma  y, sin una alternativa distinta el poeta sigue a esa caravana errante;  lo hace abrumado, gravitando con sus cavilaciones, vigilias y fantasías, con su desamparo  frente al infinito.

 

Esa luz
es la muerte
que nos busca.
Viene,
traspasa cristales
y
se queda
al lado nuestro. 12

 

Tras los pasos
dejo –cayendo,
bailando-
mortalmente
las hojas
y en esa ausencia
de colores
pega en el alma
tanto que duele. 7

 

En los poemas “Italia”, “Venecia” y “Siena”; se agobia con testimonios  antiguos de la historia del hombre, con las tonalidades oscuras, las plazas desiertas, la muerte en los olores sepultados, los salones reteniendo los pasos de antiguas danzas, las terrazas y sus hojarascas, los pasillos y sus sombras pasadas, y una vez más se quebranta el alma del poeta:

 

Tantas las agujas, las estatuas de Milán.
Tanto mármol de paredes
que se hundían.
Y un Leonardo en la Casa de las Voces.
Un cristo muerto de verdad
en un Brera escondido
con un cerdo de Florencia 13

 

Puedo volver a odiar
los salones y las luces
en silencio.
Como hicieron en Venecia
Terrazas de leones
cogidos de las alas,
(…)
Manchan las piedras de los suelos;
de los puentes;
los pies sucios de grises y tocino
como recuerdos de los fuegos embrujados
en las plazas de los duques 14

 

Le regala
una plaza de campo,
desierta,
para perderse
entre sus ladrillos.

¿Qué hacer con
Tanta plaza?

Decide convertirse
en perro de bronce
para al menos sentir
algo fresco
en la garganta. 15

 

De repente, una escena goyesca escrita con una maestría extraña, con olores y colores  fuertes, acres, viciados:

 

Brazos hundidos en verduras
y fermentos.
Respiran todavía los tomates
y pescados apestosos
a vulgo de grama,
a espaldas cargadas
con tierras florecidas.
(…)
Cada esquina con los ojos
angustiados de los campos,
-sudados a sucio-
(…)

Calla,
para oír sus cantos
llenar los aires de cansancio.16

 

Ningún credo, ni culto o dogma radicaliza o acalla al poeta, y pulsa sus audaces  bordones graves:

 

Los ángeles están desnudos
Algunos dicen haberlos visto
en minas de cobre
chupando miel de las paredes:.
(…)
Lirios temblantes,
delirantes en torres videntes.
Los consume el olor
a Cristos caídos;
(…)
Llegué a pensar que eran inmortales,
musicales como días de fiesta, 17

 

La unidad que forma el poema es el verso, y en este poemario sus linderos asoman sin invadir el blanco de la página, enmarcado en una realidad, la propia del poeta, el verso se fracciona, es la desilusión que imagina y razona, es la aceptación estoica de su realidad, es indefensión frente al dejar de ser, lo que se apodera del texto y de cada frase que acoge con su vívida síntesis.

Una sucesión de personajes reales, míticos o soñados, protagonizan los últimos poemas: Madame Butterfly, Suor Angélica, Penélope, Ariadna, Apolo y Dafne, Minos y el Minotauro; todos ellos enriqueciendo su código literario.

Suor Angélica, es un poema inspirado en la ópera de Giacomo Puccini, sobre un libreto de Giovacchino Forzano. La música de acentuada delicadeza y fina inspiración melódica, y su acción se desarrolla en un convento italiano a fines del siglo XVII donde Suor Angélica vive un exilio angustioso por órdenes de la familia que desaprueba su relación extramatrimonial y la aparta del amor y del hijo desde el momento de su nacimiento. Ella añora al hijo desconocido y aborrece a los causantes de su reclusión, y el poeta sabe ceñir la desesperación de la mujer por el hijo ausente, en un breve poema de solamente nueve versos:

 

Suor Angélica
Recoge hierbas mortales
 y canta
Desea ver su hijo,
reconocer su rostro
entre fantasmas.

(Hay quien dijo
haberla visto
caminar
acompañada).18

 

El mito de Apolo y Dafne nutrirá alusiones al amor:

 

Sentada
come flores
amarillas
sin presentir
su semejanza
con la hoja
(…)
Después corre,
acosada
por el poseído
de terribles niños,
y bajo el puente
queda ella
-amada-
Deshojándose. 19

 

El Minotauro y su laberinto, este mito, el poeta lo ilustrará con expresivo ingenio en una visión que amalgama las miradas de Jorge Luis Borges en La casa de Asterión:

corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado (…) Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme (…) La casa es del tamaño del mundo (…) ¿Cómo será mi redentor?

 

Asterión se atemoriza del mundo exterior, un mundo aparente que le produce un profundo sentimiento de orfandad, pero a su vez, le agobia la soledad, la exclusión de su casa.

 

Y, la obra de Julio Cortázar en Los Reyes: un laberinto “poblado de desoladas agonías”, con un rey Minos que se pregunta:

 

¿Llevamos el Minotauro en el corazón, en el recinto negro de la voluntad?

Y,  Carlos Rodríguez Ferrara escribe:

 Escaleras, ventanas…
¿Bicorne? ¿Cuadrúpedo?
De noche contemplas el baño láctico real
entre muros duros y obscuros,
entre recuerdos de ofrendas
que aún yacen a tus pies.
Se proyecta la cara de la noche
a través del techo abierto.
La angustia palpita en los insomnios,
(…)
¿De qué sirven estas columnas sino para
 estrellar encéfalos?
Las escaleras infinitas, descendentes,
te alejan siempre más.
Entre delirios seguirás jugando en tu bella casa redonda. 20

El hombre tan joven, cuya voluntad ardorosa e  impaciente lanza retos a los entresijos del sobrevivir, y el poeta tan joven, de facultades sobreagudizadas, cuya mirada se hunde con zozobra en figuras negras, en esmeraldas, en los espectros, el mar, las flores, las piedras, las hojas… objetos que se expanden espiritualmente y son él a medida que los mira y con voz poética les habla, y por su saber, por su melancolía, participan mucho de la naturaleza de sí mismo .

Recoge en sus poesías el sentir de su existencia, el temperamento del autor se sincera totalmente expuesto en su sensibilidad, él que vive más delicadamente acaso que muchos otros ese agotamiento de tanta conciencia de la muerte. Es Carlos Rodríguez Ferrara, un ser creado para respirar en un desasosiego elevado por sobre la crueldad del mundo, en un esfuerzo espiritual perpetuo para huir de todo aquello que impreca.

Ese es el lugar y la posición de este poeta que sabe, como todo es incierto, confuso y velado en la eternidad, y esta la posición de su lectora identificada transparentemente con este poema de Carlos Rodríguez Ferrara:

 

Evolucionamos
y
dejamos atrás
todo,
incluso la piedad
necesaria.

Dejamos ideas,
formas,
para mezclarlas
una y otra vez
y así poder
oír gotas
pesadas;
después, de la existencia. 21

 

En el año 1988, se otorgó el I Premio Mucuglifo de Literatura “Carlos  Rodríguez Ferrara”, en sus mención poesía, en homenaje a su memoria.

 

Referencias Bibliográficas:

 

Extractos de poemas del poemario Más allá de los espectros, de Carlos Rodríguez Ferrara. Segunda Edición, Centro Editorial Litorama C.A. Mérida, Venezuela, 2003.

 

  1.  Quiero regresar al silencio
  2.  Había un sauce triste
  3.  El silencio
  4.  Ayer vi un camino
  5.  Soy
  6.  Infancia
  7.  Más allá de los espectros
  8.  El mar no es misterioso
  9. Regreso
  10.  Misere nobis
  11.  No hay nada más tremendo
  12.  Esa luz
  13.   Italia
  14.  Venecia
  15.  Siena
  16.  Mercado
  17.  Los ángeles están desnudos
  18.  Suor Angélica
  19.  Apolo y Dafne
  20.  Minotauro
  21.  Evolucionamos.

 

      

 

EL NIÑO DE LAS ROSAS

Paredes de torchón de piedras
café humeante
hojaldres merenges y espumas
 
Cascada de lucecillas
voces ansiosas
estrepitosas afanadas y desorientadas
 
Al laberinto del café
vericuetos de mesas
lo traen los atardeceres
al niño pobre vendedor de rosas
 
Niño de las rosas
mirada del frescor del cristal
párpados trasnochados de tristezas
con telarañas de alambre
de rancho abajo en sus recuerdos
 
¡Vete niño!
acurrucate entre estrellas apagadas
antes que el tragaluz del café
embista tus penurias
 
¡Vete niño!
escondete en los vitrales de mis ojos
antes que las caretas falsas de gozo
calcinen tu infancia
 
¡Vete niño!
Arrullate entre ángeles alados
antes que tus fatigados olvidos
asfixien tu corazón
 
El niño de las rosas
gotitas de desaliento
desgajan sus pasos.
 
María Cristina Solaeche
Autor: Vincent van Gogh. Obra: rosas rosadas

Autor: Vincent van Gogh. Obra: rosas rosadas

LYDDA FRANCO FARÍAS: Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.

LYDDA FRANCO FARÍAS

Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.Lydda Franco Farías

 María Cristina Solaeche Galera

 

Cómo van a verme buena
si me truena la vida en las venas
¡si toda canción
se me enreda como una llamarada!
y vengo sin dios y sin miedo

¡Si tengo sangre insubordinada!
y no puedo mostrarme
dócil como una criada
mientras tenga
un recuerdo de horizonte,
un retazo de cielo
y una cresta de monte

María Calcaño

 

Lydda Franco Farías, es una de las más vitales voces de la poesía venezolana de la beligerante década de los años sesenta; nace el 3 de enero de 1943, en la Sierra de Coro o Sierra de San Luis, zona pródiga en bellezas generosas, donde se encuentran los lagos subterráneos más extensos del país, cuevas con grandes salas, simas y galerías, en el Estado Falcón, Venezuela.

