Archivo de la categoría: Poesía

Para los poemas.

Los hijos

Hijos
de ávidas charlas del ser
ámbar cuajado
en el tendal del cuerpo
cristal hiriente
en los impulsos viejos

Hijos
de impredecibles momentos
entereza sorpresiva
en los dolores tiernos
sosiego confuso
en los relojes de fuego

Hijos
acunados en nidales
con ramajes de canela
cenizas de sándalo

y abrojos de viento
de cara a la otra
mitad del cielo.

Título: Niños bajo la lluvia. Autor: Christian Dittus Benavente. Tamaño: 70x50cm. Técnica: Acuarela sobre papel. Año: 2009. Barcelona, España. 

MARCIAL HERNÁNDEZ: “El Zulia entre la noche relampaguea”

MARCIAL HERNÁNDEZ: “El Zulia entre la noche relampaguea”

María Cristina Solaeche Galera

Poema de poemas, pergamino de espuma
en donde Dios escribe en tornasol
y en donde el bardo vierte la gama de su pluma
en este Canto escrito con la sangre del Sol.

Rafael Yepes Trujillo

Marcial Hernández Áñez, nace en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela, el 31 de marzo de 1874. Son sus padres Don Pedro Manuel Hernández y Doña Abigail Áñez de Hernández, y es el segundo varón de su familia. Muere en la misma ciudad el 29 de enero de 1921 con apenas 46 años; momentos antes había pronunciado un vibrante discurso en la plaza de Santa Ana con motivo de la fecha centenaria de la Declaración de Idependencia de la Provincia de Maracaibo, hoy Estado Zulia.
Estudia La Secundaria en el Colegio Federal de Maracaibo, y obtiene el título de bachiller en filosofía y letras el 7 de agosto de 1890.
Doctor en Ciencias Médicas, profesor universitario, narrador, poeta, ensayista, cronista y orador.
Al poco tiempo de graduarse de médico el 21 de diciembre de 1897, es nombrado Vicerrector Académico de la Universidad del Zulia, a partir del 19 de octubre de 1898 a 1890, y funda al lado de Francisco Eugenio Bustamante el periódico La Universidad del Zulia.
Funda y dicta las cátedras de Antropología e Historia de la Medicina en L.U.Z. Sin embargo apenas ejerció como médico entregándose de lleno a dictar cátedra, al periodismo y a la literatura.
Fue Subdirector del Colegio Federal de Varones, posteriormente del Liceo Baralt, desde 1907 hasta 1917; desempeñándose también como profesor de taquigrafía en la escuela de Comercio de Maracaibo e Inspector de las Escuelas Primarias.
Jefe de la Sección Política y Secretario General del Estado Zulia, desde el 28 de noviembre de 1914 hasta el 20 de febrero de 1915; Secretario interino de Gobierno, del 28 de junio al 7 de julio de 1919. Secretario General encargado del 22 al 29 de enero de 1921. Diputado a la Asamblea Legislativa, Presidente del Concejo Municipal del Distrito Maracaibo y Representante al Congreso Médico en el Zulia como orador de orden.
En 1907 escribe los cuentos Curiosidades y los publica en la Imprenta Comercial; en 1914 escribe Sinopsis de Historia de Venezuela texto de carácter pedagógico editado por los Hermanos Belloso Rossell; en teatro, el sainete Los Petardistas o el Anarquismo en Ciernes, El Mago del Catatumbo y Pasos de Comedia, en 1914 y 1918; La Limosna del Poeta en 1918 que es una comedia y ese mismo año, la también comedia, La Mancha de Tinta; en 1920 El Cuento de la Salud (Tesis de Higiene y Discursos) en 1921.
Director y redactor de El Centinela en 1891, al lado del insigne poeta Udón Pérez; El Teatro en 1893, donde se dedica a la inserción de piezas y comentarios teatrales; La Universidad del Zulia, ya mencionado, en 1898; en el diario vespertino El Ciudadano en 1902 con la colaboración de Víctor Raúl Sandoval y editado en Maracaibo, que contiene temas sobre política, filosofía, historia, jurisprudencia etc; la revista literaria órgano del Centro Literario del Zulia, Prosa i Verso en 1908 al lado de Udón Pérez, José María Rivas, Octavio Hernández, Enrique Vilchez y Juan Fuenmayor, entre otros. Posteriormente ingresaron Elías Sánchez Rubio, Jorge Schmidke, Rafael Yepes Serrano, Ignacio Martínez, Olinto Bohórquez, Juan Besson, Aniceto Serrano, Aurelio Beroes, Aniceto Ramírez, Moisés Argencot y Víctor Raúl Sandoval y se localiza en la sala Tulio Febres Cordero en el Estado Mérida; redactor en El 19 de Abril 1910 que se publicó ocasionalmente con motivo de la efeméride histórica; y columnista del diario Panorama en 1914, diario que según afirma el médico e historiador apureño Ricardo Archila le debe su nombre a partir del 1º de diciembre de 1914.
En literatura como escritor destaca como prosista con un gran dominio del idioma español. Es sobrio en su estilo como cuentista de profundo impacto psicológico en sus cuentos, y es cronista del anecdotario del quehacer cotidiano del maracaibero.
Es muy digno de recordar también, parte del discurso que pronunció en el II Congreso Venezolano de Medicina celebrado en Maracaibo del 8 al 23 de enero de 1917, cuando dijo: “Las insignias pueden marchitarse, i las campanas enmudecer, i extinguirse los fuegos del ara pero ni aun el ímpetu de los huracanes puede apagar el simbólico Faro del Catatumbo. El Zulia entre la noche relampaguea. Estas frases guardan el manifiesto del cierre de la Universidad del Zulia en 1904 por Cipriano Castro.
Su palabra de orador era vibrante y fecunda, sus ideas caían en los conglomerados con el valor de hermosas pedrerías.
Al año siguiente de su muerte, en 1922, se coloca una lápida de mármol en el frontal del edificio de la sede de la antigua Universidad del Zulia en la calle Ciencias, con un relieve de su efigie y un fragmento de este famoso discurso. Este edificio universitario, también cayó bajo la picota transformándose en un árido estacionamiento
Escribe algunas pequeñas obras de teatro de contenido moralista, es ensayista histórico y crítico literario con Frutos Naturales y Lira Triste de Udón Pérez.
Vamos a revisar con esmero en este ensayo su quehacer poético; es un poeta que se mueve entre el parnasianismo de origen francés y el modernismo hispanoamericano, combina en métrica versos de diferentes sílabas, así como las rimas consonantes y a veces asonantes. El ambiente está saturado del positivismo y la teoría evolucionista de Darwin, estas ideas lo impulsan a seguir sus influencias y las de su mentor El Dr. Bustamante:

De noche, cuando la tierra
está en silencio profundo,
se oye por el Nuevo Mundo
extraño rumor de guerra.
Y es que en el bosque y llano y sierra,
con misteriosos clamores,
al son de los atambores
y del clarín que retumba,
se incorporan de la tumba
los muertos libertadores

Su poesía son manifestaciones literarias de carácter narrativo que cuentan las hazañas de héroes o heroínas con la Historia Nacional como mudo testigo. Marcial Hernández utiliza las gestas heroicas de su patria en un orden cronológico, con movimiento regular y dotados sus versos de gran fuerza:

Arrastrando una cadena,
el Mártir de la Carraca
en las tinieblas destaca
su encanecida melena.
Lleva en la frente serena
el palor mate del cirio,
la honda huella del delirio
y las fases de su historia:
en extraño suelo, gloria;
en suelo propio, martirio

A nivel del estilo utilizado, el formulismo de su poesía épica no pretende mostrarse original o que se reitere en la exposición de la obra, sino que en su estilo, las formas utilizadas para su composición pretenden desde el principio, marcar la expresión que hiciera ver a los oyentes, a los espectadores, que están escuchando un poema de corte épico y no otro tipo de poema:

Va Páez en su bridón,
y detrás centauros fieros,
ciento cincuenta guerreros
de yatagán y lanzón.
El fantástico escuadrón
huye como si volara,
mas de súbito se pára
en las Queseras del Medio,
y un grito de predio en predio
repercute: ¡Vuelvan caras!

Va la sombra de Urdaneta
por los ámbitos errante;
ya en fracaso, ya triunfante;
siempre a los tiranos reta;
el ojo puesto en la meta,
no el caso adverso le apura,
que a empeños de su bravura,
en él realiza portentos
guardando los elementos
de su victoria futura.AA

En materia religiosa fue totalmente indiferente a secta alguna, guardando el bisturí y empuñando la pluma:

Bolívar al Chimborazo
la augusta planta endereza;
porta un nimbo en la cabeza
y un iris revuelto al brazo.
Tendidas sobre el regazo
del mar, contempla las dos
Américas; mira en pos
a la altura, y frente a frente,
cual Moisés en el ardiente
Sinaí, charla con Dios!

Obtiene un accésit en el certamen del Himno del Zulia en 1909; también otro accésit en el certamen del Centro Literario de Coro el año 1910, con el poema Bolívar en el Aventino.
Su Romancero Venezolano consta de veinticuatro romances y su poema indiano en cinco cantos con un total de 1.500 versos, su patriótico poema Los Campos escrito en 1919, es una joya de la literatura latinoamericana.
Años después de su muerte, Jesús Enrique Lossada, en 1936 a través del Concejo Municipal de Maracaibo ordena la edición de gran parte de su cosecha poética en Violante, sus cuentos en Sueño de un Mediodía, donde se compaginan sus mejores cuentos de gran captación del ambiente venezolano y, sus ensayos y obras en prosa en Temas de Clío. Todas ellas reeditadas de nuevo por la Universidad del Zulia con motivo del centenario de su natalicio en el 31 de marzo de 1974, y se devela su retrato en la Facultad de Humanidades y Educación con un discurso a cargo del Dr. Hercolino Adrianza Álvarez.
En la Academia de Historia del Estado Zulia, ha trascendido que desde hace varios años su Miembro de Número y Expresidente, Dr. Vinicio Nava Urribarrí ha insistido en que los restos del Dr. Marcial Hernández Áñez, reposen en el Panteón Regional del Estado Zulia; petición aún desatendida.

Resumen Bibliográfico:Extractos del poema Evocación de Cien de las Mejores Poesías Zulianas. Imprenta del Estado. Maracaibo.1954.

ELLA Y YO GRITAMOS

El nuevo día lanzó su grito
tomaron sus manos acosadoras tinieblas
murmurando plegarias
el remolino de la muerte apagó los cirios de la vida
sus llamaradas no crepitan voces querenciosas
la cera estática no moldea besos ni algarabías
sombras y cenizas acurrucan el alma
se destiñe el tiempo se aquieta el silencio
se desdibuja el paisaje de la vida

no tiene lunas en la mirada
no huele a otoño naranja
no duermen en su vientre las nostalgias
me esconde las alas de la ciudad
es sombra de una tormenta
insomnio del mar
escapó su alma hacia la soledad
donde a Dios se interroga

cada paso me desfigura
me hace tierra me hace niebla
cuando mi boca esté vacía de su nombre
esta mujer
que esconde lo que anuncia su presencia
siente arañazos en el pecho
se enoja con ella se aturde se muerde
habla en los rincones antes que su sombra
choca se estira y encoje
contra las paredes de su cuerpo
contra los contornos de su alma

dejará su dolor a la intemperie.

María Cristina Solaeche

Título: Agonía. Autora: Betzabeth Zapata Meléndez (Perú, 1979). Técnica: Óleo sobre tela.

El respiro silencioso de la tarde: versos para una poemática amorosa en “El verano de los tamarindos” de María Cristina Solaeche.

El respiro silencioso de la tarde: versos para una poemática amorosa en “El verano de los tamarindos” de María Cristina Solaeche.