Estudia primaria en su pueblo natal, y los estudios secundarios los realiza en el Liceo Cecilio Acosta de la ciudad de Coro. Comienza a escribir desde la adolescencia en 1958 y posteriormente, colabora en los diarios La Mañana de Coro y Panorama de Maracaibo, entre otros.

A partir de 1963, se radica definitivamente en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.

En la Universidad del Zulia, trabaja de bibliotecaria en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Allí, nos narran algunos compañeros, sus protestas por el asesinato de Jorge Rodríguez, por el golpe de estado en Chile contra el presidente Allende, sus discusiones sobre las tendencias del MAS, sobre los “perros” y los “patriotas”… hasta que llega el día, que renuncia a todo partidismo político, abandona totalmente la militancia activa, y a partir de allí, se dedica a escribir, decisión que nos permite deleitarnos con su legado poético:

 

 

si tengo que ceder

hasta quedar desprovista de vanidad

si nada tengo y esa nada me es arrebatada

(…)

si he dejado de creer en líderes

si la dialéctica se pudre en las cabezas de todos ellos

(y en la mía por supuesto)

si la unidad es un sofisma

si el partido deviene tertulia de burócratas y afines

(…)

si hasta aquí me trajo el río

entonces tendré que contradecir al río

y seguir aferrada a mis convicciones

aun en contra de mi pequeñez 9

 

Suele asistir en los años sesenta, a las tertulias en el bar El Milonga, donde se reúne el grupo literario maracaibero Cal y Agua, que surge en Maracaibo en 1964.

Lydda Franco Farías, guarda en su obra, inflexiones poéticas de las lecturas de los venezolanos:  el mirandino Caupolicán Ovalles, iniciador en el país de la antipoesía y perteneciente al grupo El Techo de la Ballena; la alquimia de la palabra poética por su fuerza y honestidad del trujillano Víctor Valera Mora; de Miyó Vestrini la única mujer del grupo Apocalipsis, el tránsito del dolor de su cuerpo como creación;  el desenfado en la antipoesía y el uso de modismos del zuliano Blas Perozo Naveda, y  las lecturas de los   extranjeros: los barrocos y simbólicos como el cubano José Lezama Lima y  el peruano César Vallejo, y el existencialista checo Frank Kafka, para citar a tres clásicos contemporáneos.

 

Su trajinar por las letras, nos deja una larga lista de títulos publicados y otros inéditos o editados post-mortem.

 

En su primer poemario Poemas Circunstanciales. 1965 (ENC), el desplome, la inteligencia, el tiempo y el espacio son los motivos, con una lectura tan hermosa como extraña sobre los trances externos e internos del ser humano, escritos desde las esquinas material y metafísica.

 

Su segundo poemario Armas blancas, estuvo perdido muchos años antes de ser editado, y es su amigo el pintor trashumante Emiro Lobo, quien logra rescatarlo, y se publica en 1969; en él, ficción y realidad son recíprocas e irreversibles y la caída en el tiempo mantiene la indagación del enigma entre ellas.

 

Con el grupo Cal y Agua, publica como coautora con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol, el tercer poemario Edad de los grandes ataúdes, en 1977, sin embargo, la obra no circula por contrariedades entre sus autores; luego, sigue en soledad con el ejercicio de su poesía apocalíptica.

 

Summarius, publicado en 1985, es su cuarto poemario, con un formato en prosa poética continua, donde solamente los puntos permiten las pausas en  la tonalidad  de la voz o el cambio en la intención de la caída, la lucidez y el tiempo, con un encabalgamiento abrupto y una entropía rebosada a contraluz.

 

En 1991, aparece su quinto poemario A / Leve, que contiene, una amalgama entre la perfidia y la futilidad, entre la alevosía y la levedad, términos estos dos últimos reducidos en el mismo título y la barra intermedia significando el límite insalvable entre estas dos formas de conductas, con un epígrafe de Francisco de Quevedo:

Serán cenizas, más tendrán sentido;

polvo serán, más polvo enamorado.

Que contiene en sí mismo, la idea de la poetisa de que, el amor corporal y espiritual deberían persistir más allá de la muerte.

 

Un texto inédito, su sexto poemario, Estar en el envés, escrito en 1993, en el que Lydda comienza escribiendo:

Vamos a llamar a esta nueva etapa de transformación poética, una realidad más abierta, cercana a las formas de conversación, a un cierto tono coloquial, a un cierto humor, a  una  cierta parodia del otro realismo tradicional…

Estar en el envés, donde la oralidad se agrupa en la duplicación, en la reduplicación, en la gestación sea de la inicial o de la palabra final en muchos modos de enciframiento.

 

Recordar a los dormidos  es su séptimo poemario, publicado por EDILUZ en 1994, en él, el arcano de la muerte es el núcleo determinante de su enfoque, donde el lector o la lectora, asisten al abismo final de la existencia.

 

Su octavo poemario Bolero a media luz, escrito también en 1994, es un alud corpóreo en el forcejeo del acoplamiento musical del cuerpo, la poetisa se distiende en fracturas, más deja claro que “se mueve” entre Eros y Tánatos, la fuerza natural de atracción vital y el reino de las sombras que se entrelazan por siempre.

 

Esta prolífica poetisa, Lydda Franco Farías, escribe en el mismo feraz año 1994, Descalabros en Obertura Mientras Ejercito mi Coartada, su noveno poemario, donde desde el título ya vislumbramos un anuncio de jitanjáfora, es decir, de enunciados donde el sentido no es lo pretendido, sino las hermosas eufonías. La nostalgia del tiempo transcurrido desde la infancia, trasciende y se instala en el espacio de la realización creativa, contando con el contraste diatópico y la cáustica ironía.

 

En el décimo poemario Estantes, escrito también ese prolífico año de 1994, los muertos son luminosamente despertados; la metagoge designa atributos humanos a las piezas de un juego de ajedrez; el desdibuje del caligrama corporal en la caída que trastrueca el mundo visible en el invisible, yendo más allá de las ceremonias judeo cristiana o cualquier otra religión; el mundo reversible que convierte la oscuridad en luz; el matrimonio plagado de martirios y los acertijos, son los diferentes temas que se vuelcan en lances directos.    

 

En 1998, aparece su undécimo poemario UNA, dedicado a su hija Mirna, con un epígrafe que ya anuncia la intención de cada verso:

… el tiempo de la mujer es muy corto y si no lo aprovecha, ya nadie la quiere, y se pasa la vida en consultar augurios.

Tomado de boca de la ateniense Lisístrata, personaje central de la obra de teatro del comediógrafo griego Aristófanes.

 

Aracné, su duodécimo poemario escrito en el 2000, y dedicado al Profesor del Instituto de Investigaciones Literarias y Linguísticas de la Universidad del Zulia, Dr. Enrique Arenas, tiene como médula precisa, la escritura mirándose a sí misma, la grafía, el vocablo, la letra, todo el entretejido escritural entrecruzándose con premeditación literaria girando en la órbita del minimalismo, representado por el hilo  que el arácnido teje deliberadamente para provocar la fatalidad y el desplome.

 

La Universidad Nacional  Experimental Francisco de Miranda, conjuntamente  con la Dirección de Cultura y el  Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, editan una Antología en el 2002, con una selección y un valioso estudio de Pedro Cuartín, Profesor titular de la Universidad de Los Andes –Trujillo y miembro del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas “Mario Briceño-Iragorry”.

 

En 2005, Monte Ávila Editores edita póstumamente una nueva Antología.

 

Durante su vida y después de fallecida recibe varios reconocimientos:

 

A los dos años de su permanencia en Maracaibo, en 1965, gana el Primer premio del Concurso Literario del Ateneo de Coro, con su primer poemario Poemas Circunstanciales (ENC), provoca cierto escándalo en una ciudad polarizada como era Coro, suscita resquemor en el seno de la policía política y una fuerte polémica a nivel nacional, sobre su muy particular idiosincrasia estética y su estilo contestatario. Son los tiempos de Rómulo Betancourt, y su Ministro del Interior, Carlos Andrés Pérez;  es detenida temporalmente.

 

En 1987, en la Universidad del Zulia, se realiza la Lectura Nacional “Lydda Franco Farías”, y se aprueba una cátedra con su nombre.

 

En 1988, la Universidad Experimental Francisco de Miranda, el Instituto de Cultura del Estado Falcón y el Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero, organizan el Encuentro Nacional de Poesía Lydda Franco Farías.

 

En 1990, es condecorada con la Orden Francisco Rivera Reyes, por la Alcaldía del Municipio Bolívar del Estado Falcón.

 

En 1994, recibe el Premio Regional de Literatura “Jesús Enrique Lossada” mención poesía, otorgado por la Gobernación del Estado Zulia.

En acto solemne el 18 de octubre de 2005, en el Teatro Baralt, de Maracaibo, se le confiere póstumamente, el título Doctora Honoris Causa de la Universidad del Zulia.

El 25 de septiembre de 2009, en el marco del ciclo Noche de Poesía. Para celebrar a los maestros del asombro, se ofrece un homenaje a los poetas Lydda Franco Farías y Ludovico Silva, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal, bajo la organización de María Teresa Ogliastri y Alexis Romero, con el apoyo de Cultura Chacao. El encuentro cuenta con la participación de los poetas Víctor Alarcón, Adalber Salas, Astrid Lander y Adriana Bertorelli, moderados por Alexis Romero.

En su poesía alcanzamos a distinguir dos discursos: uno privado, oracular, consigo misma y para ser develado; otro público, desde ella para con todos.

 

El privado, quizás el más leído y posiblemente el menos contemplado y percibido, es el propósito de este ensayo:

 

LYDDA FRANCO FARÍAS: Una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía.

 

Recordar, releer cada verso, y sentir como se  deslía en nuestro ser la expresión de su fase selénica, donde la poetisa  teje la trama de su intenso yo lírico a través de vocaciones de mujer y profesiones asfixiantes en el  recinto-clausura de la casa: las pesadumbres de la diaria entrega, “ama de casa”, “oficios del hogar”, la bandera de la  sexualidad en una erotia pacífica y sobreentendida, madre y antimadre, médium, hechicera, mitificadora, “casi-ciudadana”, civilizada por el varón, el patrón, el marido, el cónyuge, el concubino, el hermano, el hijo …

 

Un esfuerzo mayéutico

para no abortar al hombre

un esfuerzo violento, definitivo

para que nazca íntegro.1

 

En una cultura masculina desde sus cimientos, la poetisa, desenfada, con una conmoción de la conciencia y los sentidos, canta en cada verso para poder respirar a pulmón pleno cada palabra e intentar enmendarlas con su propio ser, crea hendiduras para quebrantar y escapar de ese enrarecido mundo que la asfixia y evadirse a través de las grietas como la hembra que seduce con lo femenino, con sus lecturas,  su mirada  y su poesía:

 

adentro hay una mujer que monta guardia

a fuerza de balancear las caderas

se ha convertido en péndulo y gravita

sobre las cabezas de los que todavía no comprenden

la magnitud del encantamiento 11

 

Un mundo hecho de voces que se tejen y destejen entre variados tonos genéricos, juega para crear o crea para jugar conservando el espíritu crítico que siempre la ha catapultado a un país donde las mujeres eran sólo un murmullo.

                                                                                                Alberto Hernández

No nací para ocupar un espacio y nada más.

Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,

me tocó caer en la humedad del tiempo,

en la inhóspita sequedad de los caminos

pero aquí me quedo

entre escombros y desperdicios.

Destruyan mi epidermis resentida,

despedacen mis sueños, mi alegría,

aniquílenme

 porque un día aparecí sobre la tierra

y tuve voz y grité 1

 

No pudieron 

moldearme a su antojo,

ni darle la forma requerida a mis palabras,

ni templar los metales de mi risa con sus martillazos de odio,

ni siquiera lograron meterme de cabeza

en un canon infesto1

 

Una poesía definida por diversas líneas de significación, entre las que destacamos dos en este ensayo: la enunciación de lo femenino y el erotismo femíneo, como elementos fustigadores de cuestionamientos que atraviesan entre otros y todos, la totalidad de su obra y es, efecto fundamental  para la disposición de una imagen cambiante y compleja que da cuenta de lo que son las configuraciones actuales de la mujer, entendida como minoría social-cultural; con un ars poética que hace libre el coloquio consigo misma, con el lector y con la lectora, por medio de una oralidad discursiva,  en textos que a veces, afloran  con el formato de la prosa continua sin el deslinde de los versos, con el encabalgamiento intrincado de dispersión, de la colmada entropía:

 

nadie verá el estante vacío. el montón de ropa sucia libros viejos y maltratados por mis notas al margen. por mis subrayados imprevisibles. por mis oh y mis coños admirativos. soy posesiva, no lo niego. mi única propiedad son libros casi libros. palabras no correspondidas pero útiles e igualmente equívocas. pero abajo. en el sótano, eres débil, cabizbaja. se diría que ciega. asustada. no entienden porque has hecho lo posible por enajenarte en lo cotidiano y ridículo (…) no te entienden porque no aceptas vivir  parcelada (…) tu ternura es clandestina. no colma. tu deseo es quizás lo único humano capaz de retener una sombra . tu estallido nocturno. 4

 

Procedimientos verbales e imaginativos a través de los cuales, Lydda crea e irrumpe en un espacio que conmueve, apasiona, forcejea y sobresalta, en un horizonte femenino que muchas veces pasa inadvertido para el hombre, anquilosado en la rutina de los gestos, los desempeños, los pensares, aciertos y desaciertos, carencias y despropósitos concebidos por él, para  la vida de la mujer.

Más allá de su tono irónico, la poetisa se rebela contra toda mansedumbre impuesta desde el androcentrismo, sin disgresiones, se autoriza a sí misma al goce de invadir una “comarca” donde solamente existe un “rey”, el hombre, y con irreverencia e inspiración, se lo apropia en cada verso suyo:

 

voy a desayunarme la claraboya de la mañana

voy a atragantarme periódico con tus crónicas violentas

voy a tener noticias del mundo hasta la ingesta

de par en par ventanas

muéstrenme lo que sin mi despierta

sacúdete ropa inmunda los dobleces

espanta con lejías la penumbra

soliviántate plancha

aplasta en un desliz las pérfidas arrugas

a volar escoba sin bruja que respire el polvo

dancen muebles al ritmo que los aviente

púlete piso en redención de no empañado espejo

arde sin paz cocina del infierno

tápate olla impúdica

cuece a la sazón luego evapórate

suenen cubiertos en estampida muda

a fregarse platos les llegó su hora

la carta por favor

quiero probar el albedrío 11

 

En cada palabra no vamos a decir “intenta”, no, no lo intenta, lo consigue, con vehemencia, con transparencia abate contra la mecanicidad  y  el letargo paralizante de lo cotidiano y los en un cuasi infinito plural,  lastres con los  que la humanidad (léase el hombre) a retenido el cuerpo y la mente, y por ende, la espiritualidad de la mujer, reduciendo a un único dislate su existencia: 

 

el ancestro

se adueña del perfil

de la mujer agobiada

y displicente

que yace en la umbelas

a medio dormir

indócil en el registro11

 

Su antiritualidad trasvasa su poética partiendo de la cosmogonía de una existencia que exige,  que enrumba su creación hacia el territorio del reclamo, del reverso de la mujer ante el anverso del hombre, y lo hace con un humor corrosivo, ácido, agudo y exquisito:

 

de sobra sabes que me averguenzo

de ese otro ser que me esquilma

y me avasalla

de repetir hasta borrarme

el gesto heredado de pálidas

enhiestas

amas de casa remotísimas

pero hay  un  rótulo en la sangre

una danza del vientre

una marca rotunda

ten en cuenta muchacho de las cavernas

que he ido ganando el derecho

a perder de igual el paraíso

la paciencia

a compartir la cama

el santo y seña

el mundo

fifty fifty

o no hay trato

vete acostumbrando hombre voraz

mujer no es sólo receptáculo

flor que se arranca

y herida va a doblarse en el florero

al fondo de la repisa

entre santos y candelabros y trastos de cocina 11

 

En eso basa ella el vigor existencial y la singularidad de sus versos, en templar al máximo el arco de la letra, la palabra, el verso y el poema, para que resulten, no sólo un reflejo crítico de lo social, sino también, un verbo fustigador y lúcido, asumido siempre desde el sarcasmo como un tropo, a partir de su incisivo estilo para desahogarse del hastío, girando y girando en hipérboles.

 

La poesía de Franco Farías puso de relieve una voz femenina cuyo ejercicio poético, se caracterizó por la ruptura con ese modelo de poesía intimista, de sensualidad sutil y la introspección, para destacar la ironía y la oralidad.

                                                Ana María Romero

 

Polifónico el arreglo al mostrar su “yo” plural, donde la ceremonia  poética se posesiona de su condición de ser femenino, siempre al lado de los rituales absorbentes de  nuestra sociedad, y fuertemente asida de la mano de las herencias atávicas  que  tiranizan a la mujer, en un cimbrado hilarante e ingrato:

 

quedé  para ser la última invitada

estoy alegre de las botellas sordas

puedes beberme soy todos los licores

no distingo

y si respondo es

para ligar placeres inimaginables contra el tiempo

a una temperatura en que tampoco sabes

lo que haces 2

 

Ella es su poesía, su poesía es ella, briosa, sensible, mordaz y laudante, que se empeña en perseguir mundos mejores en sus temibles alocuciones poéticas.

 

Una mujer inmensa, instalada en la escoria fosforescente, vulnerable, con hálito cósmico y un margen de zapatos rotos, una mujer envuelta en los escombros luminosos del amanecer, adormecida en su propia superficie de cemento, compacta, aligerada por una huelga de risas y de llantos, sometida a la ingravidez de sus ojos, decidida a revivir en el tallo de las palabras.

                                                                                                                                   Pedro Cuartín

 

mientras dormía me crecieron alas

al principio ni yo misma lo creí

hice cálculos sobre las ventajas y desventajas

de este suceso inesperado

decidí ensayar un vuelo corto

tropecé contra los vidrios de las ventanas

no me di por vencida

llegué a libélula

fui uno que otro pájaro

ave de rapiña

mi ambición no tuvo fronteras

fui escalando

jerarquías hasta agotarlas todas

ahora soy un ángel

y me aburro  11

 

Y en el amor, dulce, seductora y erótica, canta desde sus más añejas raíces, trepando por su tronco, sus hojas, hasta llegar a sus  flores en arco iris que  regala a la sensualidad, en un soflama reverberante  con sus requiebros, impregnado de simbolismos que expresan las vivencias amorosas del cuerpo en la relación afectiva entre dos seres humanos, escrito  desde su visión femenina extraordinaria, respirando visceralmente cada grafema, cada aliento de palabra en la depuración del verso:

 

una trepa la desnudez de otro cuerpo

una encuentra la rama dorada y la codicia

abre las puertas de otro reino

inaugura otra carencia

una se deja llevar por sacudimientos extremos8

 

 

Echar raíces

florecer

sobre tu cuello

                 enredadera1

 

Ascenderé por los tallos

transformada,

me sentirás como nunca, palpitante,

en el latido de las hojas

y en el crujir voluptuoso de las ramas.1

 

tu boca resguardada por dragones

por la antropófaga inocencia de  tus dientes

bosque de menta la saliva

picor de orégano la lengua

succión y mordedura

tu boca

laberinto de mis cosquillas8

 