Luis Perozo Cervantes

“El verano de los tamarindos
es la palabra de mujer que forma el misterio
la voz que habla desde si como en espejo
la piedra que ha vivido las estaciones
el ocaso que sabe de amaneceres
la explicación muda de los aciertos
el tema de todos los nacimientos
la elipsis de los años
ese poema que es vida
esa vida
que se vuelve
poesía”

El verano de los tamarindos
Algo personal: [Conocí a María Cristina teniendo 16 años, en la Peña Literaria César David Rincón. Ahora lo recuerdo mejor. Su cabello alzado como la noche y todo ese gesto fuerte que expresaba el vivir de los días. Había publicado en ese entonces un libro bastante doloroso: Poemas ásperos y oscuros (2005). Hablar del amor, ya había sido una parte de su camino literario anterior, quizá con unos poemas inexpertos, poemas que querían ser poemas, en Un amor de miel y ajenjo (2003). Pero pasaron los años para poder tejer la amistad que hoy tengo con ella. María Cristina se convirtió en mi primer filtro lector: cuando termino un poemario, la primera persona en leerlo es ella. Hay razones claras para ello: María Cristina tiene un sensor poderoso para el uso de las palabras. Su educado oído musical es sensible a las palabras. Su conocimiento de la pintura y las técnicas plásticas son herramientas útiles a la hora de pensar el orden de las palabras. María trabajó con mis textos desde mis primeros intentos. Mis lentos hallazgos. Como en un taller literario intenso. Recuperando la idea de reparar poemas. Así, con el cincel, se fue consolidando la admiración y respeto que siento por ella. Y esta amistad que tanto cuido.]

Poemática: [El verano es lo esencial del color: vendrán a mi mente las llamas, el uso de los fuegos creadores, el amor mismo que se enardece en la llama, la llama de muchos colores y fuentes. Recuerdo a Bachelard y aquel libro hermoso: La llama de una vela. Recuerdo a Roland Barthes con su invitación a la ruptura lectora. Recuerdo a José Lezama Lima y “su caracol nocturno en un rectángulo de agua”. Es El verano de los tamarindos la llave para abrir el amor de la madurez: esa puerta que por ser la última esconde todos los experiencias de las anteriores. La misma secreta sombra en el silencio de la oscuridad tranquila. No se puede saber con certeza si amamos al recuerdo de todos los recuerdos o amamos a la persona de carne y hueso que está en el silencio de la noche. El verano de los tamarindos es el encuentro inagotable de los suspiros. El rehacerse las dudas. El color intenso de la tarde y los amantes juntos en la cama, ansiosos por amarse, antes que llegue la noche, antes que llegue la despedida.]

Es la palabra de mujer que forma el misterio
Algo personal: [María Cristina tiene muy claro que ser mujer es una condición adicional en este mundo. (Así como ser hombre es otra condición). En más de una ocasión hablamos de la diferencia entre los hombres y las mujeres. Y coincidimos que la igualdad no es un principio físico entre hombre y mujer. Somos diferentes y por eso nos unimos. Por eso nos complementamos. Así se fue tejiendo el pensamiento poético de ambos. (Digo de ambos, porque a cada conversación íbamos formando un texto sin escritura; aunque es evidente que en ella no era sólo pensamiento poético, sino el resultado de una vida pensando y viviendo como mujer, que después se fue convirtiendo en discurso y finalmente en este monstruoso sentido del pensamiento). María Cristina conoció a la primera mujer que amé. Y entonces empezó a perfilar sus observaciones en el poema. Allí entendí que hay que ser verídico en el poema. No podemos estar falseando el alma.]

Poemática: [La mujer hace presente su grito en el poema. El poema es el mismo espejo. Y cuando el poeta se sostiene, camina sobre los mares del espejo, se entrega con todo lo que es. Si el poeta es hombre, será el espejo el reflejo de la hombría, en cualquiera de sus impresiones rancias o caballerosas. Si la poeta se enfrenta con su desnudez al poema, no podrá esconder los senos, ya sean los jugosos senos de la primavera o los temerosos senos del verano alargado, llenos de miedo ante la caída de las hojas que se avecina. No hay forma de mentirle al buen poema. Si se miente nunca llegara a ser un poema real, o un buen poema por lo menos. El grito sigue en su onda expansiva y los miedo se acumulan, porque la noche tiene límites y se acerca a los seres que están en el parque, a los amantes que están en la hamaca, a los dos ancianos en que la cama esperan la muerte. Pero nunca inmóviles, siempre jadeantes, siempre compartiendo su más intima caricia.]

La voz que habla desde sí como en espejo
Algo personal: [El verano de los tamarindos es el resultado del más reciente amor de María Cristina. Ya en su tercera edad (una estupenda y productiva tercera edad) conoció a un hombre, que siendo mayor que ella, logro cautivarla. Puedo decir la edad de él: 82 años. Es un caballero. Canta tangos. Y mantiene su voz. Su ponente voz de locutor. No puede ser otro el caballero mágico que se presenta en El verano de los tamarindos.]

Poemática: [La voz se habla a sí misma. La voz, es decir, el poema, no esconde nada. El poema es la ecuación de lo acechable. El poema es la misma ceremonia de lo público. El poema es la misma enumeración de los deudos, el encuentro de los siniestros silencios. El poema habla de las caricias. Tiene como objeto trascendente el beso, el lunar, la voz metafísica que se convierte en orgasmo. El poema pone su atención en el duelo y la partida. El encuentro de los árboles en la noche. La voz que habla con el reflejo. El Verano es el reflejo de la misma María. El atardecer. El Tamarindo es el amante. Son la duplicación del poema.]

La piedra que ha vivido las estaciones
Algo personal: [Cuando hablo con María Cristina, me doy cuenta que la vida no pasa en balde por nosotros. María ha vivido intensamente. Ha conocido más de la mitad del mundo como turista y sibarita. Ha estado enamorada siempre. Desde niña, amando a su padre, el profesor Carlos Solaeche, un hombre fabuloso, que marcó pauta en Maracaibo. Después al padre de sus hijos. Pero luego, el amor de su vida: Julio Subocz. Quien le dio el alegre motivo de Un amor de miel y ajenjo y el doloroso padecer en Poemas áspero y oscuros. Después de la muerte de Julio, llegó un hombre a su vida. El dueño de este jardín donde hay una banca y un enorme árbol de tamarindos.]

Poemática: [La piedra está en el mismo silencio: hay un sabor a verdor doloroso en su textura. La piedra, también es lisa, también es áspera, también está en el mismo reflejo de la charca. La piedra que es una forma de nube en la tierra. La piedra que es una semilla de tamarindo. La piedra es el grito. La piedra que está en el verano y en el invierno. Y la piedra que florece. La piedra que es el hombre que ha vivido y continuará viviendo. La piedra que es la poeta que soporta. La piedra que es el desnudo más común y el más diáfano, el cotidiano. El mismo murmullo de los días que no terminan de ser salida, que siempre cambia, que ofrece ocasos distintos. El verano que es una piedra de sol. El tamarindo que es una piedra de sabor. La piedra misma que mide sus dimensiones en el olvido. Lo astral del amor. La mano que la atraviesa. El poema.]