La lluvia canta afuera su canción,

la miro con ojos sorprendidos

y pienso en unas bodas bajo el agua,

que un novio vegetal me acaricie,

que sienta el perfume silvestre de mis manos,

mi cálida ternura abierta en gajos.1

 

Lydda es esencial, vital, luchadora incansable, defensora de lo femenino y del amor, de hermosísima pluralidad semiótica, plétora de  expresividad, álgida, irreverente, en ausencia de rima y con el uso del  hipérbaton invirtiendo el tradicional orden del discurso poético, y las anáforas que incitan provocando con la repetición:

 

con papel de lija froto la piel

donde alguna vez estuvo tu tibieza

parpadeante

me estoy quedando en cueros

y sin vos

en los puritos huesos

y sin vos

esqueleto ambulante

y sin vos

(…)

y sin vos

con el alma en un hilo

y sin vos

ay

y sin vos

y sin voz

y sin voz11

 

los amantes precisan largas vueltas

y nada es comparable a este final sin trampas

y nada se parece a tu cuerpo y al mío

me refiero a los muslos fosforescentes

no a la piel sedosa y repetida

no estamos dentro ni fuera y es falso

que desprendo de tu voracidad

mis latidos bajan cautelosamente

para que sepas que voy   que siempre voy

ya puedes descubrirme y patinar en el aire rígido

cuando abras los ojos y desvíes el aliento 2

 

Con miradas envolventes de los vestigios humanos del placer y del amor, la lucidez, el tiempo y la fusión de géneros:

 

tu cabeza en mi almohada

el sol para nosotros

deshaces sombras antiguas

vienes de la calle hacia el gesto

buscas / deshaces

reparo en el caracol algo furtivo

tus manos exhibiendo excavaciones

hacen de claustro refugio

ardo junto a ti 2

 

cuando la boca hace su trabajo de orfebre

en sabbat

en oriflama

de entre tus muslos sale un vellocino de oro

una serpiente emplumada

un vendaval de helechos

una larga vocal impronunciable 8  

 

con obstinada delicadeza

se fabrica en la piel

se hace patio en la memoria

ojo de agua

                 con altos y bajos

puente entre dos sangres

diatriba amorosa

                          blindada

huella indeleble  que nos filtra 9

 

 

William Estany refiere, como hasta el último momento la poetisa Lydda Franco Farías, estuvo activa:

Invitada especial en la Semana Internacional de la Poesía. A pesar de encontrarse delicada de salud, siempre siguió escribiendo…

Allí se presenta, a las 7:00 de la noche, el jueves 22 de julio del 2004, al Recital Internacional de Poesía, en homenaje a  Eugenio Montejo, en la que sería su última lectura en público, ante más de 400 personas, con una hermosa manta guajira de soberbio colorido, un cabestrillo en  un brazo y apoyada en su bastón; participa en el recital internacional junto a poetas como Luis Muñoz, de España; Alessandro Ceni, de Italia; Tone Skrjanec, de Eslovenia; Ramón Bolívar, de México y Alfredo Chacón, de Venezuela, entre otros tantos poetas que intervinieron en los recitales programados para el evento. Dedicó sus poemas a todos, ausentes y presentes y en particular, a su hija fallecida Mirna.

 

A los sesenta y un años, la parca que no falta jamás a la cita, nos despoja de esta poetisa de las letras venezolanas; muere a las 8:00 de la mañana del lunes 2 de agosto de 2004, en Maracaibo, Estado Zulia.

En una entrevista concedida por Panorama, el 13 de abril de 2003 afirma:

Para mi el Zulia es territorio sagrado. Aquí decidí vivir y aquí quiero morir.

Fue sepultada en el cementerio Jardines del Edén, donde también se encuentra su hija Mirna.

 

Y  sostendremos con Goethe:

 El sentido de la vida radica solamente en la vida misma.

 

Así parece entenderlo también, la poetisa venezolana Lydda Franco Farías:

 

me encontrarán tendida a ras de luna

o flotando lluvia abajo

en la resaca del último cigarro

en el silencio que vibra emparamado

desde donde pronuncio mi postrer discurso (…)

ya voy tierra

ya voy cenizas

ya voy olvido 9  

 

una vida se aplaza y se desplaza

mínima sustancia

                                      cerrazón.7

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

Extractos seleccionados de las obras:

1. Poemas Circunstanciales. Policrom, Caracas, 1965.

2. Las armas blancas 1969

3. Edad de los grandes ataúdes (coautor con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol). Ediciones Cal y Agua. Maracaibo, 1977

4. Summarius. Asamblea Legislativa del Estado Falcón, Coro, 1985

5. A / Leve 1991

6. Estar en el envés. s/e,1993.

7. Recordar a los dormidos. EDILUZ. Maracaibo, Vicerrectorado Académico, Facultad de Humanidades, Universidad del Zulia, 1994.

8. Bolero a media luz. Ediciones Mucuglifo. Dirección Sectorial de Literatura CONAC, Mérida, 1994.

9. Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada.  Gobernación del Estado Zulia. Secretaria de Cultura/Universidad del Zulia, Dirección de Cultura, Maracaibo, 1994.

10. Estante. s/e,1994.

11. Una. Ediciones de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia y la Asociación Cultural del Caribe (ASOCARIBE), 1998.

12. Aracné, s/e, 2000.

13. Antología. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Dirección de Cultura, Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, 2002.

14. Antología poética. Monte Ávila Editores. Caracas, 2004.

ACORRALADA

Escondida
acurrucada en cuclillas
el corazón no late
son chasquidos en mi centro
¡silencio!
ordeno al cuerpo
mi sombra aterrada  se escondió lejos
detrás de la luna creo

ellos se acercan
la tortura encogió mi corazón
y las paredes de la celda
erigió barrotes fermentados
ellos se tambalean
vociferan
ultrajes sin ecos

necesito que me enrosquen
que  me escupan coraje
y me deslicen a través de los hierros
miradas  labios lágrimas manos
que me saquen a pedazos
y podré llegar al otro lado

¡al mundo del consuelo!

María Cristina Solaeche

Autor: Louis Smith (Manchester- Inglaterra). Título de la obra: Holly.

Autor: Louis Smith (Manchester- Inglaterra). Título de la obra: Holly.

ISMAEL URDANETA “El poeta legionario” La errancia y la memoria en la vanguardia del lenguaje poético

ISMAEL URDANETA
“El poeta legionario”
La errancia y la memoria en la vanguardia del lenguaje poético

 María Cristina Solaeche Galera

 

Enfermo el día de la luz, enfermo;
visión de blanco malabar suicida,
un perro a tientas a soñar convida
después de ver que yo también me duermo
Yermo el crisol de las pupilas, yermo;
un árbol reza una oración dormida;
la calle dobla su campana herida;
el pueblo enfermo como el día, enfermo.

Camilo Balza Donatti

          

Este ensayo, es un homenaje al poeta Ismael Urdaneta, a la obra del “poeta legionario”, es un compromiso con mi dignidad como escritora venezolana,  y un  rescate para la memoria del mundo y en particular de nuestra  Patria Literaria, donde imaginamos un  eco que hace resonar sus versos en cada sensibilidad venezolana y extranjera.

Ismael Emilio Urdaneta Paz, poeta, periodista, cronista, narrador, memorialista y soldado legionario, nace el 4 de marzo de 1885, en Moporo, Estado Trujillo, Venezuela, cuando sus padres paseaban por esas tierras lacustres, y muere en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela,   el 29 de septiembre de 1928.

Su padre  Don Arístides Urdaneta Leal, natural de La Cañada de Urdaneta,  su madre Doña Altagracia Paz, oriunda de Los Puertos de Altagracia, ambos zulianos.

Muy pequeñín,  lo llevan a los Puertos de Altagracia y lo bautizan en el  solar materno, donde vive su infancia y sus primeras lecturas hasta el inicio de 1895, cuando la familia se residencia en Maracaibo y se domicilia enfrente de La Beneficencia (hoy Hospital Urquinaona), en una zona de nivel económico acomodado; en la quinta Villa Sirena, con una barroca entrada en arco de hierro forjado que  detenta el nombre de la vivienda, y un embriagador  patio hacia las orillas del lago “su Lago de Maracaibo”, al que Ismael canta con fervor poético. En esta ciudad realiza sus estudios secundarios, y conforma junto a sus progenitores y sus diez hermanos, una numerosa familia, mientras su padre trabaja en una oficina, como Jefe del Aseo Urbano de la ciudad.

Ismael Urdaneta en sus memorias, considera siempre “accidental” su lugar de nacimiento en Moporo,  por la forma en que sucedió,  siente a Maracaibo y al Zulia como su lar nativo, y así lo hace constar en casi toda su documentación y la mayoría de sus escritos:

Echada á las márgenes de su lago, que le besa los pies con sus cristalinas ondas suaves, recibe el tórrido efluvio de un sol tropical. Y duerme sus bochornos, fatigada é indolente. Y se regocija en las claras noches de luna. Es fanática y soñadora. Parece una ciudad morisca; parece una ciudad castellana. Glorifica á sus hijos; zahiérelos a menudo. Es una madre, una hija, una hermana…..y una víctima. Lo es todo, cuando lo intenta; se contenta en ocasiones con no ser nada. Es una ciudad! Mi bella y querida ciudad!

 (Párrafo tomado de “MARACAIBO”, escrito por Ismael Urdaneta en El Cojo Ilustrado. AñoXIX.  1º de junio de 1910. Nº 443).

 

Recordemos, que el puerto de Moporo, donde nace Ismael, es parte de los territorios que el 9 de abril de 1850, mediante un decreto del Poder Ejecutivo Nacional, aprobado por la mayoría de congresistas genuflexos al caudillo José Tadeo Monagas, en su intención de “castigar”  el levantamiento del Zulia por el asesinato en enero de 1848, del Diputado zuliano José María Salas, despojan al Estado Zulia, separando las Parroquias de la Ceiba y la Ceibita,  del Cantón de Gibraltar del Zulia, y las anexan sin escrúpulos al Cantón de Escuque, de la Provincia de Trujillo.

 

Ismael Urdaneta, no llega a publicar como algunos autores afirman, en  el famoso semanario literario, Ariel, órgano del grupo del mismo nombre, primer periódico que levanta el pendón del modernismo en el Zulia,  pues apenas empieza a escribir poemas y publicar sus versos, unos años después del ultimo número de Ariel, el 15 de agosto de 1901.

En   1905,   publica   su   primer   poema   en   el   periódico vespertino El Ciudadano,  fundado   en Maracaibo, el 18 de mayo de 1903,   por el ilustre  zuliano  Marcial Hernández, su director  y uno de sus redactores.

En febrero de 1906, Ismael es asesor de una publicación periódica literaria  denominada Nuevos Ideales, al lado de en ese momento adolescente, el escritor maracaibero Jorge Schmidke,conocido como el último de los parnasianos en Venezuela y, con las colaboraciones del poeta colombiano Pedro Barrios Bosch, del sonetista maracaibero Carlos Rincón Nebott, del político y poeta de Maracaibo, bohemio y conspirador de vehemente ardor patriótico Eliseo López  y del abogado y escritor también maracaibero Alejandro Fuenmayor Morillo, entre otros. Pero pronto, los integrantes de Nuevos Ideales, se dispersan, unos emigran a otras regiones del país, otros mueren  con el advenimiento de la férrea dictadura de José Vicente Gómez.  Pedro Barrios Bosch es exiliado de vuelta a su patria, Eliseo López muere envenenado con arsénico en La Rotunda y así, la diáspora forzada de estos jóvenes valores.

Algunos autores, por su agrupación en Nuevos Ideales y en la revista Éxodo (1908) del periodista e historiógrafo maracaibero Rogelio Illaramendy Perich, consideran al poeta Ismael Urdaneta, integrante en transición de la generación modernista .

En 1908, el poeta funda en Maracaibo la revista Elitros, dirigida por el periodista, escritor historiógrafo y narrador maracaibero Carlos Medina Chirinos, quien desempeña en esos momentos la dirección del Archivo Histórico del Estado Zulia, y cuenta entre sus valiosísimas investigaciones, con la destaca tesis de la fundación de Maracaibo por Ambrosio Alfinger en 1529, aceptada definitivamente en un simposio celebrado por el Centro Histórico del Zulia.  Funda también Ismael, la revista Proshelios, dirigida por el escritor José Antonio Butrón Olivares, periodista oriundo de los Puertos de Altagracia y perteneciente al grupo literario Los Mechudos. Ambas publicaciones dedicadas al arte literario, que tanto lustre le dan al Zulia y se consideran las más significativas de la época, para alegría del poeta.

Ismael mantiene también relaciones literarias con el grupo Génesis de Mérida y El Mes Literario de la ciudad de Coro.

Ese mismo año de 1908, es coautor con  O. González Velasco y edita  en la Imprenta Americana de Maracaibo, Laureles y Rosas: El 17 de enero de 1908 en la Fortaleza de San Carlos, en honor al General Jorge Antonio Bello, y conmemorando el quinto aniversario de su hazaña como jefe militar del Castillo San Carlos, durante el bloqueo de las potencias extranjeras italiana, alemana e inglesa, a la entrada del Lago de Maracaibo.

También edita su primer poemario Corazón Romántico. El Poema de Carmen Catalina, que incluye un breve exordio de seis líneas escritas por el mismo poeta. Son poemas cargados de ingenuidad, de sencillez polifónica, románticos en su estilo, de genuino fervor poético y con la influencia del criollismo de Udón Pérez, mas germina en él, en cada verso, ese afán de aventura en la palabra y en la vida, y ya manifiesta la angustia existencial que acompaña siempre su alma:

 

Conozco por mi mal, que soy un tanto
predilecto a los ritos y al encanto
de las aventuras y emociones.
No tengo la culpa: las canciones
dieron al alma un vino de alborozo,
como también de pasatiempo el gozo.
1

Amo las trasnochadas lentejuelas
de la luna y la cauda de los soles,
y amo la palidez de los faroles
que iluminan obscuros arrabales.
1

Juventud. Pasajera servidumbre
de unos ojos…Empeño hacia la cumbre,
el ideal y tanta cosa bella
con que nos hace delirar la estrella.
1

Ser en la pampa de la vida un potro,
Crines al aire y la nariz violenta,
Como el tendido que mi Escudo ostenta.
2

-Y, sin querer, me siento anciano cuando
por la calleja solitaria andando
no me salen tus ojos de violeta
y oro para decirme: “adiós, poeta”.
3

En diciembre de 1909, deja Maracaibo, se va a Caracas, donde inicia estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela y comienza a publicar esporádicamente en el periódico capitalino El Cojo Ilustrado.

En 1910, el crítico literario y poeta zuliano Jesús María Semprum Pulgar, lo encuentra en Caracas, en un miserable cuartucho plagado del humo de sus cigarros y componiendo el poema Los Libertadores. Es la misma composición poética que recibe tantos aplausos al obtener el primer premio del certamen literario de prosa y verso promovido por la Gobernación del Distrito Federal con motivo del Centenario del 19 de Abril de 1810, y al que concurren numerosos y distinguidos poetas y prosadores de Caracas y del interior. El jurado del concurso está compuesto  de los señores General Pedro Arismendi Brito, Julio Calcaño, Felipe Tejera,  Andrés Mata,  Pedro Emilio Coll y Luis Churión, y al dictar el veredicto, premian  el estudio en prosa de Laureano Vallenilla Lanz, y en verso el poema Los Libertadores de Ismael Urdaneta, quese publica  en el Cojo Ilustrado, en un ejemplar dedicado totalmente al 19 de abril de 1810. (Año XIX, Nº 440, p. 240, del 15 de Abril de 1910).

Los Libertadores, es  un poema extenso y respetuoso de la rima; después de un proemio del autor, escribe el poeta seis cantos, los cuatro primeros dedicados cada uno en el orden dado a: Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José de  Sucre y José Antonio Páez, y un penúltimo canto dedicado a Urdaneta, Salom, Ricaurte, Soublette, Girardot, Piar, Bermúdez, el Negro Primero, Ribas,  Francisco Esteban Gómez y Arismendi.

 

Extractos del Canto I consagrado a Francisco de Miranda:

 

Quién es aquel que calza memorable coturno,
del semblante rugoso, pálido y taciturno?
le vio la Francia en triunfo, le vio la Europa entera;
dio su fama al futuro y nos dio una Bandera

(…)

No obstante su heroísmo de redentor, no pudo
ni esgrimir su mandoble ni enarbolar su escudo.
Pero fue la primera palabra prodigiosa
que al borde de la obscura, irredimida losa,
se escuchara de alguna voz <<levántate y anda>>
dijo a la Patria entonces Francisco de Miranda,
4

Fragmentos del Canto II ofrendado a Simón Bolívar:

    

Sus ideas eran como huracanes!
Rindiólo todo al frente de aquella cabalgata,
del Avila al Pichincha, del Orinoco al Plata.
Su figura se escapa del lienzo de la Historia,
más allá del futuro, más allá de la Gloria.
Jamás sintió fatiga, en el risco, en la falda,
su corcel, con la honra de llevarlo en su espalda.

(…)

Su nombre era conciso, enérgico y sonoro
como él mismo: BOLIVAR!
4

 

Fragmento del Canto III dedicado a José Antonio Páez:

 

 Mirad.  Oid. El grave silencio de la pampa
se llena de rumores cuando el centauro acampa.
Su corcel atraviesa las llanuras ardidas
hinchadas las narices violentas y las bridas
sueltas. Es el llanero que el peligro devora.

(…)

Es el mismo de aquel <<vuelvan caras>> heroico,

(…)

Es PAEZ!  el rotundo Héroe de las Queseras
del Medio; el torbellino de la pampa;
4            

 

En los círculos literarios en la Caracas de la época, Jesús María Semprum llegado cinco años antes en 1903, y ya organizado, comparte tertulias literarias con algunos compañeros de generación y otros más mozos, todos ellos buscando en la literatura la orientación de sus pensamientos; los diálogos y las pláticas se fortalecen con las lecturas de notables escritores de América: Rubén Darío, para quien los poetas guardan la admiración intacta por aquel encantador de la melodía, el ritmo y la gracia en su verso; Leopoldo Lugones que goza de entusiastas seguidores; Díaz Mirón, Amado Nervo, y Chocano. De España: Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Azorín, Ramiro de Maeztu, Ramón del Valle Inclán y Pío Baroja. De Francia leen los poetas malditos, Anatole France y aún resuena Víctor Hugo. Suelen concurrir a estas peñas, entre varios, el presbítero caraqueño Carlos Borges y escritores residentes en el interior del país como Sergio Medina del estado Aragua, los zulianos Rogelio Illaramendi y Emiliano Hernández, Rafael Carreño Rodríguez del estado Guárico y nuestro poeta Ismael Urdaneta, intentando reforzar y expandir el mensaje de “una Venezuela que no quería darse por vencida en la hora de la estupidez”, como expresara el escritor carabobeño Enrique Bernardo Núñez.

Mas el espíritu indomablemente nómada de Ismael Urdaneta no le permite echar raigones, y a finales de 1910 inicia su periplo impulsado por inquietudes  intelectuales y un brío afanoso de horizontes, que  lo llevan a Barbados, Brasil, Argentina y Uruguay, en una primera emigración larga y fecunda tanto en el periodismo como en la aventura.