El ocaso que sabe de amaneceres
Algo personal: [Llegamos a la conclusión de que todo amor, si termina, lo hace en despecho. Si no, no fue amor. Eso dijimos. María y yo coincidimos en muchas cosas. Yo aprendo mucho. Y como es de nuestro conocimiento que el despecho es la única salida, el fin último, el inevitable destino de los amantes; cuando sabemos que nuestra experiencia amorosa es sincera (en esas circunstancias): tenemos miedo. Es la ley morir ¿qué pasaría si alguno de ellos dos muriera? Ya el único miedo es la muerte. Y en nuestras conversaciones la muerte, la razón de la vida, el por qué de los porqués; son la orden del día. Hay mucho que decir de nuestra forma de ver el mundo. Pero creemos en el arte, creemos que es una de las pocas salidas, uno de los pocos modos de vencer a la muerte, aunque tengamos miedo de equivocarnos.]

Poemática: [Cuando somos el día, no hay mucho que la realidad pueda esconder. El poema está allí, esperando por nuestro descubrimiento. Todas las flores son nuestra expectación. El poeta está como el día atravesando su vida, desde el amanecer, que es el pájaro que canta, hasta el atardecer, el pájaro de fuego. Así vemos a los transeúntes. El poeta está en la atalaya, pero en disyuntiva también está en el jardín y en la acera. Es el dueño del verano, el mismo sol, que está presente en el poema. Así se entienden los recursos de la memoria en el poema. El amanecer es el mismo cielo. El amor, y los amantes son los mismos. Se encuentran, se siembran en el alma, se disgregan. Y sólo quedan los silencios: el silencio placentero y el silencio doloroso.]

La explicación muda de los aciertos
Algo personal: [María está sola mucho tiempo. En su agenda comparte con sus amigas (recordamos a Ana Petrillo), con sus hijos, de vez cuando armamos y publicamos una entrada en el blog. María escribe todos los días un poco. Lee, mucho. Su vida como escritora la lleva tranquilamente. Pero están los momentos más esperados de la semana: cuando el amor que enciende su lenguaje, la visita.]

Poemática: [El tacto sobre la pierna. La desnudez. El ronroneo quizá. El retozar largamente. Es escondite de los deseos. La sed de amar. El compás del reloj. El compás del amor. El amante está en casa. No hacen falta palabras. Los pasillos se iluminan. El poema está en la piel y esos besos temblorosos se hacen presentes en cualquier lugar de la habitación. El amor es el mismo, pero todas sus explicaciones son nuevas. Cada uno conoce lo que tiene que decir, por eso se llaman. Últimamente hablar no es decir. Decir es tocar. Y el poema toca. Porque debe decir efectivamente, como dicen los amantes.]

El tema de todos los nacimientos
Algo personal: [¿A qué venimos al mundo? María Cristina tuvo en sus manos a la hora de la muerte a dos personas que amó: la primera, su madre, quien se fue tranquila. En este trance, entendió que después de expirar, ya el cuerpo humano no es el mismo. No estaba su madre, positiva, muchas veces sonriente, en ese cuerpo (aunque fuera el mismo), ahora vacío, sin el alma, que creemos poseer. El segundo, fue Julio, con quien el cáncer no tuvo compasión. Cómo olvidar las palabras de María que comunican el desespero de ver entrar a la muerte en casa: allí está la fuerza de Poemas ásperos y oscuros. ¿A que venimos al mundo? Pero, cuando leemos El verano de tamarindos, entendemos que el amor no pasa. Que seguimos amando a los que se han ido, pero nos podemos dar la oportunidad amar a los que vienen. Por eso el primer poema del libro se titula AÚN. Para demostrar que no es un desperdicio lo vivido. Que todo lo anterior te constituye y eres inalterable, como el pasado, eres la definición de todo lo que has experimentado. Somos ese álbum. ¿Pero qué queda de toda esa acumulación de vida, cuando morimos? Tal vez, quede la poesía.]

Poemática: [Y nacer se prologa. Y amar es la prolongación del amor de nuestros padres. Y ese deseo que tenemos de unirnos a otro cuerpo es el mismo que tienen los pájaros por cantar. Y el poema tiene el mismo tema de las nubes. El mismo juego de los tejidos que arropan las ganas. El mismo secreto de las flores. El mismo color del verano, que se lleva en la piel. La poemática del tamarindo se extiende a los abedules, a las delicadas buganvillas. El tamarindo es todo lo vegetal, y es el ácido de todo lo animal. Tostado como el tamarindo, los amantes se tuestan en el sol del verano.]

La elipsis de los años
Algo personal: [La misma voz de la juventud, te habla ahora, en el secreto de los tiempos pasados. Cuando conocí a María Cristina no sospeché ser su amigo. Ahora tengo un compromiso: biografiarla, acoplar la vida al poema. No importa qué edad tenga el lector, cuando se acerca a un poema de María Cristina, entiende la cantidad de vida que ese poema tiene. La poesía no es únicamente una función metafórica, aunque en los poemas de María Cristina, dicha función puede ser perfecta. La poesía está en esa relación que el lenguaje del poema impone ante el lenguaje del lector. Y en el verano todos estamos al mismo tiempo.]

Poemática: [Aquella misma mujer, hoy con el mismo pálpito. Tender un puente entre el poema y el poema. Hacer de la diversidad el paraíso. Conocer los mismos secretos de las rosas. Columpiarse. Caminar con la luna. Ser la luna misma. En olvido. Todo este crimen que significa amar ante los ojos del mundo sin amor. Y María no busca ser sutil y mojigata. Por el contrario busca la fuerza y el amor a dentelladas. Esos mismos cinco sentidos del amor. Vuelvan los silencios a la idea del poemario. Porque las palabras están hechas de silencios diferentes. El amor, el silencio. El deseo, el silencio. La edad, el silencio. Ya no hay fronteras. Es el mismo tiempo que se cohabita en el pecho de un colibrí.]

Ese poema que es vida
Algo personal: [puedo contar muchas cosas sobre este libro. Ha pasado tiempo escribiéndose y leyéndose. Creo que es el mejor poemario de María Cristina, por mucho el más hermoso. Espero ver pronto su libro de viajes, que será otra joya. Espero que el secreto de las páginas sea el mismo secreto de todos los lectores. Espero que llegue lejos: que sea leído por señoritas virginales y doñas recatadas. Espero que algún día una prostituta que lea poesía lo tenga entre sus libros favoritos. Espero que un abogado enamoré a un chica con alguno de estos poemas y se quite la corbata para hacerle el amor. Así mismo, espero que una señora le diga al plomero que le lea un poema de ese libro en la cama. Espero que alguna pareja, después de leer este texto mío, le dé por hacer el amor en una hamaca y terminen leyendo los poemas de María Cristina que están hecho para vivirlos. Porque el poema es vida.]

Poemática: [una vez leí en un girasol que la felicidad tiene cara de poema. Por eso vengan las margaritas también a hacerse las víctimas, todos sentémonos sobre sus pétalos, para darle a la vida una excusa. Una excusa para hacer del poema vida, o de la vida poema. O de todos esos miedos el mismo, ya que las noches son el paraíso de los astros más luminosos. Que puedo hacer sino sentarme a contemplar como el poema se hace presente, el sabe de los días, como cada una de las nubes se dice poeta, se dice constructora de castillos, como las nubes se anudan a la tierra y a todos árboles, como se siembran al igual que los amantes en la cópula de los deseos callados: el primer páramo, el frío que es tibieza, el sexo de los amantes, el mismo reencuentro de lo que tiene encuentro poesiable. El poema es vida.]

Esa vida que se vuelve poesía
Algo personal: [Creo que la indefinición es el mejor consejo a la hora de leer. Cuando vamos cuadrados, cuando vamos con el conocimiento latente en la punta de los ojos: terminamos por no leer lo que dice el poeta, sino leer lo que queremos nosotros. Los invito a despejar un poco las lunas. A hacer posible los imposibles de la palabra. A convertir la vida en poesía, como sabiamente ha hecho María Cristina Solaeche en El verano de los tamarindos: los invito a adquirir el libro. Porque no hay otra manera de ser felices. Los invito a tomar el arte como tabla de salvación, creer en él. Comprometerse hasta las últimas consecuencias. ¿Qué otra explicación puede haber para estos hallazgos? Los invito a disfrutar una experiencia íntima como la autora. A compartir sus provocaciones. Los invito a ser como ella. Amar a cualquier edad, en cualquier momento. Si la poesía no vence la muerte, estoy seguro que el amor si puede. Y no es sólo por la amistad que me une incondicionalmente a María Cristina que digo estás cosas: lo hago porque como lector siento que el poema que María está describiendo desde que publicó por primera vez, se encuentra en un momento cúspide, y va en acenso. María Cristina se revela (siempre a tiempo, mientras estemos vivimos) como una de las voces más intensas y cuidadas del leguaje poético femenino de la poesía escrita por zulianos. Creo que El verano de los Tamarindos, será un libro básico en cuanto al estudio de las poemáticas amorosas de nuestro acervo poético. Además será una lectura propicia para los enamorados, siempre sedientos de poesía. Sólo les pido que conviertan a este libro en eso: un manual amatorio para vencer el miedo a la muerte y disfrutar del amado convirtiendo a la vida en poesía.]

Poemática: [El respiro silencioso de la tarde: El verano de los tamarindos]

Y FLORECEN LAS ORQUÍDEAS

En esta entrega
a lo franco
a lo total
la oquedad de la brisa
entona silbidos
en la fogosidad de la tarde

las caricias
hacen florecer
orquídeas en la piel
y en las palabras

brindemos
por saquear la soledad
por embebernos en el amor
por la ambición de estar juntos
por despedazar el silencio

brindemos porque
hicimos florecer las orquídeas.

María Cristina Solaeche

Autor: Carlos Otalvaro (Colombia). Título:Orquideas negras del brasil (2009). Técnica: Acrilico sobre papel. Dimensiones: 100x700 cm

ELIZABETH SHÖN. Es Oír la Vertiente: El Miedo. No se le conoce el rostro; sabemos que golpea.

ELIZABETH SHÖN
Elizabeth Schön

Es Oír la Vertiente: El Miedo. No se le conoce el rostro; sabemos que golpea.

María Cristina Solaeche

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto

Pablo Neruda

Elizabeth Columba Shön, poetisa, dramaturga y cuentista, conocida como Elizabeth Shön, nace el 30 de noviembre de 1921, en la ciudad capital Caracas. Una mujer de mirada clara y sostenida
Realiza cursos de literatura en el Instituto Pedagógico de Caracas, estudia Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y un curso sobre Historia de la Música en la Escuela Nacional de Música.
Colabora en varias publicaciones periódicas como el Papel Literario de El Nacional, en  Poesía de Venezuela, la Cruz del Sur, el Árbol del Fuego y Haoma.
Segundo premio con su obra Intervalo, en un concurso patrocinado por el Ateneo de Caracas.
Segundo premio en el concurso literario realizado por la Universidad del Zulia en 1966.
Premio Municipal de poesía de Caracas en 1971 con el poemario La cisterna insondable.
Premio Nacional de Literatura por toda la Obra en 1994.