Aquel viril deseo
de aventura y peligro, de andanzas y fiebre loca,
me devora la entraña –buitre de Prometeo!-
atado a mi destino como el otro a su roca.
5

 El 7 de enero de 1911, de Río de Janeiro llega a Buenos Aires, Argentina, allí conoce a quien es un sincero y fraterno amigo César Carrizo,  y  lo recibe en el exitoso periódico La Prensael secretario de redacción Horacio Castro Videla, quien lo incorpora al trabajo comoredactor en este periódico.

En Buenos Aires ese mismo año publica en la Imprenta de Coni Hermanos,  su segundo poemario Siembra y Vendimia; poemas que comienzan a  alejarse del romanticismo y  acercarse al modernismo, influencia de las intensas relecturas que hace del cubano José Martí precursor del modernismo con su prólogo al Niágara (obra del poeta venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde), del nicaragüense Rubén Darío llamado “el padre del Modernismo”, de los mexicanos Amado Nervo y Salvador Díaz Mirón precursores del modernismo en su país, y del modernista argentino Leopoldo Lugones.

Después, en Montevideo, Uruguay, comparte con la poetisa uruguaya Delmira Agostini y, con el escritor uruguayo José Enrique Rodó de quien es su secretario y corrector de pruebas en el rotativo El Día, al mismo tiempo escribe en el periódico La Semana, la columna De sábado a sábado. Estos dos francos amigos le abren las puertas del periodismo montevideano, por considerarlo un hombre capaz tanto por su intelecto como por el alma ferviente que vuelca en su trabajo y en la vida. Y en esa tierra extranjera, es Ismael Urdaneta uno de los fundadores del famoso Diario del Plata  de Uruguay.

 

Parecía destinado entonces a ser uno de esos reporteros contemporáneos que nos cuentan con elegancia y amenidad, y casi siempre con menos exactitud que imaginación, la vida de las ciudades y pueblos grandes o pintorescos o simplemente remotos. 

Jesús María Semprum

 

A finales de 1912, un  nuevo itinerario, esta vez hacia el viejo continente. Viaja a España como corresponsal del Diario del Plata, allí se dedica desde su llegada al estudio de la cultura española, a escribir reportajes sobre las ciudades de Cádiz, Barcelona y Valencia, y a colaborar en El Mercantil Valenciano, mientras escribe el poemario Jardín Solariego.  Una vez en Madrid, colabora en los prestigiosos diarios españoles Blanco y Negro, ABC y  El Liberal. Hace amistad con el escritor español Eduardo Zamacois y con el novelista venezolano y Representante Diplomático de Venezuela en España, Pedro César Dominici.

Allí, en tierra española recuerda a aquella poetisa que quedó en Uruguay, Delmira Agostini, y escribe:

 …No fuera para mi sagrado el divino ritmo de Apolo
me llamara su fiel, si al pasar por esta deliciosa, pintoresca
y española villa no enviara, como lo hago, mi homenaje a la alondra sentimental y expresiva que me hizo soñar tanto con aquel maravilloso trino:

…<<Amor! La noche estaba trágica y sollozante…>> y aquella romanza inaudita a fuerza de harmoniosa:

…<<Yo lo soñé impasible, formidable y ardiente…>>

En 1913 viaja a París, donde comparte generosamente su amistad con Carracciolo Parra Pérez, Segundo Secretario de la Legación venezolana en Francia, con Diego Carbonell, Cónsul en París, con el médico Jorge Dacovich, su compañero en las noches de bohemia, con el pintor Carlos Otero, el poeta Dr. José Tadeo Arreaza Calatrava, Ramón Vallenilla, J.M. Ortega (hijo), y otros destacados personajes venezolanos de la época, residentes en la “ciudad luz”.

En abril de 1914, hastiado, desilusionado de esa forma de vida tan ficticia  y colmada de opulencia, y por otra parte, con la Primera Guerra Mundial asolando Europa, se alista en La Legión Extranjera de Francia;  lo destinan al Primer Regimiento Extranjero acantonado en Bel-Abbés,  después a la Península de Gallípoli en Turquía donde en 1915 combate y es herido en la Batalla de los Dardanelos, luego a Orán en Argelia, a Bizerta en Túnez, África Septentrional.

En 1916, es herido nuevamente combatiendo contra la invasión alemana en la Batalla de Verdún al  nordeste de Francia, en la guerra más larga y la segunda más sangrienta de la Primera Guerra Mundial; también combate en Alejandría, Egipto y en Servia y Ucrania con el Cuerpo Expedicionario de Oriente en los frentes orientales y soviéticos.

Esos cinco años toca a fondo el horror de la guerra y es herido en dos oportunidades, disparos en el oído izquierdo en Dardanelos, y en la Cruz Roja en Niza le amputan  parte del pie izquierdo, por la gangrena provocada por sus permanencias durante largos días  en las heladas trincheras de Verdún. Un acto más de desesperación que de aturdimiento fue su enrolamiento, y nadie puede dudar como lucha con arrojo en diferentes frentes igualmente peligrosos. Pruebas de su ardor y valentía son las cuatro medallas de honor que recibe: La Medalla Interaliada, La Cruz de Hierro, Medalla de Verdún, Distintivo de Herida y el Cordón de Honor al Mérito de La Legión Extranjera,  y una distinción del Coronel Geay, jefe del Regimiento (26-06-1918). El final de la Primera Guerra Mundial,  encuentra  al poeta en  Argelia.

 

Su vida en la Legión, a despecho de la compañía incongruente, con gente equívoca, tal vez maleante y de seguro desesperada, debió por eso mismo, de brindarle alicientes que no aciertan a sentir las personas amigas de la vida estadiza y serena

                                                                    Jesús María Semprum

 

En 1921, se casa con Teresa Pascott, a quien conoce durante su permanencia en el hospital  de La Costa Azul, y con quien tiene dos hijos, Emiliana y Alexis Arístides, y viven en la población de Sidi Bel-Abbés, en Argelia.

El 17 de agosto de 1921, el poeta regresa a Venezuela  y se dirige a Maracaibo, donde se le recibe apoteósicamente con un acto en el Teatro Baralt, el 29 de septiembre; los palcos, las plateas y las galerías están colmadas, y en primera fila el Presidente del Estado Zulia, General Vicencio Pérez Soto y sus secretarios, la Banda Bolívar dirigida por el maestro Martucci entona los compases que el protocolo de honores requiere para un combatiente condecorado. Lo presenta nuestro escritor y poeta maracaibero Elías Sánchez Rubio, y el 12 de noviembre de ese mismo año, se le  recibe en el Teatro Nacional de Caracas.

En 1922, publica  con la Imprenta Bolívar de Caracas, Una noche en Odessa,  es un diario que recoge las memorias y testimonios de su vida en “la Perla del Mar Negro” ocupada por  las tropas austríaco-alemanas a finales de la Primera Guerra Mundial.

Los ejemplares del diario Panorama, se engalanan con la representación de la intelectualidad zuliana de la época,los más acreditados poetas, escritores, docentes y juristas del Maracaibo de principios de siglo, y entre ellos, el poeta Ismael Urdaneta.

Pero poco tiempo después de los actos en el Teatro Baralt, casi inválido y enfermo, es abandonado, dejado en solitario en su misma tierra, sin ayuda ninguna;  decide  entonces volver a Europa para ver a su esposa e hijos y convencerlos de que vengan a vivir con él a Venezuela. En este viaje, vuelve a caminar las calles parisinas pero ahora como un inválido héroe de la guerra, hasta que en 1927,  la <<tabes dorsal>> que sufre desde su juventud  empeora gravemente y siente que debe regresar a su tierra, más no lo acompaña su familia en su travesía del Atlántico.

Ya en Venezuela, en Maracaibo su lar, publica en 1927, en El Tocuyo:Ediciones de La Quincena  Literaria,  Tipografía  Comercio, el  poemario Cantos  de  gloria  y  de martirio, escrito en diferentes frentes de combate, principalmente durante los años 1915 y 1916; está colmado de versos vivenciales, dramáticos, duros e implacables, con una tonalidad muy distinta al de los anteriores, desaparece totalmente el romanticismo criollo de su primer poemario Corazón Romántico; ahora las rimas y las formas estróficas como el soneto no obstaculizan al poeta para ensayar con ellas sus inquietudes literarias, la nuevas formas serán más  excéntricas, individualistas y originales. Es una voz modernista con  asomos de vanguardia; en sus versos, intenta Ismael exorcizar los horrores de la guerra y del guerrero,  los dolores del cuerpo y del alma, en un frágil análisis autobiográfico de su condición anímica en los combates en la Legión Extranjera  en la Primera Guerra Mundial, pero sin hagiografías ceremoniales  y alejado de todo vislumbre de panegíricos:

 

Esa tarde -oro y cobalto-
la última que yo viera,
antes de ir al asalto
de la enemiga trinchera;

qué puros miré los cielos
a los parpadeos claros
del sol de los Dardanelos
detrás del golfo de los Zaros!
6

 Horror del ay!  que se pierde
en el estruendo del choque;
la bayoneta que muerde
con elegancias de estoque.
6

Y ya en el foso contrario
épico ardor temerario
anima duelos heroicos,
y a esos encuentros parciales
de lúgubres pedestales
sirven los muertos estoicos…
6

Y en el horror del minuto
funden su cólera sorda
el hosco instinto del bruto
y el ímpetu de la horda!
6

Tampoco se confunde Urdaneta con los panegíricos de Venezuela heroica; apostado frente a los devaneos libertadores de Eduardo Blanco, lo que se lee en Cantos de Gloria y de Martirio refuta toda idealización del combate.