Nos proponemos en este ensayo llevar al lector extractos del aparte Hay Miedo del poemario Oír la vertiente.
Sus obras de teatro son escasas comparadas con las de poesía ya en prosa, ya en verso, en registros desde el abstraccionismo, la geometría, hasta largos textos poéticos, sin apartar la efusión lírica, la subjetividad femenina y la intuición sobre lo desconocido, optando por una expresión vivencial, directa y subjetiva, ahondando en el enigma del miedo.
Irrumpe Elizabeth entre los poetas que se inician en la década de los cuarenta y los poetas de la década de los sesenta.
Numerosas publicaciones enriquecen su fructífera vida de poetisa.
Su primera publicación La gruta venidera (1953) libro en el que la poetisa abre su mirada al mundo, lo saborea y lo colma con su asombro. Le sigue En el allá disparado desde ningún comienzo (1962) donde predomina el verso auxiliado constantemente por el adjetivo, desechando el referente y escrito en un abstraccionismo puro y conceptual. Su tercer libro poético El abuelo la cesta y el mar (1965) en la se relaciona con el mundo en el encantamiento de los ritos de iniciación, un bálsamo contra la ruindad del mundo. La cisterna insondable (1971) nos asoma de frente a su primer poemario, las ataduras alma y la naturaleza, de corte abstraccionista.  Mi aroma de lumbre (1971), una indagación sobre la palabra y la naturaleza y algunos estados del alma: envidia, falsedad, rencores, irrespeto. Oír la vertiente (1973) que trataremos en este ensayo, Incesante aparecer (1977), Encendido esparcimiento (1981) en el que investiga sobre el Ser, el Yo y la Nada. Del antiguo labrador (1983) en el que la palabra descubre la deslumbrante relación del hombre con la tierra en las milenarias faenas agrícolas; y finalmente, sus últimas cinco obras Concavidad del horizonte (1986), Árbol de oscuro acercamiento  (1992), Ropaje de ceniza (1993), Aún el que no llega  (1993) y Campo de resurrección (1994), La flor, el barco, el alma (1995), completan su extensa obra poética.
Sus estudios de filosofía la acercan a la abstracción, buscando la esencia del miedo a través de las tenebrosas rutas del alma impregnadas de este sentir que es parte de la naturaleza, de todo ser que sobrevive en la tierra:

Aguarda,
hasta que nunca más
se sienta el cansancio y escalando
como si sólo existiese
el ascenso del vuelo que deshace

Sus miedos, sus enclaustramientos por el temor asemejan a las olas del mar que se acercan y se alejan de la orilla como ella de lo temido.
No existe tiempo humano más proclive al miedo como el transcurrido a partir de la edad moderna.
Afirma el filósofo alemán M. Heidegger que la angustia y el miedo parten del “ser-ahí”, que todo “ser-ahí” queda subsumido, en su propia tradición que es historia e historiografía, en otros términos que arraiga y desarraiga:

Hay miedo.
Ya el árbol se achica
en tanto va angostándose la luz
hasta cerrar la última hendija.
Y caen los dinteles,
destémplanse los sabores.
El espacio se hace ínfimo.
La distancia se acorta tanto
que llega a contener la dimensión
de la yema del dedo
hasta que no hay más distancia ni espacio,
quedando reducido el mundo
al latido oculto
de germen herrando ciegamente.

El miedo se fundamenta en tres etapas interconexas entre sí: el antes del miedo, el sentirlo y su porqué. Y de ellas el ante es temible y es el amenazante el productor de la angustia su fiel compañera. Al sentir miedo, con una mirada del espíritu, puede éste aclarar inmediatamente que es lo temible; el peligro es la amenaza de estar inserto en el miedo. Es una disposición afectiva que puede estar y casi siempre así lo es, vinculada hacia “otro”, algo externo a uno mismo:

Resonante es el desmoronamiento de a tierra
si abriendo sus raíces
éstas se destrozan tanto
que llegamos a creer
que nunca han existido
ni siquiera en el fulgor del término.

Lo temible del miedo es no ser comprendido como una forma extenuada del temer, surge en los momentos en los cuales algo interno o externo irrumpe en la coexistencia de uno consigo mismo; asimismo, cuando el pavor o miedo extremo conserva su repentinidad da lugar al terror:

No se retorna
porque el viento sacuda
el espacio abrace
con su inconfundible claridad.
Se retorna
y ni un gajo
ni un musgo
pueden ayudar.
Porque el silencio es absoluto
y plena la inmensidad,
podrá la semilla germinar
y el  sol regresar al afluente
del lento crecimiento.

El miedo y la consecuente angustia ante la muerte, ante la desaparición, es el miedo a la nada, es una forma patente de la nada dejando al ser humano suspendido en ella y la existencia flotando en el infierno de la nada, supeditado a algo irrazonable que nos esforzamos por ahuyentar de la vida. Definiendo la nada como el más terrible de los miedos si nos acogemos a la definición de Heidegger “la absoluta negación de la universalidad del ente” ¿puede existir algo más temible?, nos causa pavor, espanto, angustia, es decir, miedo, quisiéramos  ignorarla, rechazarla de la vida  y nuestras vivencias y la poetisa se empeña en cada poema de El Miedo, aparte del poemario Oír la vertiente en describir ese miedo al que se siente atada con un hilo invisible, ella no confunde la angustia ante la muerte o la desaparición de la tierra con el miedo a dejar de existir la persona o ese algo:

Piérdese el pulso,
olvídase el ritmo,
en la piel sólo agotamiento
y sobre ella el aire,
el sol,
el agua,
el hombre,
la tierra,
e insistiendo como si dentro hubiese
el reposo requerido para soportarlos

El miedo de Elizabeth se hace presente cuando se topa con la destrucción y la nada, no es otra cosa que encuentros con esa mortífera nada.
En analogía con Heidegger y el filósofo francés Jean Paul Sartre,  para la poetisa en cada verso el existencialismo es un humanismo, según su poética, la modernidad es lo suficientemente melancólica:

Estamos cercados.
El espacio amordaza.
La altura desaparece.
Se ha perdido la inmensidad
permaneciendo un oscuro cascarón
que busca afanosamente
el borde final del cielo.

El desamparo y la desesperación que acompañan al miedo son resultados de la conciencia que se tiene de la soledad que impregna el miedo, por carecer de una opción de elección frente a él.
Entre el miedo  la angustia hay una permanente comunicación, un constante transitar entre uno y otro. Sentimos angustia por lo que se avecina y se manifiesta a través de nosotros y sentimos miedo y lo experimentamos por lo que llega de los otros, por aquello que proviene fuera del ser:

 Dice el psicoanalista austriaco Sigmund Freud: “Pienso que la angustia se relaciona con el estado subjetivo abstraído de cualquier objeto, mientras que en el miedo la atención está dirigida precisamente hacia un objeto.

Fallece en Caracas a los 85 años de edad en el año 2007.

No se le conoce el rostro;
sabemos que golpea.
A veces, escuchamos su rumor
que parece proviniera
del rincón más oculto
y le tememos.
No es agradable
sentir sobre la piel
donde habita lo conocido,
un rostro distinto,
es más, un rostro que nos empuja
hacia sitios donde nunca
habíamos estado antes.

Referencias Bibliográficas:

Poemas tomados del aparte Hay Miedo del poemario Es oír la vertiente. Elizabeth Shön. Colección Letras de Venezuela. Nº 31 Imprenta Universitaria. Venezuela. 1973.

 

 

¡HOMBRE MÍO!

¡Hombre mío!
desequilíbrame
en el borde azul del arco iris
a riesgo siempre en el extremo
lagrimea y bullanguea
sobre nuestros cuerpos
siente latir sus texturas
siente aterciopelar las miradas

oye el coro de silbidos
que aflauta nuestros pechos
los gemidos roncos
que escapan por la orilla de la piel

                        ¡ven!

entreteje la trama grana
con lanas ásperas y brillantes
con hilos sedosos y oscuros
anuda el tejido

¡qué no se suelte nunca!

María Cristina Solaeche

Título: Presente. Autora: Mariana Pretel (Argentina). Técnica: Óleo sobre tela. Dimensiones: 110x70cm

Título: Presente. Autora: Mariana Pretel (Argentina). Técnica: Óleo sobre tela. Dimensiones: 110x70cm

EL SILENCIO SE COLUMPIA EN EL ROSTRO

Gime el viento escupiendo amatistas
arrastrando poemas

la vida ignora
calla

el silencio se columpia en el rostro
y alumbran osadas  luciérnagas al sol
son los recuerdos
estallidos del destino
se deslizan en
camalotes hundidos de pájaros
delirantes y aturdidos

cuando tú y yo nos encontremos 
gritarás este verso que me atraganta
que aturde  la brisa
y deshoja con sus preguntas las azaleas

tiempo humano
reloj de arcilla
arena en deshielo.

María Cristina Solaeche

Título: Llévame lejos. Autora: María Fernanda Rege (Argentina). Técnica: Óleo sobre tela. Tamaño: 100x120cm.

 

OSCURECE EL CAMINO

Oscurece el camino
tú mi amado
acláralo
nos besaremos
hasta envejecer y morir
y los ligeros vientos
girarán sobre nosotros
mientras un ángel diurno nos mira secretamente

No retiraré mis adormecidos ojos
de la brisa leve de tu cuerpo
ni de la reja ennegrecida de tu casa

Por eso lloramos tanto nuestras despedidas
y anhelamos las breves horas del encuentro.

María Cristina Solaeche

Astrid Stocker (Chile). "Meditaciones: desiciones". Óleo sobre tela. 50x60 cm.

ALBERTO ARVELO TORREALBA.

“Cantas”: EL HORIZONTE y yo vamos solos por la llana tierra.

María Cristina Solaeche Galera

Ya no turba el reposo de los hatos
madrugador lucero;
ni despiertan el eco adormecido
el amante reclamo del bramido
a la par de la copla del vaquero.

Francisco Lazo Martí

Alberto Arvelo Torrealba, poeta llanero, abogado, ensayista y educador, nace en Barinas, el 4 de septiembre de 1905, rodeado de una familia de poetas, su madre la poetisa Atilia Torrealba, sus primos hermanos Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo Larriva esclarecidos poetas venezolanos.
Sus estudios básicos los realiza en su ciudad natal Barinas, y se traslada a Caracas para estudiar la secundaria, donde se gradúa de bachiller.
Apenas terminada la secundaria, ya conoce la cárcel de “Las Tres Torres” de Barquisimeto, por participar en el levantamiento armado contra el célebre caudillo andino, el General José Rafael Gabaldón.
Cursa estudios de Abogacía en la Universidad Central de Venezuela, recibiendo el título de abogado y posteriormente el de Doctor en Ciencias Políticas en 1935.
Entre 1935 y 1936, se dedica a la docencia, en la enseñanza del Castellano y la Literatura en colegios y liceos de la zona metropolitana y de Barquisimeto, entre estos: el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, Los Dos Caminos, Sucre, los Institutos Pedagógico San Pablo y San Agustín, y en los liceos Andrés Bello y Fermín Toro, de Caracas; en Barquisimeto, en el colegio Lisandro Alvarado.
En 1936 ejerce el cargo de Inspector en Educación Secundaria en el Distrito Federal y de Primaria en los Estados Barinas y Apure.
Es designado Secretario de Gobierno del estado Portuguesa en 1937 y Presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940.
Desde 1941 hasta 1944 desempeña el cargo de Gobernador del Estado Barinas.
En 1948 es nombrado Miembro de la Corte de Apelación. A partir de 1951 hasta 1952, es Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia y durante el año 1952, Embajador de Venezuela en Italia.
Ejerce también de Consejero de la Embajada venezolana en Francia.
Posteriormente es Ministro de Agricultura y Cría desde 1953 hasta 1955.
Una vez retirado de la política se dedica de lleno a la vocación que colmaba su espíritu, la literaria.
En 1965 publica un estudio sobre el poeta criollista del Estado Guárico Francisco Lazo Martí.
En 1966 obtiene el premio Nacional de Literatura, Mención Prosa, por su ensayo: Lazo Martí: vigencia en lejanía.
El 31 de mayo de 1968 se incorpora como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua.
En 1969 traduce del italiano al poeta egipcio de padres italianos, Giuseppe Ungaretti.
Son sus obras literarias: las primeras Música para cuatro (1928) y Poemario extraviado en la cárcel (1928) entre románticos y modernistas, es a partir de Cantas (1933) su realización, Glosas al cancionero (1940), Caminos que andan (1951), Florentino y el Diablo (1957), Lazo Martí: vigencia y lejanía (1965), Obra Poética (1967).
Los dos primeros corresponden a sus veintidós y veintitrés años. En verso endecasílabo y forma de sonetos.

En el presente ensayo analizaremos sus CANTAS, poemario escrito en 1933 y lo titularemos apropiándonos de sus dos primeros versos:

ALBERTO ARVELO TORREALBA.
“Cantas”: EL HORIZONTE y yo vamos solos por la llana tierra.