                                                      Luis Moreno Villamediana

En Maracaibo, se vincula con grandes esfuerzos físicos y económicos  a las peñas literarias que se dan en La Zulianita y al grupo literario Seremos, donde se le respeta como héroe, más es incomprendido como poeta; la hegemonía poética en el Zulia es la que con su pauta marca nuestro tan valioso poeta Udón Pérez, compañero de generación, quien dedica su poema Siembra y Vendimia al poeta Ismael Urdaneta, y aparece publicado en El Cojo Ilustrado  el 15 de noviembre de 1911, Nº 478:

 

Se extienden  tus Sonetos persuasivos
cual de un fuerte samán las frondas graves;
tus Trinos para Trina – trinos de aves-
desgranan en el árbol sus motivos.

Yedras de tu solar, de tus nativos
predios, al tronco se le enredan suaves;
Cantos diversos, de diversas claves,
cantan en él, románticos ó altivos.

Bajo de sus ramajes protectores,
sus triunfos y sus éxodos remembra
la falange de Los Libertadores.

Y á su sombra cordial, tu musa eximia,
tras la estación del surco y de la siembra
se goza en el afán de la vendimia.

Ismael Urdaneta, ese ser extraño, único, visionario, errante, inconforme, bohemio, intranquilo, conocedor de placeres, de dolores físicos tanto propios como ajenos, del caos de la guerra, condenado a una silla de ruedas y a una cama, con una parálisis progresiva y dolorosa y  heridas que no cierran en su pierna, es abandonado en su propia patria, en su amada tierra maracaibera, a la incuria de todos aquellos “amigos venezolanos” que conoció en España y París, desempeñando altos cargos con los que convalidaban en otros países europeos la dictadura gomecista, y por la que eran bien “recompensados” a cambio  de las penurias del pueblo venezolano; aunado a todo ello, la nostalgia por su familia que vive en Argelia, colman de hastío y desesperanza el alma de “el poeta legionario” como lo llama Elías Sánchez Rubio en su presentación en  el Teatro Baralt .

Es la soledad, los  padecimientos del cuerpo, los recuerdos heroicos, la poesía y la desadaptación a vivir en la tiránica dictadura gomecista que aún domina su país, sus únicas compañías, y la mañana del sábado 29 de septiembre de 1928, quizás recordando aquel 29 de septiembre de 1921, siete años atrás en  el Teatro Baralt,  después de pedir un “cafecito” a su anciana madre, se suicida de un  disparo en su cuarto. Imposible ignorar sus motivos, apenas contaba cuarenta y tres años. Así termina el círculo en espiral de vida y sueños de este valioso poeta venezolano.

Aún hoy día, suelen la mayoría de los asesinos quedar impunes y  ¡absurdo! a un suicida se le  estigmatiza, así lo hacen radicales y crueles religiones que  le “cierran sus paraísos”, y por igual, las  sensibilidades anquilosadas con superticiones  y petrificadas con mezquinos prejuicios.

Reposan sus restos en el más antiguo de los cementerios de Maracaibo, el Cementerio Nuevo (2-11-1879), hoy conocido como El Cuadrado. Allí donde por ser el más añoso, están enterrados héroes zulianos de la Independencia y hombres ilustres de las Artes y la Literatura del pasado de esta tierra:

 

El navío al partir,
iba con todas las velas arriba,
talando el bosque de las olas,
jineteando las cuadrigas de los ciclones…
7

Hoy el navío jadea entre las tempestades…
en lo alto del puente,
van cuarenta años de luchas,
de rebelión y melancolía…
7

¡Qué ironía!, justamente el día anterior a su muerte, lleva para su publicación el que será su último poema Las Nubes, y sale divulgado temprano el mismo día que fallece; en sus versos se solaza el poeta sobre los cuatro tipos de nubes.

 A propósito del cirrus:

 Lo que si me consta es que en noches
de luna he deseado un Clavileño
para ir a tenderme sobre esos algodones dorados
¿Qué íntima y constelada satisfacción!
En lo alto de mi cabeza
sentiría la caricia fulgurante de Vega,
de la Lira, sobre los anillos
espléndidos del Dragón: a mis pies,
distinguiría en Aldebarán
la mirada de primera magnitud
del ojo fascinante del Toro,
y me divertiría viendo
danzar a mi lado la Osa Mayor,
mientras acariciaría  con la diestra
la Cabellera
de Berenice…8

En 1928, en Caracas: Taller Gráfico, se publica póstumamente su último poemario Poemas de la  Musa Libre, que había dejado inédito y Ediciones del Instituto Zuliano de la Cultura en Maracaibo, publica una 2ª edición.

Esta es la dedicatoria del poemario:

Dedico estos <<poemas>> a mi selecto amigo, Dr. Pedro José Troconis, cuya generosa hidalguía permite la aparición de este Libro. Cordialmente, Ismael Urdaneta. Maracaibo 1928.

 

En la biblioteca privada de la familia Troconis-Pacheco, existe un ejemplar del poemario que incluye notas del Dr. Troconis y del poeta Ismael.

Posteriormente en obras donde su nombre se reseña, siguen siendo imperdonables comentarios como este:

Su poesía, fácil y un tanto desordenada, es una de las anécdotas de su novelesca vida

Nuestro esclarecido escritor Miguel Otero Silva, reclama en 1941, al mismo autor del comentario anterior,  la omisión también del poeta falconiano Elías David Curiel, quien merecía una cálida valoración literaria al igual que Ismael Urdaneta.

El poemario póstumo  Poemas de la Musa Libre, es su obra más importante, la  que lo consagra como uno de los iniciadores de la Vanguardia en Venezuela. Libre de trabazones académicas,  de espaldas al rigor de la métrica, descoyuntando los ritmos vulgares por vulgarizados, con una tensión imaginativa en el lenguaje, en un texto confesional, premonitorio, irónico y fatalista, donde grita, se burla con ironía, ama y protesta en la emoción vigorosa de cada verso; entreabre la puerta del vanguardismo, y cierra tras de sí la del modernismo.

 …es un poeta en el que encarna la transición: su propia obra registra el romanticismo  feneciente y saluda al vanguardismo naciente

                                         Rafael Arráiz Lucca

 

En la segunda parte del poemario, que el poeta titula muy particularmente,  Croquis del lago y de la urbe, da su visión poética de la contaminación del Lago de Maracaibo, secuela de la explotación  petrolera. Plasma su inquietud por los efectos adversos sobre sus aguas, los cambios aciagos en la acuarela del  paisaje lacustre transformado en función de los intereses económicos de los capitales extranjeros, al explotar para ellos la nueva riqueza dada en concesión por primera vez en el país, el 24 de septiembre de 1865 por el General en Jefe de los Ejércitos de la Unión y Presidente Constitucional del Estado Soberano del Zulia, Jorge Sutherland, en cesión hecha a un ciudadano norteamericano de nombre Camilo Ferrand:

El derecho y privilegio exclusivo en toda la extensión del Estado para buscar,  producir y negociar petróleo o nafta, o bajo cualquier denominación que se conozca el aceite que exista…

 Leamos su rebelde espírituenalgunos versos de este capítulo del poemario Poemas de la Musa Libre:

 Casco negro, puente blanco, veloz,
bufando carbón, sudando aceite
que infecta  la estela
pasa el monitor petrolero.
8
En el mástil de popa
lleva izada nuestra bandera,
según convenio de Cancillerías.
9

Nada en el monitor petrolero
tiene algo de común con nuestra raza:
navío, tripulantes y cargamentos
son ingleses o norteamericanos.
9

La alberca de zafiro se hizo tina de aceite.
Y allí están ahora en la bahía ancladas
las lindas barcas de otros tiempos,
envilecidas con el “carate” exótico.
10  

Palmera señoril, antes dabas al cuadro
del paisaje lacustre
la pincelada esbelta de tu airón tropical.
Ahora  te suplanta la torre del “taladro”,
menos poética, menos ilustre:
¡pero de más efecto…comercial!
11

 

O este poema que atiza la emoción:

Caminante ¿Qué buscas en el huerto?
Sacude tus sandalias peregrinas
y prosigue… El jardín está desierto:
¿no ves el muro solariego en ruinas?
12

 Caminante ¿qué buscas en la senda?
Ya sólo queda mi empolvado escombro
como evocando la gentil contienda .
12

En el poema Las Nubes, del que hablamos,  poetiza sobre los cirrus, cumulus, stratus y nimbus, y en los dos últimos lapidarios versos finales escritos el día anterior a su muerte,  nos advierte sobre la existencia de un quinto tipo de  nube:

¡Nuestra vida…! la quinta forma
de la nube…
8

La publicación de la obra completa del “poeta legionario”, es una deuda pendiente del país, con la dignidad del poeta y su obra, con la Literatura de Venezuela y para con todos sus lectores.

Permitamos, que sea el mismo Ismael Urdaneta quien concluya este ensayo con su hermosa despedida:

Mejor es irse temprano,
cuando aún haya sol,
y nos quede el ansia de un paisaje nuevo.
13

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

Obra poética de Ismael Urdaneta:

Corazón Romántico. El Poema de Carmen Catalina. Imprenta Americana. Maracaibo. 1908. 2ª edición. Instituto Zuliano de  la Cultura. Maracaibo. 1978.

Laureles y Rosas: El 17 de enero de 1908 en la Fortaleza de San Carlos. (Coautor con O. González Velasco). Imprenta Americana. Maracaibo. 1908.

Siembra y Vendimia. Imprenta de Coni Hermanos. Buenos Aires. 1911.

Una noche en Odessa. Imprenta Bolívar. Caracas. 1922

Cantos de Gloria y de Martirio. El Tocuyo: Tipografía Comercio. Maracaibo.1927.

Poemas de la Musa Libre. Taller Gráfico. Caracas. 1922. 2ª  edición. Instituto Zuliano de la Cultura. Maracaibo. 1977.