Podemos considerarlo como perteneciente al Criollismo (en la prosa) o al Nativismo (en la poesía). De raíz netamente popular, busca el vocablo claro y directo, que hace surgir inmediatamente el sentimiento, entretejiendo verso a verso. Los adjetivos son ricos en resonancias y cualquier analogía que se presenta no resta en absoluto pujanza al poema:

El quemado está de luto
como una flor de cuaresma
porque las brisas jugaron
un carnaval de candela.

Yo anduve con suerte triste,
me la puso triste el Llano:
entre mi vida y tus ojos
las llanuras de San Carlos.

Un carnaval de candela.
El viento le hecho a la tarde
papelillos de hojas negras. 1

Toda su obra poética y por lo tanto, el poemario Cantas, refleja especialmente la tradición, costumbres y paisaje de la región venezolana de los llanos y la vida del llanero.

Es un poeta de la tierra y el más notable de los cultos del nuevo nativismo venezolano (…), mantiene una maestría indiscutible en la recreación de una temática propia de nuestros llanos, dándole categoría estética a la copla, a la décima y al romance criollo y rescatando fecundos motivos de nuestro folklore para la función culta de la poesía.
José Ramón Medina

El crepúsculo viajero
se terció su manta gris.
Ayes de tierras ardidas
plañe lejano el paujil.

El caño labra la orilla,
la quema los pajonales,
y yo labrándome en quiero,
yo, mudo, sin ti, labrándome.

Plañe lejano el paujil.
Hilos de chusmitas lloran
sueños de Lazo Martí. 2

En nuestro poeta-cantor señero, es su verso un sentimiento para compartir, compone sus Cantas en dos cuartetas y una tercera estrofa de tres versos donde el primer verso empalma con el último o el segundo verso de la primera estrofa, sonando como reiteración del canto; sin rimas ( a excepción de la nombrada) asonante ni consonante, lo que solemos llamar rima blanca o libre, sus imágenes y metáforas construidas mediante elementos recogidos del entorno llanero, su naturaleza y la de sus habitantes, sin elucubraciones, sin ajenuras, en una ascendencia jonda que entresaca su fuerte sentir sabanero:

Oros de paja marchita
sobre lo lejos se azulan.
En la copa de una palma
el chiriguare me anuncia.

Aquí, estuvo el hato, padre,
que nos dio sombra otro tiempo:
en este alambre caído
se me enredaron los sueños.

El chiriguare me anuncia.
En la copa del recuerdo
grita la nostalgia, muda. 3

Hace uso del ritmo del verso octosílabo (ocho sílabas métricas o fonéticas) del Arte Menor, que guarda tantas querencias con el Castellano y tan suave y fácilmente se adapta al oído del hispanohablante, donde el acento en la penúltima sílaba determina el carácter llano del verso:

La tarde como con pena
se puso un traje cenizo
Para una solita ausencia
tres veces nos despedimos.

Me alcanzó la noche oscura
en los esteros de abajo
y de puro oír tu nombre
lo aprendieron los yaguasos

Tres veces nos despedimos:
por un espigal de adioses
me voy podando suspiros. 4

Su poética es de un contenido netamente existencial, reflexivo, y de una universal vocación intensamente humana. Su expresión estética muy rica en su elaboración con las más variadas imágenes, no siempre típicamente populares, contiene poemas de hermosísima factura. Canta al paisaje llanero, el hombre de los llanos, su flora y su fauna llanera, en sus Cantas es exclusivo el ambiente llanero:

En las cantas fugitivas
dicha y afán se me quedan:
las labro a punta de gozo
las pulo a filo de pena.

Me dio lástima el pajal
¿qué hace con tanto rocío
sin una gota de verde
para su luto amarillo?

Dicha y afán se me quedan:
yo mire en el lagunazo
el nubarrón y la estrella. 5

Los poemas de Alberto Arvelo Torrealba a fuer de sentirse populares, se difunden fácilmente en el sentir del lector, sin dejar de ser un poeta culto y genuino. En su elaboración está su esencial valoración aportada por la hipersensibilidad del autor frente a las tradiciones llaneras, alcanzando giros poéticos memorables:

El triángulo de mi choza
me lo tragó el bajo inmenso.
Donde el sol de soslayo
caño para los recuerdos.

Cómo se amansa el rodeo
cuando se estira la copla.
en esta tierra la canta
enlaza más que la soga.

Caño para los recuerdos.
¡Dónde me iré yo a saciar
la sed azul de tu lejos! 6

La premisa nativista de la búsqueda de lo propio, lo nativo, la cumple el poeta, y para ello se enrumba por el sendero del folclore tradicional, la canta con su verso melodioso hecho para ser leído y oído, manteniéndose inmune a cualquier asomo de vanguardia y a las lazadas de lo nuevo, él se voltea hacia el pasado y busca sus raíces ibéricas en su propia tierra en una transmutación nacional:

Los arreboles temblaron
su despedida en las pencas.
Partámonos el paisaje
como llanero y llanera.

Me cogió la noche negra
en los esteros de Arauca
y me fui para tus ojos
por la pica de una canta.

Como llanero y llanera.
Coge el lucero y la palma,
déjame el pozo y la arena. 7

Sus poemas recogen la sabiduría del llano adentro venezolano; el poeta hace suya junto con la canta, la copla y el romance, el octosílabo y la décima apegado a la estrofa para crear piezas de gusto popular:

El candil en los caneyes
pinceló su rojo tímido,
y salió a rumiar leyendas
la punta de los corríos.

Cómo enseda el verso humilde
sus hilos de pueblo y alma,
cómo va de pena en pena
y de guitarra en guitarra.

¡La punta de los corríos!
Con la angustia de baquiana
el cuatro cogió camino.
8

El poeta Alberto Arvelo Torrealba, muere el 28 de marzo de 1971 en la ciudad de Caracas.

EL HORIZONTE y yo vamos
solos por la llana tierra:
Me enlazó todos los rumbos
en audacia de soga abierta
. 9

Fuentes bibliográficas:

Poemas extraídos de: Alberto Arvelo Torrealba. Antología Regional. Florentino y el Diablo. (1ª Versión) Cantas. Monte Ávila Editores. Biblioteca Popular el Dorado, Caracas, Venezuela.

1. Canta 3
2. Canta 12
3. Canta 8
4. Canta 10
5. Canta 23
6. Canta 22
7. Canta36
8. Canta4
9. Canta 1.