 

 

Extractos seleccionados de los poemas:

 

  1. Autografía.
  2. Paréntesis.
  3. Corazón Romántico.
  4. Los Libertadores.
  5. Macte Animo.
  6. La Legión, en Avant!
  7. El Navío.
  8. Las Nubes.
  9. El Monitor Petrolero.
  10. El Lago Petrolizado.
  11. La Palmera y la Torre de Acero.
  12. Edad Muerta.
  13. Au Revoir!

 

 

 

 

VENTISCA DE VERSOS

Una ventisca
levanto el polvorín de mis versos
temí quedarme sin ellos

los busqué
en esquinas de soledad
entre espinas de temores
escondidos entre naranjas del turpial
acurrucados en florecillas de ixoras
en el jardín de mis tiempos
o allí aguaverde la lágrima
o aquí terroso tamarindo en las pupilas

los busqué
fuera de ellos dentro mío
lejos de mi cerca de ti

en el beso sobre la tapia
en las celdas del alma
las risas de los meses
la chatarra de las calles
la gotera de los sonidos
los adioses en los pañuelos

Los encontré de nuevo
arrullados entre poemas

Maria Solaeche Galera

Título: Remolino. Autor: José Jackson Guadamuz. Técnica: Pastel sobre papel.

IDA GRAMCKO: “Déjame suspendida en el espacio entre los vientos firmes”

IDA GRAMCKO: “Déjame suspendida en el espacio entre los vientos firmes”

María Cristina Solaeche Galera

 

No dejamos constancia,
apenas marcamos
 la huella de una bandada
que buscando las cimas
logran reflejar sus cuerpos
en la profundidad de las aguas. 

Elizabeth Schon

 

Formada en las lecturas del Siglo de Oro español, y con su propio discurso personal, deja entrever esa formación que envuelve toda su obra en un ambiente filosófico característico.

Vivió los últimos momentos del gomecismo, la caída del primer intento democrático con el derrocamiento de Rómulo Gallegos, el largo silencio de la dictadura de Pérez Jiménez y el desarrollo de la democracia desde Betancourt hasta el segundo gobierno de Rafael Caldera.

Ida Gramcko nace en Puerto Cabello, Estado Carabobo, Venezuela el 11 de octubre de 1924 y muere en Caracas, el 02 de mayo de 1994. Su cuantiosa obra va desde el ensayo, la crónica, la dramaturgia, y el relato y especialmente la poesía. Fue la segunda hija de Don Enrique Gramcko Brandt y Doña Elena Cortina de Gramcko,

Cuando tenía tres años, Ida Gramcko, comenzó a crear dictándole versos a su mamá y desde entonces no paró de escribir hasta el día de su muerte. Esta entrega a la escritura y constante trabajo resultaron en más de treinta libros e incontables artículos de prensa.

Sus primeras publicaciones las realiza apenas recién salida de la adolescencia, y es recibida por el público como una niña prodigio, recibiendo un premio de poesía con apenas trece años de edad.

Cuando contaba 16 años, el poeta Andrés Eloy Blanco —asombrado por su dominio del lenguaje— le dedica el poema: “Lamento y gozo del destino lírico”, como premonición de lo que sería su carrera.

 

En 1939, los Gramcko se mudan a Caracas. Pasaron por varias casas hasta que se establecen en El Paseo Los Rosales.

A partir de 1939 colabora en publicaciones periódicas, entre ellas: El gato líder (Valencia 1939), El Unare (Zaraza 1939) Billiken (Caracas 1940),  Crítica (Caracas 1941), El Nacional (Caracas 1945), Revista Nacional de Cultura, Revista Shell de Venezuela, Cultura Universitaria (todas ellas en Caracas en los años posteriores), y Repertorio Americano (San José de Costa Rica)

Cursa sus estudios secundarios en los institutos Universitario y Alfa. Egresa Licenciada en Filosofía de la Universidad Central de Venezuela en 1968 y llegó a ser profesora de la misma Institución en la cátedra de Literatura, también de la misma asignatura en el Instituto Pedagógico de Caracas y de Filosofía en el Centro de Arte Gráfico.

En 1947 viaja e México junto a su esposo Benavides; en esas noches aztecas escribe La Vara Mágica  y algunos poemas del libro más reconocido Poemas, que le confirieron el reconocimiento absoluto de los poetas de su tiempo.

En 1948 es encargada cultural en la Unión Soviética enviada por el Presidente Rómulo Gallegos.

Toda su obra poética puede estudiarse en dos deltas, el que va de 1942 con Umbral, atravesando  Cámara de cristal en 1943, Contra el desnudo corazón del cielo  en 1944, La vara mágica en 1948 hasta llegar a Poemas en 1952. El otro delta lo inicia con Poemas de una psicótica en 1964,  Salmos en 1968, Los estetas, los mendigos, los héroes en 1970, Sonetos de origen en 1972:

Quisiera preguntarle a estos rumores
que bullen como alivio, como un ruido
de sedoso aldabón sobre las flores,
si siempre yo he de ser como lo he sido,
capaz de rudos rumbos y rigores,
Si siempre, denso, denso y desvalido,
ha de vivir el alma en alcores
donde cada gestar cuesta un gemido
donde siempre mis ímpetus pastores
conducen un rebaño sacudido
por áspero y oceánicos temblores,
si nunca ya en mi ámbito y mi ejido
podré sembrar remansos, ruiseñores,
que un precio de pasión no hayan tenido.5

Quehaceres, conocimientos, compañías en 1973, Salto Ángel en 1985 y finaliza con Treno en 1993.

Con La vara mágica logra la admiración de Don Mariano Picón Salas; en este poemario la autora reflexiona sobre las relaciones entre historias infantiles, y es traducido al francés y al ruso.

Serán cuatro años después cuando publica una joya poética, su poemario Poemas, en los que las reflexiones filosóficas son las protagonistas, construidas sobre hechos históricos y legendarios.

Un largo silencio de ocho años da a la imprenta Poemas de una psicótica, punto inicial del cultivo del soneto y la rima acariciando un barroco de dificultoso seguimiento, este sendero la lleva a través de una serie desde el poemario  Salto Ángel,  también arraigado  a la angustia existencial, a una barroco y una filosofía intencionalmente dispuesta a reconocer el milagro; de allí que la crítica vea en el una impronta metafísica centrada en el Ser y la Nada.

La poesía de Ida Gramcko exige preparación del lector, sensibilidad extrema y amplitud de pensamiento:

“Poesía que surge como de los pantanos del delirio y busca la difícil claridad, pero no a través del conducto de la claridad misma, sino del intrincado crucigrama del caos y de las palabras. Experiencia de la oscuridad en la aventura de la búsqueda de la luz.”

Rafael Arráiz Lucca

Obtiene  el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), el Premio Municipal de Poesía (1962), y en 1977  el Premio Nacional de Literatura. El premio de la Asociación Cultural Interamericana”, con el libro Umbral (1941); y el premio de Teatro Ateneo de Caracas”; con el libro La rubiera (1956).

El poeta Alfredo Silva Estrada en el prólogo de sus “Obras escogidas” (1988) señala:

“Esta orfebre, esta artesano exuberante, este arquitecto del lenguaje, esta tejedora agilísima trenza y destrenza, entreteje conceptos, pensamientos, sentencias, definiciones primigenias, imágenes, metáforas, símbolos, integrando discursos insólitamente ritmados, construcciones únicas dentro del panorama de nuestra más alta poesía (…) La poesía de Ida Gramcko supone, fiel a su fundamentación conceptual, una violencia sobre la realidad, sobre las apariencias: irrupción abrupta, sacudimiento de lo real, ensanchamiento de mundos”.

¿Sabes, nocturno amigo,
a que cosa en verdad llamamos sueño?
Atiende, hermano mío,
sin pena y sin recelo,
Yo, que he soñado, yo que no he dormido,
te pregunto sin voz desde mi lecho:
¿crees que el sueño protege del abismo,
rescata del asalto y del día?
Yo, soñadora inmóvil no he creído
en mi rostro apacible cuando duermo.
Lucho soñando, sórdida, conmigo,
con un pájaro extraño, con el viento,
con un agudo y afilado pico
que me horada las sienes y el cerebro
y dejo sangre en el cojín y heridos
flotan ardiendo, aullando mis cabellos. 2

En los años ochenta se inician los duelos y las ausencias. En 1985 muere su único compañero de vida: Benavides, de un infarto. Su vida continúa entre las clases de Letras y el Taller de Poesía que dicta en el Celarg.

Pero en 1994 recibe el golpe mortal: el 3 de marzo su hermana Elsa Gramcko muere de un infarto. La misma noche del entierro Ida sufre un accidente cerebro-vascular isquémico y diabetes descompensada. Pasa largos meses hospitalizada, y el 2 de mayo fallece.

Déjame suspendida en el espacio,
entre los vientos firmes.
Allí se está como en un gran regazo
maternal y sin límites.
Déjame con los pájaros,
indagan lo invisible.
¡Ah, más allá del cielo se alza un árbol
que sus alas indómitas persiguen!
No lo han visto jamás y, sin embargo,
creen sentir su rumor en los confines.
Rumor de hojas distantes… Pero ¿acaso
no lo vieron, gigante, en el origen
primero de la vida, y en sus cantos
no es la voz de la ausencia lo que aflige?
Deja que suba a lo alto
y que mi canto vibre.
Canto la ausencia de algo,
de una estrella enterrada en nubes grises.
La sombra azul del árbol
se dilata y me ciñe.
Déjame con los pájaros.
Soy una flor delimitada y triste.
Arráncame los pétalos y el tallo
y la fragancia, y líbrame.
3

 

Extractos seleccionados de los poemas:

  1. Secretos del origen
  2. Arráncame las árida raíces
  3. Atiende aquel que dijo